Me llamo Rodolfo y estoy a punto de cumplir 75, podría
definirme como un adulto mayor, pero me siento joven, aunque ciertamente
entregado a la rutina
Son las 5 de la mañana y estoy despabilado, hace más de
15 días que me despierto a esta hora, veo a mi mujer dormir plácidamente
abrazada a una de las almohadas, intento cerrar los ojos buscando concentración
para volverme a dormir, pero no lo logro, mi cabeza parece una autopista
abarrotada de vehículos, son como pensamientos que van de un lugar a otro, pero
sin avanzar en realidad
Trato de traer a mi recuerdo algún grato momento vivido,
pero me cuesta sostenerlo ya que otro recuerdo se superpone con este. Ya son
casi las 5:30 hs, todavía es de noche, ahora vuelvo a pensar que el día por
venir no ha de ser muy distinto al de ayer.
Faltan dos días para mi cumpleaños, quizás ese sea el
motivo de lo que me está pasando, cumplir setenta y cinco no es poca cosa,
interiormente siento que empiezo a jugar tiempo de descuento en una vida que no
ha sido fácil, pero no me quejo, trate de vivirla lo mejor posible.
Miro para el lado de la mesita de luz y alcanzo a ver el
reloj de la radio, ya casi son las 6 de la mañana, por la ventana de la
habitación comienza a asomar cierta claridad, creo que el sol sale a eso de las
6:30 en estos días de verano
No quiero rendirme al despabilo, intento nuevamente
concentrarme en algún recuerdo lejano de mi juventud, y me imagino andando en
bicicleta por los caminos rurales de arrecifes, rodeado de girasoles gigantes,
una brisa suave y un rumbo incierto pero apasionante.
Creo que una de las cosas que me causan felicidad es la
posibilidad de seguir pedaleando, es como volver a tener 17 años y conservar
ese espíritu aventurero que genera la incerteza de no saber hasta dónde
llegare.
Y la verdad tener 75 y seguir disfrutando de la bicicleta
es una bendición. Vuelvo a girar mi cabeza sobre la Almohada y la veo a Silvia
durmiendo profundamente pero ahora siento un ligero ronquido que hace mucho no
notaba, la claridad de la mañana por venir me deja apreciarla enteramente, nos
llevamos 5 años de diferencia, claro que ella es más joven, perdí la cuenta,
pero supongo que hace más de 50 años que nos casamos.
Su rostro es casi perfecto, quizás mis ojos la siguen
viendo como cuando tenía 20 años, conserva ciertas curvas que impacientan mi
sexualidad. Admito que el roce en la cama con Silvia se había transformado en
una rutina que casi no disfrutaba, de hecho, hace más de un año que no hacemos
el amor, ahora que lo pienso eso puede ser también motivo de mi insomnio, alguna
noche he intentado hacer que recupere su fogosidad de aquellos primeros años de
sexo sin descanso, pero toda mi virilidad se derrumba cuando se queda dormida
mientras acaricio cada centímetro cuadrado de su piel.
No voy a mentir, pero he consultado muchas veces en
internet buscando métodos que me permitan recuperar algo de lo que se pueda
recuperar de la sexualidad en nuestras edades, pero he fracasado una y otra
vez. También es cierto que con Silvia nunca hemos hablado del tema, quizás
porque a ambos nos da vergüenza o porque cuando quiero insinuar algo ella
cambia la conversación, decidí no seguir insistiendo. Lo más importante es que
la amo, y a esta altura, el sexo no es algo determinante para mí, al menos eso
creo
Por un resquicio de la persiana va asomando el primer
rayo del sol, por lo que escuche ayer en la tele hoy va a ser un día agradable
con una máxima de 25 grados, ideal para salir a andar en bici, es hora de
levantarme para aprovechar mejor la mañana.
No quiero que Silvia se despierte, así que salgo muy
despacito de la cama, tomo mi equipo de ciclista y salgo rumbo al campo,
necesito gastar energías y limpiar mis pensamientos
Hace una hora que voy a una velocidad regular por un
camino algo poceado, se nota que hace mucho que no llueve, el polvo hace que el
esfuerzo para avanzar se duplique, pero no me importa el día amerita cualquier el
sacrificio. La soja va tomando forma y su verde contrasta con el cielo celeste
y el camino marrón
La transpiración se apodera de mi cuerpo, me siento algo
cansado y es lógico para un tipo de más de setenta, más adelante hay un pequeño
monte de eucaliptus y el camino los atraviesa, es como un oasis de sombra, voy
a parar a tomar algo de agua. Intento hacer un cambio presionando una de las
manivelas que accionan el dispositivo para reducir o aumentar el piñón de la
rueda trasera, algo se trabo, vuelto a insistir, pero no logro hacerlo, pero si
noto que la cadena se ha salido del plato de la pedalera, fue en ese preciso
instante en que una raíz que asomaba del suelo fue a dar directamente contra la
rueda delantera, el golpe desestabilizo la bicicleta y eso provocó que me
cayera fuertemente sobre mi brazo derecho.
Hace unos minutos que estoy tirado con un fuerte dolor en
mi brazo, creo que me lo fracture, intento levantarme, pero el dolor no cede.
El reloj de la vida no se puede detener, se perfectamente
que el tiempo está en mi contra, debo admitirlo es muy difícil que vuelva a
tener esa adrenalina de la aventura de lo que al otro próximo día ha de
proponer, ese proyecto permanente que se sostenía con nuevas metas, con
cuestionamientos y discusiones, con la necesidad de planificar algo por lo que
esforzarme para conseguirlo. Son 75 años, cuando mi viejo tenía esa edad se
sentaba todos los días en una silla mecedora, sobre la vereda de su casa y
gastaba el tiempo en mirar nunca supe bien a que o a quienes.
No quiero eso para mí, necesito seguir teniendo la
emoción de vivir, pero ahora estoy aquí con un brazo roto y con una segura
sentencia que augura un adiós definitivo a mi pasión por andar en bicicleta.
Esa camioneta roja que viene para aquí seguro que es de
Eleodoro Frenchessinni, levanto mi brazo izquierdo para que me vea y se
detenga, dentro de todo he tenido suerte.
Ahora estoy en la guardia del hospital, el dolor hace más
intenso, le dije a Eleodoro que le avisara a Silvia para que me venga a buscar.
El traumatólogo que me atiende tiene un acento extraño,
debe ser venezolano o colombiano, muy gentilmente me dijo que tenía una fisura,
que era un tipo con mucha suerte porque la mayoría de la gente de mi edad
suelen tener osteoporosis y cuando ello sucede las fracturas son frecuentes y
difíciles de curar. Lo mío implicaría el uso de yeso por al menos 2 meses y
luego un tratamiento kinesiológico para recuperar la movilidad del brazo. EL
alma volvió a mi cuerpo cuando me dijo que si todo iba bien en 8 meses podía
volver a andar en bicicleta.
Silvia entro a la sala de guardia totalmente asustada, tenía
lágrimas en los ojos y cuando me vio no podía pronuncia una sola palabra, me
abrazaba y lloraba sin parar.
Cuando pudo recuperarse ensayo una especie de reto,
diciéndome que yo no podía seguir haciendo las cosas que hacía cuando era
joven, que la bicicleta era un peligro para mí, que me podría haber roto la
cabeza o la cadera y una serie de cuestionamientos que casi no escuche o no
quise escuchar
Mientras veía sus labios moverse y sus lágrimas caer
imaginaba que los próximos meses serían muy difíciles para mí.
Hace un mes que estoy con este maldito yeso, tener un
yeso en un brazo es una cosa incomoda, pero tenerlo en verano es algo que no se
lo deseo a nadie. Hace un par de semanas que ya no discuto con Silvia sobre mi
responsabilidad en el accidente con la bici, decidí cerrar la discusión porque
es inútil que entienda que es lo que me está pasando, estoy entendiendo que
convivir con alguien durante tantos años no implica que tengamos una buena
comunicación, y aquí quiero detenerme en mis miedos y mis errores.
Miedos de no decir lo que realmente me pasa y enfrentar
cualquier discusión, aunque duela, y errores de dejar que las cosas transcurran
sin resolverlas, somos personas mayores y lo que no resolvimos en tantos años
¿porque lo podremos resolver ahora?
Mi hija es ciertamente cómplice de su madre y no deja de
darme sermones de cuidados varios como si fuese un discapacitado, ¿cómo
explicar lo que me pasa? y que me entiendan, como explicarle que lo único que
tengo en la cabeza es la necesidad de recuperarme para volver a sentir la
libertad de elegir que va a suceder el día próximo y no entregarme a la tibieza
de esperar que el tiempo me imponga el fin.
Ayer me sacaron el yeso, que alivio que siento, aunque mi
brazo parece haber perdido toda su musculatura, el medico ya me dio el alta y
ahora solo queda recuperar lo perdido con varias sesiones de kinesiología, por
suerte la prepaga me asigno a una kinesióloga que trabaja en un centro de
recuperación no muy lejos de casa.
Aquí estoy sentado en una camilla del Box 5, esperando al
Angela la Kinesióloga que me va a atender. Angela corrió suavemente la cortina
de ingreso al box y me saludo muy cordialmente, su sonrisa es cautivante y sus
ojos verdes hacen juego con el ambo ajustado que denotan perfectamente la
curvatura de su cuerpo, estimo que ha de tener unos 50 años, no me animo a
preguntar, pero su simpatía me propone un fluido dialogo que se basa en lo que
me había pasado, rápidamente armo una rutina de ejercicios, que comenzaron con
una serie de masajes sobre la zona afectada
Admito que es la primera vez en muchos años que una mujer
que no sea Silvia acaricia mi cuerpo, y por cierto se siente muy bien. Ella
aclara que serán 10 sesiones pero que en la mitad del tratamiento ya me iba a
sentir mucho mejor. Me entrego una fotocopia en donde se explicaban los
ejercicios que debería hacer en casa y preparo el cronograma de las 9 sesiones
restantes. Básicamente debo venir martes y jueves durante un mes y medio
Es mi segunda sesión y aquí estoy nuevamente en el Box 5
esperando a Angela, quiero que me felicite porque hice todos los ejercicios que
me dio. Ella corre la cortina y me saluda con un beso en la mejilla, me encanta
su perfume y su piel suave. Me mira con esos ojos grandes que irradian
felicidad buscando que yo le comunique alguna novedad, le comento que cumplí al
pie de la letra el programa suministrado.
Angela observa detenidamente la zona afectada por la
fisura, y me hace una devolución indicando que ya comienza a desarrollarse
musculatura, es un muy bien felicitado para mi humilde apreciación. Ella vierte
un gel, ciertamente frio sobre el brazo, y comienza con los masajes que van
desde la muñeca casi hasta el hombro, se impone un silencio infinito mientras
me vuelvo a sentir hombre. Tengo miedo de sufrir una erección y que ella se dé
cuenta, eso sería un gran papelón que creo no soportar
En el fondo de casa arme un pequeño gimnasio con algunas
pesas y mancuernas, la bicicleta fija y un par de barras de esfuerzo, disfruto
hacer los ejercicios y notar que cada día me siento mejor. Por las tardes
salimos a caminar junto a Silvia, la pasamos bien pero nunca hablamos de lo que
deberíamos hablar, me cuesta muchísimo decirle que necesito hacerle el amor,
que estoy descubriendo que aún conservo ese apetito sexual que me carcome el
cerebro. ¿Me estaré volviendo un degenerado? O simplemente el pequeño contacto
con Angela despertó mi lívido oxidado, no lo puedo asegurar, pero es como que
me siento más joven.
Cada noche mientras abrazo a Silvia espero que ella me
haga un sencillo gesto o una pequeña caricia, me conformo con muy poco. Sin
embargo, todo se ha transformado en un cumulo de rutinas que solo incrementan
mi insomnio permanente
La sonrisa de Angela diluye cualquier tristeza, me conto
que tiene 2 hijos y que hace 10 años esta divorciada, que ama su profesión y
que le gustaría tener nietos, aunque ninguno de sus hijos está pensando en
hacerla abuela por el momento. Durante el tiempo de la sesión charlamos mucho,
ella no tiene problema en contarme lo que le pasa, lo que le gusta, lo que no
le gusta y lo que la divierte. Siento que mi sentido del humor le cae bien, nos
reímos mucho y creo que soy un buen paciente para ella.
Hoy es mi última sesión de kinesiología, me siento
realmente muy bien, recupere prácticamente toda la masa muscular del brazo
herido y estoy listo para volver a subirme a una bicicleta. Siento cierta
tristeza en saber que quizás no vuelva a ver a Angela, y pienso que a ella le
debe estar pasando lo mismo, gracias a ella volvía a sentir algo que hacía
mucho no sentía, nos saludamos con un fuerte abrazo, nos pasamos los teléfonos,
ella me dijo hasta pronto y yo le replique: ¡tan poca fe me tenes que crees que
voy a volver nuevamente!
Hace 2 semanas que volví a andar en bicicleta, lo estoy
haciendo con mucho cuidado, hace 2 semanas que Silvia no me habla porque me
dice que soy un irresponsable al arriesgarme nuevamente a tener un accidente.
Ya no me importa discutir con ella ni con mi hija, soy feliz cuando el viento
pega en mi cara mientras pedaleo y pedaleo
Ayer le escribí un mensaje a Angela, con la excusa de que
sentía un cierto dolor en la zona del brazo fisurada comenzamos a chatear,
ahora son las 11 de la noche y no puedo dejar de mensajearme con ella, una cosa
llevo a otra y a otra, y terminamos escribiendo como dos adolescentes. Esto me
divierte mucho, me siento pleno, no reímos mucho, ella tiene una forma de decir
las cosas tan directa tan sincera que me lleva a ser totalmente franco con
ella.
Es la primera vez en mi vida que puedo tener un dialogo
con una mujer, sin sentir vergüenza o pudor y no temo decir lo que siento en
este preciso momento y pienso que a ella le pasa lo mismo.
Paso un mes desde que comenzamos a chatear con Angela,
estoy comenzando a sentir algo que se podría definir como felicidad. A 75 años
teniendo una relación clandestina, me parece una vivencia extraída de mi
imaginación, pero es absolutamente real y totalmente consensuada por ambos,
quizás algo utópica porque difícilmente esto pueda terminar bien.
La lluvia de ayer fue un bálsamo para hacer que los
caminos rurales no se tornen en un colchón de polvo difíciles de transitar, así
es mas placentero pedalear, los maizales se ven gigantes y llenos de choclos,
hay un lote lleno de girasoles que parecen mirarme mientras bajo la velocidad,
este paisaje merece una foto. He aquí donde comienza lo que pensé que podría
llegar a pasar, me doy cuenta que mi celular quedo en casa y que Silvia ya se
ha dado cuenta que no lo llevo encima, porque suele llamarme 2 o 3 veces
mientras hago mi circuito
Estoy por entrar a mi casa, y veo algo extraño en el
parque, un par de valijas y una pila de ropa amontonada sobre una de ellas, al
acércame me doy cuenta que es mi ropa, toda mi ropa, y como punto culminante mi
celular
Silvia no paraba de llorar e insultarme, se sentía una
cornuda, no podía entender como yo, después de 50 años de matrimonio, la podía
engañar, entre sus insultos me tildaba de viejo verde, de adolescente tardío y
no sé cuántas cosas mas
Cualquier explicación fui inútil, tanto Silvia como mi
hija no quisieron escucharme, no entendieron eso de las fantasías virtuales ni
de meta personajes digitales, ahora soy un traidor de la paz familiar, de la
rutina costumbrista de una típica familia pueblerina donde la vida transcurre
sin novedad cada minuto de cada hora de cada día, soy el malvado, el
responsable de la vergüenza familiar
Como pude olvidarme el celular en casa, como no se me
ocurrió ponerle una contraseña que Silvia no supiera, como pude dejar que mi
estupidez venciera la tranquilidad del soporte cotidiano, como explicarle a
Angela lo que paso si nunca fuimos amantes ni mucho menos, al fin y al cabo, somos
simples confidentes de vida de lo que nos pasa y no nos animábamos a contar.
Aquí estoy, solo en un departamento que me presto un
amigo, la soledad me duele, son 75 años, es como reiniciar, pero con poco
margen para andar.
Silvia no tuvo piedad, no me dio nunca la mínima chance
de explicar lo que había pasado, apenas pude recuperar el resto de mi ropa y la
bicicleta, mil veces le dije que la amaba con toda mi alma, pero su orgullo mal
herido era infranqueable
Hace 3 meses que vivo solo, alquile una casa con un
pequeño parque, por las mañanas cuando el clima lo permite salgo a andar en
bici, lo hago por 2 o 3 horas, en ese tiempo solo pienso en disfrutar cada
metro recorrido. A la tarde me viene a visitar Angela, en este último tiempo he
descubierto que puedo ser un buen amante, ahora cada día es un nuevo desafío
que me invita a descubrirlo con mucha pasión, a veces Angela me acompaña en mis
bicicleteadas matinales. Solo los domingos me invade la melancolía familiar,
hace mucho que no se nada de Silvia ni de mi hija, pero no pienso seguir
insistiendo por algo se dan las cosas, al propósito ya no sufro insomnio.
Por suerte hoy es
lunes y la pantalla de mi celular se acaba de iluminar, es Angela, que bella es
su foto de perfil, pero personalmente es mucho más sensual, en un rato me pasa
a buscar, no se lo que haremos hoy, justamente eso es lo interesante, la vida volvió
a tener la incertidumbre que necesitaba, ya no necesito aferrarme a un grato
recuerdo y lo mejor de todo es que, mañana, mañana será otro día.
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