martes, 29 de septiembre de 2009

El gol del hijo del jefe de la estación

La campana le dio salida al ultimo tren de la tarde, Don Carlos, el jefe de la estación de La Dorita, cumpliendo un viejo ritual se sacaba la gorra saludando al guarda que con su corbata al viento extendía su brazo izquierdo respondiendo el saludo. El clásico silbato emitido por la locomotora asintió a la orden y comenzó el lento desplazamiento de la formación que humeante y formidable se iba despidiendo de los ocasionales visitadores del anden. Casi al mismo tiempo otro silbato, pero más estridente, se dejaba escuchar justo al lado del viejo embarcadero allí se encontraba la canchita de Fútbol que con arcos de palos de palmera que eran todo un orgullo para los del lado sur de la estación.
Era la final del campeonato, con un gol bastaría para que el Rayo del Oeste conquistara la preciada copa de la liga infantil, solo faltaban 2 minutos para finalizar el partido y el marcador no salía del cero a cero, pero esa tarde no podía fallar nuestro goleador, alguna pelota le tenia que llegar, solo era cuestión de que le llegara esa pelota, él se encargaría de lo demás y así fue, el Pucho Cardozo se tiro al piso y robo un balón en el medio de la cancha, levanto la cabeza y lo busco instintivamente a Jorgito, que ya con los ojos bien abiertos lo miraba desesperadamente, " Pucho...dale pásala...Pucho pásala rápido"...esas fueron las ultimas palabras de Jorgito que cuando recibió la pelota clavo un derechazo que entro por el ángulo superior izquierdo del arco, el grito de GOOOL de Jorgito se dejo escuchar en todo el Pueblo y en su alocado festejo salió corriendo para el lado del terraplén para encontrase con su viejo, Don Carlos, que venia llegando después de cumplir con el despacho de ese ultimo tren de la tarde. Ese año el rayo fue campeón y Jorgito el máximo goleador con 53 tantos.
Con los años la estación ya no fue la misma, la campana dejo de sonar y el tren es solo un fantasma que algunas veces suele pasar por las tardes pero curiosamente se detiene junto al viejo embarcadero como esperando aquel grito de gol de un tal Jorgito, el hijo del jefe de la estación.
Hoy Jorgito juega todos los domingos con sus amigos de siempre, hoy solamente son 53 los Goles que le faltan para llegar a los 1000, hoy sigue siendo infalible a la hora de definir, hoy sigue festejando los Goles como aquella vez, hace 30 años, y si bien no esta el terraplén ni el viejo para el festejo Goleador, están sus amigos, todos los Puchos, que en un abrazo del alma festejamos sus Goles porque todos alguna vez y de alguna manera jugamos en aquel famoso RAYO del Oeste.

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