Era una noche cerrada, de esas
en donde la oscuridad roza lo absoluto, hacia como 3 horas que Gustavo esperaba
impaciente e inmóvil en la altura de una casamata rudimentaria pero bien
camuflada. El frió iba talando su cuerpo, y cada tanto bebía un sorbo de Whisky Jack Daniels que solía llevar en una pequeña botella metálica, que desde los 17
años lo acompañaba en todas sus aventuras.
El vapor de su aliento comenzaba a empañar la gran mira telescópica que relucía amenazante en su nuevo fusil, un AK7 calibre 22 de fabricación Alemana.
Los minutos eran eternos y el termómetro indicaba los 5 grados bajo cero. En un instante sus ojos se cerraron, el sueño comenzaba a imponerse, pero rápidamente volvió a abrirlos, no sabia cuanto tiempo había transcurrido entre un abrir y cerrar de ojos, trato de incorporarse lentamente, pero el frío había entumecido sus piernas. Apoyando sus manos en un tronco intento nuevamente incorporarse, pero al hacerlo no pudo impedir que su fusil cayera de la plataforma.
Mientras se maldecía una y otra vez intentaba ver en donde estaba el arma, pero la oscuridad era total, debía encender su linterna, pero esto seguramente espantaría a cualquier presa que se encontrara en la zona, así que decidió bajar para hacer la búsqueda al tanteo.
Dejo la botella metálica junto a un gran cuchillo y a su campera de Plumas, que por ser muy grande imposibilitaba un desplazamiento cómodo.
Al tocar el piso sintió algo muy extraño, era como que alguien estaba allí, el silencio se hizo más intenso, unas gotas de sudor comenzaban a surcar su frente mientras que con su mano derecha iba tratando de encontrar su potente fusil, con la izquierda seguía aferrado a la escalera de madera. Sus intentos eran infructuosos, el arma no había caído en las cercanías de la escalera, así que debía desplazarse unos metros para hacer un nuevo intento.
Pero su instinto le decía que algo no estaba bien y sintió la imperiosa necesidad de encender su linterna, ya no importaba que la blanca luz espantara a algún animal que estuviese en las cercanías. Gustavo necesitaba recuperar su arma, porque de esa manera volvería a sentirse seguro.
El haz de luz de la linterna quebraba la espesura de la noche buscando sobre la maleza algún indicio de su arma, a un par de metros algo reflejaba la luz, pausadamente tratando de no hacer mucho ruido se dirigió hacia ese lugar.
Pero imprevistamente detuvo su paso, giro su cabeza a la izquierda y luego a la derecha, mientras iba iluminando rápidamente todo lo que lo rodeaba. Su respiración se detuvo por un instante, volvió a iluminar su entorno, ahora más suavemente, su instinto no había fallado, a una muy corta distancia un animal enorme, lo observaba amenazante.
Gustavo comenzaba a sentir la sensación que sentían sus presas cuando eran enfocadas por su mira telescópica. En una fracción de segundo pasaron por su cabeza miles de imágenes de jornadas de caza memorables, la adrenalina que causa dar en el objetivo y saber que la muerte es una consecuencia final e ineludible. Esas imágenes no dejaban de recorrer las paredes del living de su casa, en donde decenas de trofeos de todo tipo resumían sus logros de excelente tirador.
Ahora el cazador se transformaba en presa, el feroz PUMA se desplazaba en línea recta y a paso sostenido, detuvo su marcha a escasos centímetros, en sus filosos colmillos se reflejaba el tembloroso haz de luz de la linterna que con dificultad aun sostenía Gustavo.
El destino había querido que ese sea su fin!!!! Pero algo inexplicable ocurrió, mientras su rostro se iba empalideciendo y el sudor ya afloraba en todo su rostro, el animal dejaba ver su perfecto cuerpo, solo debía levantar la mano para tocarlo.
Entregado y entendiendo que en la vida uno puede pasar de ser cazador a ser cazado en un solo instante, cerro sus ojos y respiro ondo a la espera del primer zarpazo, seguramente el puma no sería benevolente como él tampoco lo había sido cuando debía eliminar a sus presas.
El vapor de su aliento comenzaba a empañar la gran mira telescópica que relucía amenazante en su nuevo fusil, un AK7 calibre 22 de fabricación Alemana.
Los minutos eran eternos y el termómetro indicaba los 5 grados bajo cero. En un instante sus ojos se cerraron, el sueño comenzaba a imponerse, pero rápidamente volvió a abrirlos, no sabia cuanto tiempo había transcurrido entre un abrir y cerrar de ojos, trato de incorporarse lentamente, pero el frío había entumecido sus piernas. Apoyando sus manos en un tronco intento nuevamente incorporarse, pero al hacerlo no pudo impedir que su fusil cayera de la plataforma.
Mientras se maldecía una y otra vez intentaba ver en donde estaba el arma, pero la oscuridad era total, debía encender su linterna, pero esto seguramente espantaría a cualquier presa que se encontrara en la zona, así que decidió bajar para hacer la búsqueda al tanteo.
Dejo la botella metálica junto a un gran cuchillo y a su campera de Plumas, que por ser muy grande imposibilitaba un desplazamiento cómodo.
Al tocar el piso sintió algo muy extraño, era como que alguien estaba allí, el silencio se hizo más intenso, unas gotas de sudor comenzaban a surcar su frente mientras que con su mano derecha iba tratando de encontrar su potente fusil, con la izquierda seguía aferrado a la escalera de madera. Sus intentos eran infructuosos, el arma no había caído en las cercanías de la escalera, así que debía desplazarse unos metros para hacer un nuevo intento.
Pero su instinto le decía que algo no estaba bien y sintió la imperiosa necesidad de encender su linterna, ya no importaba que la blanca luz espantara a algún animal que estuviese en las cercanías. Gustavo necesitaba recuperar su arma, porque de esa manera volvería a sentirse seguro.
El haz de luz de la linterna quebraba la espesura de la noche buscando sobre la maleza algún indicio de su arma, a un par de metros algo reflejaba la luz, pausadamente tratando de no hacer mucho ruido se dirigió hacia ese lugar.
Pero imprevistamente detuvo su paso, giro su cabeza a la izquierda y luego a la derecha, mientras iba iluminando rápidamente todo lo que lo rodeaba. Su respiración se detuvo por un instante, volvió a iluminar su entorno, ahora más suavemente, su instinto no había fallado, a una muy corta distancia un animal enorme, lo observaba amenazante.
Gustavo comenzaba a sentir la sensación que sentían sus presas cuando eran enfocadas por su mira telescópica. En una fracción de segundo pasaron por su cabeza miles de imágenes de jornadas de caza memorables, la adrenalina que causa dar en el objetivo y saber que la muerte es una consecuencia final e ineludible. Esas imágenes no dejaban de recorrer las paredes del living de su casa, en donde decenas de trofeos de todo tipo resumían sus logros de excelente tirador.
Ahora el cazador se transformaba en presa, el feroz PUMA se desplazaba en línea recta y a paso sostenido, detuvo su marcha a escasos centímetros, en sus filosos colmillos se reflejaba el tembloroso haz de luz de la linterna que con dificultad aun sostenía Gustavo.
El destino había querido que ese sea su fin!!!! Pero algo inexplicable ocurrió, mientras su rostro se iba empalideciendo y el sudor ya afloraba en todo su rostro, el animal dejaba ver su perfecto cuerpo, solo debía levantar la mano para tocarlo.
Entregado y entendiendo que en la vida uno puede pasar de ser cazador a ser cazado en un solo instante, cerro sus ojos y respiro ondo a la espera del primer zarpazo, seguramente el puma no sería benevolente como él tampoco lo había sido cuando debía eliminar a sus presas.
El tiempo se
hacia infinito y el frió colapsaba su cuerpo, no quería abrir los ojos, pero su necesidad de supervivencia lo venció. Al abrir los ojos su mirada quedo clavada
en una vertical que apuntaba directamente hacia arriba y sin entender que pasaba se quedo
observando como el ventilador de techo giraba lento pero constante mientras una
voz profunda le decía GUSTAVO, GUSTAVO
Al despertar
vio a su esposa Marina que lo zamarreaba preocupada.
-
Gustavo
tuviste una pesadilla, temblabas y hasta nombradas a un Puma
Gustavo abrazo a su esposa con fuerza
y mientras se tapaba con un doble juego de frazadas le susurraba al oído:
-
Mañana
vamos a ir juntos al shopping y después al cine
-
Pero
Gustavo, ¿No te ibas de cacería mañana?
-
No,
cambie de opinión
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