martes, 29 de septiembre de 2009

El Mejor Cuadro

Dicen que para apreciar bien una obra de arte hay que tomar cierta distancia, tener en cuenta la incidencia de la luz, tratar de percibir el sentimiento del creador y sobre todo visualizar el universo que la misma representa, que con eso bastaría para ponerle un nombre. Por lo menos esas eran las palabras de la Profesora Raquel Pisotto cuando con su mensaje cultural y pausado trataba de educar a una jauría de Adolescentes del 4to Bachiller en la primer hora de clases de los días lunes, en la vieja Escuela Normal de Lujan, allá por 1977.
Si bien el arte no me fastidiaba, nunca pude entender a qué genio se le ocurrió poner la hora de Educación Artística, a esas horas de la madrugada.
El habla monótona de la Pisotto se mezclaba con el áspero ronquido del gordo Benítez, que aún ni se había enterado que estaba en el colegio, pero a la Profe no le importaba, porque decía que le bastaría con una sola oreja que reciba su mensaje, para que su misión se considere cumplida. ¡ Pobre la Pisotto!. Creo que en ese curso todos fuimos sordos o no teníamos orejas para ella. Nos daba lo mismo un Picasso que un Van Gogh, pero a mí siempre me quedaron grabadas sus palabras respecto a cómo había que apreciar un buen cuadro. Así fue que descubrí que nuestro equipo de 4to BOD era en realidad un buen cuadro, a pesar de nuestro Profe de Gimnasia que no nos tenia mucha fe. Si lo mirabas de lejos, parecía ordenado y hasta de calidad. Con el sol a favor jugaba mejor y el universo de jugadores garantizaban siempre buenos resultados, al menos en los clásicos desafíos con el Comercial y la ENET, que aunque con resultados ajustados, siempre ganábamos.
Observando los distintos matices de ese cuadro, comenzando con el gordo Lastra al arco, el negro Martínez en el fondo, el choclo Scanietti en el medio y el finito Gerlo arriba, entre otros, seria un típico cuadro del pos-modernismo, según una definición que podría dar la Profe Pissoto, o una simple conjunción de patas duras afortunados, según otra definición del Profe de Gimnasia.
Creo que la campaña del 78 fue brillante, salimos campeones del intercolegial y en la mini gira que hicimos por el Oeste logramos un fabuloso record de 5 empates y una victoria. Invictos en terrenos difíciles como el de Olivera donde lograr un empate y vivir para contarlo era todo un logro. Recuerdo ese partido porque simplemente fue algo épico, un Garnica de la redonda, todo el misterio que envolvió al encuentro desde la hora en que debía comenzar el partido hasta el cinematográfico final sellaron en nuestras vidas algo que nunca se podrá olvidar
Al principio nadie entendía porque el cacho Santa Marina, nuestro hombre de la diplomacia y encargado de organizar todos nuestros partidos, había acordado comenzar el partido a las 14:48, o jugas a las 14:30 o a las 15hs, pero porque este cristiano había exigido ese horario nos resultaba todo un misterio, máxime que para llevar a Olivera debíamos tomar el tren de las 12:26 hs y por lo tanto teníamos como una hora de espera antes del comienzo y en cima el tren de vuelta recién pasaba a las 18:05 esto seria un mal augurio si por esas casualidades ganábamos. Es que no se registraban antecedentes de que algún equipo, primero haya ganado en Olivera y menos que en caso de ganar haya resistido mas de 15 minutos a una posible hostilidad de esa manga de chacareros energúmenos.
El partido para variar pintaba como todos nuestros partidos, trabados, lentos y con algún atisbo de peligrosidad cuando la pelota le llegaba al finito Gerlo.
El primer tiempo termino en un cero a cero elocuente de lo que había sucedido durante el desarrollo del encuentro, a mi lo que me llamaba la atención era la preocupación del Cacho Santa Marina por saber a cada rato que hora era, lo volvió loco al Tarta Echezarreta, nuestro único suplente, quien con su flamante SEIKO digital le tiraba el tiempo como si fueran el viejo sereno de la época de la colonia, son las 15 y 46 sereno y sin novedad rezaba el verso del Tarta.
No faltaban mas de diez minutos para el final cuando el arquero de ellos fue a descolgar una pelota de un centro tirado por el zurdo Villeri, no sé porque pero al pobre arquerito se le escapo de las manos, daba la sensación de que la pelota estuviera embadurnada con manteca, a medida que la pelota iba cayendo sus manotazos se tornaban desesperados por tratar de despejar el balón de su área chica, pero fue inútil, le cayo justita al Finito que le pego suave y se convirtió en un gol inesperado para propios y extraños.
Que hora es!!!! Grito el Chacho desesperado, las 16 y 23 se escucho clarito la respuesta de Etchezarreta que con voz angustiosa agrego; hay viene, hay viene....vamos..vamos!!!
Sentimos varios pitazos de locomotora, ese día nos salvo el papá del Pinocho Almonacin, nuestro volante de marca, que como era maquinista del Sarmiento acomodo la llegada de la formación a la hora justa en la que finalizaba el cotejo, como la cancha estaba pegadita a las vías, el viejo del Pinocho iría a paso de hombre para que nuestro escape tuviera éxito, el único damnificado fue el Gordo Lastra que en la huida perdió el par de botines Sporlandia, que le habían regalado sus abuelos, al meter los pies en el guardagabados, pero el gordo no se hizo mucho drama, el viaje de vuelta dijo: “ A esos turros de Olivera les deje 2 bombitas de gas Sarin para nunca me olviden!!”
No sé por qué a partir de ese 4to año y las palabras de Pisotto, nunca pude dejar de asociar cada cosa bella que vi en la vida, con las apreciaciones de un cuadro.
Cuando nos recibimos de Bachilleres, el cuadro se desarmó. Era como que cada matiz de ese gran lienzo que fue el secundario, tomara para un lado distinto. Algunos seguirían estudiando en la Universidad, otros a trabajar y otros, simplemente a tratar de subsistir y ver qué pasa.
A pesar de mi insistencia de mantener nuestro glorioso equipo, con el tiempo fue insalvable su disolución, sólo quedaron alguna que otra copa y la foto en la Dirección del Colegio, como fiel testigo de nuestra existencia.
Con el correr de los años, más el ritmo alocado en que vivimos, me fui transformando en uno más de esa gran urbe de autómatas, que dejan pasar los mejores momentos de la vida. Ya no tenia esa perspectiva para visualizar las cosas bellas, por lo menos ya no me detenía en ellas.
El destino quiso que encontrara un lugar en donde despuntar el vicio de la pelota. Otros amigos, pero el mismo espíritu. Los picaditos de todos los sábados son como la vitamina necesaria para volver a sentirse como en aquellos años de gloria del 4to BOD.
Creo que fue un sábado de febrero del 2004, éramos 26, por lo tanto algunos teníamos que hacer banco. Mientras esperábamos el turno para ingresar, alguien dijo: “ qué buen cuadro tienen los azules...!!!”. Fue casi instintivo. Era como volver a la clase de Pisotto, pero esta vez yo tenia otra perspectiva: estaba sentado en el ultimo escalón de la tribunita de madera de una cancha mucho mas coqueta que aquellos potreros del barrio de la estación en Luján. Un verde casi perfecto, el arco con redes y sobre todo, la cancha marcada y ¡ hasta con referí ¡. Junto a mí, cuatro muchachos más y, sin darme cuenta, dije....”RENACIMIENTO”.... Todos me miraron.
- Qué dijiste???, me preguntaron.
- Es un cuadro del Renacimiento no lo ven..?, contesté.
Todos me miraban sin entender nada, pero yo lo podía visualizar. Desde allí arriba veía una obra de arte, el sol de la tardecita ayudaba con los colores vivos, las peladas de varios jugadores trabajaban de indispensables reflectores lumínicos, y el universo de personajes daban la sensación de una pintura óptima. Era como un mensaje de Dios que nos regalaba un ratito de su paraíso, un cuadro que lleva del caos hasta la bendición de la suma de contrastes que hacen al juego, como marco de la gran obra.
Y como decía Pisotto, la contemplación lleva al nombre de la obra y si hubiese que ponerle un nombre, ese nombre seria AMISTAD, porque según el Profe de Gimnasia, para FÚTBOL no da.

Nota: este es un humilde homenaje a todos los pintores de la gran obra de arte que para nosotros representa Fútbol Amistad una disciplina que practicamos varios muchachos en el country club Banco Provincia de Buenos Aires

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