viernes, 9 de febrero de 2024

MAÑANA SERA OTRO DIA

 

Me llamo Rodolfo y estoy a punto de cumplir 75, podría definirme como un adulto mayor, pero me siento joven, aunque ciertamente entregado a la rutina

Son las 5 de la mañana y estoy despabilado, hace más de 15 días que me despierto a esta hora, veo a mi mujer dormir plácidamente abrazada a una de las almohadas, intento cerrar los ojos buscando concentración para volverme a dormir, pero no lo logro, mi cabeza parece una autopista abarrotada de vehículos, son como pensamientos que van de un lugar a otro, pero sin avanzar en realidad

Trato de traer a mi recuerdo algún grato momento vivido, pero me cuesta sostenerlo ya que otro recuerdo se superpone con este. Ya son casi las 5:30 hs, todavía es de noche, ahora vuelvo a pensar que el día por venir no ha de ser muy distinto al de ayer.

Faltan dos días para mi cumpleaños, quizás ese sea el motivo de lo que me está pasando, cumplir setenta y cinco no es poca cosa, interiormente siento que empiezo a jugar tiempo de descuento en una vida que no ha sido fácil, pero no me quejo, trate de vivirla lo mejor posible.

Miro para el lado de la mesita de luz y alcanzo a ver el reloj de la radio, ya casi son las 6 de la mañana, por la ventana de la habitación comienza a asomar cierta claridad, creo que el sol sale a eso de las 6:30 en estos días de verano

No quiero rendirme al despabilo, intento nuevamente concentrarme en algún recuerdo lejano de mi juventud, y me imagino andando en bicicleta por los caminos rurales de arrecifes, rodeado de girasoles gigantes, una brisa suave y un rumbo incierto pero apasionante.

Creo que una de las cosas que me causan felicidad es la posibilidad de seguir pedaleando, es como volver a tener 17 años y conservar ese espíritu aventurero que genera la incerteza de no saber hasta dónde llegare.

Y la verdad tener 75 y seguir disfrutando de la bicicleta es una bendición. Vuelvo a girar mi cabeza sobre la Almohada y la veo a Silvia durmiendo profundamente pero ahora siento un ligero ronquido que hace mucho no notaba, la claridad de la mañana por venir me deja apreciarla enteramente, nos llevamos 5 años de diferencia, claro que ella es más joven, perdí la cuenta, pero supongo que hace más de 50 años que nos casamos.

Su rostro es casi perfecto, quizás mis ojos la siguen viendo como cuando tenía 20 años, conserva ciertas curvas que impacientan mi sexualidad. Admito que el roce en la cama con Silvia se había transformado en una rutina que casi no disfrutaba, de hecho, hace más de un año que no hacemos el amor, ahora que lo pienso eso puede ser también motivo de mi insomnio, alguna noche he intentado hacer que recupere su fogosidad de aquellos primeros años de sexo sin descanso, pero toda mi virilidad se derrumba cuando se queda dormida mientras acaricio cada centímetro cuadrado de su piel.

No voy a mentir, pero he consultado muchas veces en internet buscando métodos que me permitan recuperar algo de lo que se pueda recuperar de la sexualidad en nuestras edades, pero he fracasado una y otra vez. También es cierto que con Silvia nunca hemos hablado del tema, quizás porque a ambos nos da vergüenza o porque cuando quiero insinuar algo ella cambia la conversación, decidí no seguir insistiendo. Lo más importante es que la amo, y a esta altura, el sexo no es algo determinante para mí, al menos eso creo

Por un resquicio de la persiana va asomando el primer rayo del sol, por lo que escuche ayer en la tele hoy va a ser un día agradable con una máxima de 25 grados, ideal para salir a andar en bici, es hora de levantarme para aprovechar mejor la mañana.

No quiero que Silvia se despierte, así que salgo muy despacito de la cama, tomo mi equipo de ciclista y salgo rumbo al campo, necesito gastar energías y limpiar mis pensamientos

Hace una hora que voy a una velocidad regular por un camino algo poceado, se nota que hace mucho que no llueve, el polvo hace que el esfuerzo para avanzar se duplique, pero no me importa el día amerita cualquier el sacrificio. La soja va tomando forma y su verde contrasta con el cielo celeste y el camino marrón

La transpiración se apodera de mi cuerpo, me siento algo cansado y es lógico para un tipo de más de setenta, más adelante hay un pequeño monte de eucaliptus y el camino los atraviesa, es como un oasis de sombra, voy a parar a tomar algo de agua. Intento hacer un cambio presionando una de las manivelas que accionan el dispositivo para reducir o aumentar el piñón de la rueda trasera, algo se trabo, vuelto a insistir, pero no logro hacerlo, pero si noto que la cadena se ha salido del plato de la pedalera, fue en ese preciso instante en que una raíz que asomaba del suelo fue a dar directamente contra la rueda delantera, el golpe desestabilizo la bicicleta y eso provocó que me cayera fuertemente sobre mi brazo derecho.

Hace unos minutos que estoy tirado con un fuerte dolor en mi brazo, creo que me lo fracture, intento levantarme, pero el dolor no cede.

El reloj de la vida no se puede detener, se perfectamente que el tiempo está en mi contra, debo admitirlo es muy difícil que vuelva a tener esa adrenalina de la aventura de lo que al otro próximo día ha de proponer, ese proyecto permanente que se sostenía con nuevas metas, con cuestionamientos y discusiones, con la necesidad de planificar algo por lo que esforzarme para conseguirlo. Son 75 años, cuando mi viejo tenía esa edad se sentaba todos los días en una silla mecedora, sobre la vereda de su casa y gastaba el tiempo en mirar nunca supe bien a que o a quienes.

No quiero eso para mí, necesito seguir teniendo la emoción de vivir, pero ahora estoy aquí con un brazo roto y con una segura sentencia que augura un adiós definitivo a mi pasión por andar en bicicleta.

Esa camioneta roja que viene para aquí seguro que es de Eleodoro Frenchessinni, levanto mi brazo izquierdo para que me vea y se detenga, dentro de todo he tenido suerte.

Ahora estoy en la guardia del hospital, el dolor hace más intenso, le dije a Eleodoro que le avisara a Silvia para que me venga a buscar.

El traumatólogo que me atiende tiene un acento extraño, debe ser venezolano o colombiano, muy gentilmente me dijo que tenía una fisura, que era un tipo con mucha suerte porque la mayoría de la gente de mi edad suelen tener osteoporosis y cuando ello sucede las fracturas son frecuentes y difíciles de curar. Lo mío implicaría el uso de yeso por al menos 2 meses y luego un tratamiento kinesiológico para recuperar la movilidad del brazo. EL alma volvió a mi cuerpo cuando me dijo que si todo iba bien en 8 meses podía volver a andar en bicicleta.

Silvia entro a la sala de guardia totalmente asustada, tenía lágrimas en los ojos y cuando me vio no podía pronuncia una sola palabra, me abrazaba y lloraba sin parar.

Cuando pudo recuperarse ensayo una especie de reto, diciéndome que yo no podía seguir haciendo las cosas que hacía cuando era joven, que la bicicleta era un peligro para mí, que me podría haber roto la cabeza o la cadera y una serie de cuestionamientos que casi no escuche o no quise escuchar

Mientras veía sus labios moverse y sus lágrimas caer imaginaba que los próximos meses serían muy difíciles para mí.

Hace un mes que estoy con este maldito yeso, tener un yeso en un brazo es una cosa incomoda, pero tenerlo en verano es algo que no se lo deseo a nadie. Hace un par de semanas que ya no discuto con Silvia sobre mi responsabilidad en el accidente con la bici, decidí cerrar la discusión porque es inútil que entienda que es lo que me está pasando, estoy entendiendo que convivir con alguien durante tantos años no implica que tengamos una buena comunicación, y aquí quiero detenerme en mis miedos y mis errores.

Miedos de no decir lo que realmente me pasa y enfrentar cualquier discusión, aunque duela, y errores de dejar que las cosas transcurran sin resolverlas, somos personas mayores y lo que no resolvimos en tantos años ¿porque lo podremos resolver ahora?

Mi hija es ciertamente cómplice de su madre y no deja de darme sermones de cuidados varios como si fuese un discapacitado, ¿cómo explicar lo que me pasa? y que me entiendan, como explicarle que lo único que tengo en la cabeza es la necesidad de recuperarme para volver a sentir la libertad de elegir que va a suceder el día próximo y no entregarme a la tibieza de esperar que el tiempo me imponga el fin.

Ayer me sacaron el yeso, que alivio que siento, aunque mi brazo parece haber perdido toda su musculatura, el medico ya me dio el alta y ahora solo queda recuperar lo perdido con varias sesiones de kinesiología, por suerte la prepaga me asigno a una kinesióloga que trabaja en un centro de recuperación no muy lejos de casa.

Aquí estoy sentado en una camilla del Box 5, esperando al Angela la Kinesióloga que me va a atender. Angela corrió suavemente la cortina de ingreso al box y me saludo muy cordialmente, su sonrisa es cautivante y sus ojos verdes hacen juego con el ambo ajustado que denotan perfectamente la curvatura de su cuerpo, estimo que ha de tener unos 50 años, no me animo a preguntar, pero su simpatía me propone un fluido dialogo que se basa en lo que me había pasado, rápidamente armo una rutina de ejercicios, que comenzaron con una serie de masajes sobre la zona afectada

Admito que es la primera vez en muchos años que una mujer que no sea Silvia acaricia mi cuerpo, y por cierto se siente muy bien. Ella aclara que serán 10 sesiones pero que en la mitad del tratamiento ya me iba a sentir mucho mejor. Me entrego una fotocopia en donde se explicaban los ejercicios que debería hacer en casa y preparo el cronograma de las 9 sesiones restantes. Básicamente debo venir martes y jueves durante un mes y medio

Es mi segunda sesión y aquí estoy nuevamente en el Box 5 esperando a Angela, quiero que me felicite porque hice todos los ejercicios que me dio. Ella corre la cortina y me saluda con un beso en la mejilla, me encanta su perfume y su piel suave. Me mira con esos ojos grandes que irradian felicidad buscando que yo le comunique alguna novedad, le comento que cumplí al pie de la letra el programa suministrado.

Angela observa detenidamente la zona afectada por la fisura, y me hace una devolución indicando que ya comienza a desarrollarse musculatura, es un muy bien felicitado para mi humilde apreciación. Ella vierte un gel, ciertamente frio sobre el brazo, y comienza con los masajes que van desde la muñeca casi hasta el hombro, se impone un silencio infinito mientras me vuelvo a sentir hombre. Tengo miedo de sufrir una erección y que ella se dé cuenta, eso sería un gran papelón que creo no soportar

En el fondo de casa arme un pequeño gimnasio con algunas pesas y mancuernas, la bicicleta fija y un par de barras de esfuerzo, disfruto hacer los ejercicios y notar que cada día me siento mejor. Por las tardes salimos a caminar junto a Silvia, la pasamos bien pero nunca hablamos de lo que deberíamos hablar, me cuesta muchísimo decirle que necesito hacerle el amor, que estoy descubriendo que aún conservo ese apetito sexual que me carcome el cerebro. ¿Me estaré volviendo un degenerado? O simplemente el pequeño contacto con Angela despertó mi lívido oxidado, no lo puedo asegurar, pero es como que me siento más joven.

Cada noche mientras abrazo a Silvia espero que ella me haga un sencillo gesto o una pequeña caricia, me conformo con muy poco. Sin embargo, todo se ha transformado en un cumulo de rutinas que solo incrementan mi insomnio permanente

La sonrisa de Angela diluye cualquier tristeza, me conto que tiene 2 hijos y que hace 10 años esta divorciada, que ama su profesión y que le gustaría tener nietos, aunque ninguno de sus hijos está pensando en hacerla abuela por el momento. Durante el tiempo de la sesión charlamos mucho, ella no tiene problema en contarme lo que le pasa, lo que le gusta, lo que no le gusta y lo que la divierte. Siento que mi sentido del humor le cae bien, nos reímos mucho y creo que soy un buen paciente para ella.

Hoy es mi última sesión de kinesiología, me siento realmente muy bien, recupere prácticamente toda la masa muscular del brazo herido y estoy listo para volver a subirme a una bicicleta. Siento cierta tristeza en saber que quizás no vuelva a ver a Angela, y pienso que a ella le debe estar pasando lo mismo, gracias a ella volvía a sentir algo que hacía mucho no sentía, nos saludamos con un fuerte abrazo, nos pasamos los teléfonos, ella me dijo hasta pronto y yo le replique: ¡tan poca fe me tenes que crees que voy a volver nuevamente!

Hace 2 semanas que volví a andar en bicicleta, lo estoy haciendo con mucho cuidado, hace 2 semanas que Silvia no me habla porque me dice que soy un irresponsable al arriesgarme nuevamente a tener un accidente. Ya no me importa discutir con ella ni con mi hija, soy feliz cuando el viento pega en mi cara mientras pedaleo y pedaleo

Ayer le escribí un mensaje a Angela, con la excusa de que sentía un cierto dolor en la zona del brazo fisurada comenzamos a chatear, ahora son las 11 de la noche y no puedo dejar de mensajearme con ella, una cosa llevo a otra y a otra, y terminamos escribiendo como dos adolescentes. Esto me divierte mucho, me siento pleno, no reímos mucho, ella tiene una forma de decir las cosas tan directa tan sincera que me lleva a ser totalmente franco con ella.

Es la primera vez en mi vida que puedo tener un dialogo con una mujer, sin sentir vergüenza o pudor y no temo decir lo que siento en este preciso momento y pienso que a ella le pasa lo mismo.

Paso un mes desde que comenzamos a chatear con Angela, estoy comenzando a sentir algo que se podría definir como felicidad. A 75 años teniendo una relación clandestina, me parece una vivencia extraída de mi imaginación, pero es absolutamente real y totalmente consensuada por ambos, quizás algo utópica porque difícilmente esto pueda terminar bien.

La lluvia de ayer fue un bálsamo para hacer que los caminos rurales no se tornen en un colchón de polvo difíciles de transitar, así es mas placentero pedalear, los maizales se ven gigantes y llenos de choclos, hay un lote lleno de girasoles que parecen mirarme mientras bajo la velocidad, este paisaje merece una foto. He aquí donde comienza lo que pensé que podría llegar a pasar, me doy cuenta que mi celular quedo en casa y que Silvia ya se ha dado cuenta que no lo llevo encima, porque suele llamarme 2 o 3 veces mientras hago mi circuito

Estoy por entrar a mi casa, y veo algo extraño en el parque, un par de valijas y una pila de ropa amontonada sobre una de ellas, al acércame me doy cuenta que es mi ropa, toda mi ropa, y como punto culminante mi celular

Silvia no paraba de llorar e insultarme, se sentía una cornuda, no podía entender como yo, después de 50 años de matrimonio, la podía engañar, entre sus insultos me tildaba de viejo verde, de adolescente tardío y no sé cuántas cosas mas

Cualquier explicación fui inútil, tanto Silvia como mi hija no quisieron escucharme, no entendieron eso de las fantasías virtuales ni de meta personajes digitales, ahora soy un traidor de la paz familiar, de la rutina costumbrista de una típica familia pueblerina donde la vida transcurre sin novedad cada minuto de cada hora de cada día, soy el malvado, el responsable de la vergüenza familiar  

Como pude olvidarme el celular en casa, como no se me ocurrió ponerle una contraseña que Silvia no supiera, como pude dejar que mi estupidez venciera la tranquilidad del soporte cotidiano, como explicarle a Angela lo que paso si nunca fuimos amantes ni mucho menos, al fin y al cabo, somos simples confidentes de vida de lo que nos pasa y no nos animábamos a contar.

Aquí estoy, solo en un departamento que me presto un amigo, la soledad me duele, son 75 años, es como reiniciar, pero con poco margen para andar.

Silvia no tuvo piedad, no me dio nunca la mínima chance de explicar lo que había pasado, apenas pude recuperar el resto de mi ropa y la bicicleta, mil veces le dije que la amaba con toda mi alma, pero su orgullo mal herido era infranqueable

Hace 3 meses que vivo solo, alquile una casa con un pequeño parque, por las mañanas cuando el clima lo permite salgo a andar en bici, lo hago por 2 o 3 horas, en ese tiempo solo pienso en disfrutar cada metro recorrido. A la tarde me viene a visitar Angela, en este último tiempo he descubierto que puedo ser un buen amante, ahora cada día es un nuevo desafío que me invita a descubrirlo con mucha pasión, a veces Angela me acompaña en mis bicicleteadas matinales. Solo los domingos me invade la melancolía familiar, hace mucho que no se nada de Silvia ni de mi hija, pero no pienso seguir insistiendo por algo se dan las cosas, al propósito ya no sufro insomnio.

 Por suerte hoy es lunes y la pantalla de mi celular se acaba de iluminar, es Angela, que bella es su foto de perfil, pero personalmente es mucho más sensual, en un rato me pasa a buscar, no se lo que haremos hoy, justamente eso es lo interesante, la vida volvió a tener la incertidumbre que necesitaba, ya no necesito aferrarme a un grato recuerdo y lo mejor de todo es que, mañana, mañana será otro día.