martes, 1 de octubre de 2024

CAMINAR HACE BIEN

 

Dicen que caminar hace muy bien a la salud, algunos médicos sostienen que para lograr un buen estado físico hay que hacerlo al menos 40 minutos por día.

Muchas personas han manifestado que caminar periódicamente suele tornarse ciertamente aburrido, aunque munidos de un par de auriculares para escuchar buena música se hace mucho más agradable.

Caminar a un ritmo determinado, respirando profundamente, tratando de integrarte a un entorno que si bien lo transitas no lo percibís, lo miras sin mirar, parecería que lo que cada día recorres es un escenario montado con el simple motivo, el de darle un marco a una actividad muy personal, y porque no, solitaria.

Caminar 40 minutos, todos los días, repitiendo un circuito que no tiene alteraciones, en donde podes llegar a reconocer cada baldosa, cada obstáculo o cada dificultad que el trayecto presente.

Pero un día, un día cualquiera, se te ocurre mirar a tu alrededor y descubrís que mientras caminas a tu lado hay personas y así, en un instante, lo que parecía aburrido y monótono ahora se torna entretenido e interesante

Adelante mío veo una pareja de jóvenes, supongo que deben tener entre 20 y 25 años, van agarrados de la mano, ella le dice algo al oído y él se ríe, unos segundos después ella le da un beso en la mejilla, él la mira con cara de sorprendido y la abraza fuertemente.

Miro a la derecha y veo sentado en un banco a un señor mayor, muy canoso y con un rostro que denota los años transcurridos, tiene apoyada sus dos manos sobre un bastón, su mirada perdida o dirigida a un punto difícil de apreciar, supongo que es un jubilado, quizás sea viudo, imagino que ha sido un empleado de alguna empresa estatal, no hay nada que me permita asociarlo a ello, pero es una simple impresión. Por su expresión siento que está muy solo y sin ganas de intentar nada nuevo, hasta parece entregado a lo que el tiempo determine, seguramente no tiene hijos. Desearía saber lo que piensa, pero su expresión no permite interpretar ningún pensamiento.

Sigo caminando, creo que ya van 15 minutos, llego a una esquina en frente hay una plaza, allí veo a cuatro chicos jugando a la pelota, ¿Por qué será que siempre el más gordito va al arco? A unos metros de ellos unas madres con sus hijos chiquitos en el sector de juegos, entre ellas hay un dialogo constante, imagino que deben hablar de lo que hacen sus pequeños, o de lo difícil de la situación del país, o quizás, porque no, de porque los hombres colaboran tan poco en la crianza de los niños. A una de ellas se la ve muy arreglada, supongo que está separada y a la otra con una ropa de fajina como recién salida de hacer los quehaceres domésticos, no dejan de hablar sin quitar la vista de sus hijos, no creo que a ninguna de ellas le interese lo que le pasa a la otra, la charla es un remedio que descarga una catarsis de sentimientos que alguien necesita expresar pero que al otro no le interesa escuchar.

Avanzo unos 20 metros y veo a 3 operarios de la compañía eléctrica pasando unos cables por un ducto subterráneo, son jóvenes y de buen aspecto físico, mientras hacen su tarea discuten sobre los resultados de los partidos del fin de semana, el más alto debe ser hincha de boca porque tiene un gorra con los colores azul y amarillo, pero además recibe todas las cargadas de sus compañeros ante la derrota en último partido.

Dando vuelta en la esquina alcanzo a ver la Iglesia de la sagrada familia, hay un gran número de autos, estacionados en su frente, voy en esa dirección y allí casi al llegar lo veo al cura consolar a una familia, tristeza, dolor y angustia era lo que se dejaba percibir, el coche fúnebre en marcha, cubierto de flores y la vida misma mostrando que en tan solo unos metros se puede convertir en muerte

Continuo mi marcha ya van casi 30 minutos y veo salir del Jardín de infantes a no menos de 100 niños, los padres tratan de ponerse adelante para que sus hijos los puedan ver, detengo mi mirada en una pequeña niña que muestra en sus mejillas unas largas gotas de lágrimas vertidas por no encontrar a su madre, la señorita le sostiene una de sus manos hasta que las lágrimas se hacen sonrisas al ver llegar a la demorada mama.

Sigo avanzando, Intento elongar el gemelo izquierdo, siento que un calambre está por llegar, apoyo la punta del pie sobre la pared de un edificio de departamentos que está a mitad de cuadra, inicio la maniobra de estiramiento, al levantar la cabeza veo a un grupo de adolescentes totalmente compenetrados en sus pantallas de celulares, el accionar de los dedos pulgares supone un constante cambio de reels de infinitas propuestas de Influencers que ofrecen desde clases de Gym hasta trucos de magia.

Hago una pausa, intento respirar profundamente nuevamente, mientras deseo entender lo misterioso que es este camino donde todo transcurre al mismo tiempo, el amor, la desesperanza, la despreocupación, la muerte, la alegría, la insatisfacción, todo sucediente en esos pocos minutos que pasaron desde que comencé a caminar

Retorno a mi ritmo de caminata, solo me quedan 5 minutos, ¿Qué más queda por ver?

Por fin entiendo que soy una pequeña partícula en un infinito mundo de sucesos que ocurren y seguirán ocurriendo alrededor mío y al mismo tiempo, yo mientras tanto camino y camino, pero ahora puedo ver.

Al propósito ya cumplí los 40 minutos, a elongar un poco más, así no duelen los músculos, no parece tanto, pero en solo 40 minutos puede pasar la vida misma, es cuestión de prestarle atención para poder verla y darse cuenta que caminar hace bien a la salud

martes, 10 de septiembre de 2024

EL METODO MARMANI

El cachorro tenia destino de ser un buen perro de caza, su instinto a la hora de realizar un rastreo era ciertamente eficaz, podía recuperar una presa abatida sin necesidad de realizar un entrenamiento, era un extraordinario ejemplar de Branco Alemán de pelo duro. Por ser cachorro su porte presuponía un adulto con un futuro promisorio.

Omar había puesto todas sus esperanzas en este nuevo ayudante, quien seguramente en no mucho tiempo sería un socio ideal de jornadas de caza que sostenían su pasión profunda por algo que a él no le gustaba llamar deporte, el Branco era todo un hallazgo que lo llenaba de orgullo, principalmente porque nadie tenía un Branco como perro de caza y porque en cierta manera él había sido su entrenador desde el mismo momento del destete

Aquella mañana de otoño, Omar descendió lentamente por la escalera hacia el sótano, encendió la luz que estaba sobre el gran armario de metal y con una llave pequeña abrió el candado para de esa manera dejar a la vista su pequeño arsenal. Miro pausadamente de izquierda a derecha tratando de encontrar su Escopeta Remington 870 calibre 12, detrás de una Carabina Winchester Calibre 22, la encontró, la saco con cuidado y tomo una caja de cartuchos, para luego volver a cerrar la puerta y poner el candado

Frente a su casa estaba en marcha la Ford F100, en la caja estaba el cachorro con la lengua a fuera y con su cola a todo movimiento como demostrando la alegría que tenía al ver a su amo listo para salir

En menos de una hora ya estaban en el campo, en las cercanías de Santa Clarita. Omar llevaba puesto unas botas de cuero de caña completa color marrón, una camisa camuflada con varios bolsillos y un ancho cinturón donde se dejaban observar los 20 cachuchos de calibre 12mm, al bajar de la camioneta el Branco pego un salto y salió corriendo rápidamente para el centro del campo, Omar se detuvo por un instante como queriendo orientarse para que lado había salido, a no más de 40 metros lo ve quieto, estaba como petrificado con sus orejas paradas y su cola recta, tratando de no hacer ruido, cargo la escopeta y extendió el gatillo hacia atrás mientras recorría los últimos metros para llegar junto a su cachorro, muy lentamente fue poniendo en posición de disparo a su arma, señal suficiente para que el perro dejara su postura estática y comenzara una frenética marcha hacia el pajonal que estaba enfrente a ellos.

En un instante 4 perdices despegaron en vuelvo rasante como queriendo escapar de la inminente amenaza, Omar las fue siguiendo sin que le temblara el pulso, la mira ya había enfocado al objetivo y con un disparo exacto derribo a dos de ellas, el estallido del cartucho rompió el silencio profundo de la llanura. Al girar su cabeza observa que el cachorro volvía hacia el con la cola entre sus patas y las orejas caídas, se lo veía como asustando, pero a los pocos segundos recupero su semblanza y continúo caminando junto a su amo.

Unos minutos después del Branco volvió a marcar una presa, Omar recargo la escopeta y enfoco la mira en la dirección marcada, el perro corrió directo hacia ese lugar y en un instante otra perdiz tomo vuelo rasante justo en dirección opuesta, la detonación del cartucho fue instantánea rompiendo el silencio aparente que ya había invadido nuevamente la llanura del campo, unos segundos después el cachorro vuelve presuroso del pajonal, con la cola entre las patas y con una expresión temerosa. A Omar ya no le importo si había dado en el blanco, solo se concentraba en la figura de su cachorro, había algo que no le gustaba. Un perro de caza jamás debía mostrar temor ante una detonación, esa sería una falla gravísima imposible de subsanar y por lo tanto anularía toda posibilidad que el cachorro pueda ser utilizado para esas tareas.

Omar Marmani siempre ha sido un hombre pragmático y se ha especializado en generar soluciones concretas y agudas, su postura ante la vida ha sido muy clara, si algo no sirve ¿para que seguir con ello? Es por eso que el fracaso en el entrenamiento de su perro de caza no era perdonable, su didáctica había sido perfecta pero el animal por una rara circunstancia no serbia como cazador y si no servía como cazador no servía para nada, en la idiosincrasia del pensamiento Marmani

Su escopeta fue girando lentamente hasta enfocar el rostro del perro asustado, un lagrimón se escurrió presuroso por el rostro de Omar mientras el gatillo castigaba el fulminante del cartucho para dar fin a la vida del Branco

Difícil es entender que ello no haya sido un asesinato, pero para Omar era un acto de la Naturaleza llamada a dar corrección, para que vivir si un fin ya no se justificaba su existencia, un sacrificio necesario y valiente

El método Marmani solía ser una forma de ver las cosas, absolutamente extrañas para el resto de los mortales, pero evidentemente necesaria para dar solución inmediata ante cualquier circunstancia

Creo que fue en el campo de los Auyeris, era un domingo de verano, el asado estaba casi listo, debajo del paraíso el calor se podía soportar, la mesa estaba dispuesta en todo el margen de la sombra, 8 comensales, 8 sillas, 8 platos y sus correspondientes utensilios, la parrilla repleta de rica carne y una tira de chorizos perfectamente dorados de ambos lados. Omar conversaba con el asador mientras sostenía un vaso de vino con la mano izquierda, un poco más allá los otros participantes charlaban tranquilamente sentados a la mesa. El asador dio las instrucciones para que todos se preparen porque ya salía la comida, giro por unos instantes su cabeza para observar en donde apoyar la bandeja con todas las achuras que darían por inaugurado el almuerzo

Fue todo muy rápido, nadie se había percatado que el perro de los vecinos miraba intensamente los trozos de carne recién cortados junto a los chorizos, las morcillas y los chinchulines.

La velocidad del can fue realmente admirable, de un salto tomo uno de los chorizos y salió corriendo con la tira completa, unos 6 chorizos atados en formato de hilera.

El único que se percató de la acción fue Omar, que en un acto reflejo saco su cuchillo, sujeto en la parte de atrás de su cintura, y de un certero lanzamiento dio justo en el lomo del animal que unos metros después cayo inerte en el piso. Omar camino hacia él, recogió la tira de chorizos, la limpio un poco y la volvió a poner sobre la parrilla

El resto de los comensales miraban atónitos, se generó un tenso silencio, hasta que Omar propuso volver a comer

El método Marmani fue haciéndose famoso por los pagos de Santa Clarita, como suele suceder en estos casos las historias relatadas se van haciendo cada vez más extraordinarias hasta transformarse en mito

Se escucharon relatos diversos: Que dos ladrones quisieron entrar al campo de Marmani y al cruzar el alambrado recibieron dos disparos en la cabeza con tanta precisión que ambos disparos dieron en el mismo lugar del cráneo, los mismo trascendidos sostienen que los cadáveres están enterrados en algún lugar del campo.

Que un día volviendo de trabajar en su camioneta por la ruta 5, un camión lo choco de atrás, Omar se bajó para pedirle los papeles a el conductor, parece que este estaba borracho y sin parar de insultarlo, trato de pegarle una trompada, Omar lo esquivo y saco su revolver, el tipo se meo del susto y le pidió perdón, pero Omar le cago a tiros al camión, el borracho salió corriendo y nadie supo nada de él.

Dicen que en un pueblo del interior la policía caminera lo detuvo, le pidió los papeles y como tenía todo en orden comenzaron a buscarle la manera de hacerle una multa, que no tiene el matafuegos reglamentario, que falta la bolsa mortuoria, que el botiquín está incompleto, parece que lo querían coimear, hasta que Omar se cansó y les dijo que todo lo que le pedían lo guardaba en la caja baulera, así que fue hacia atrás de  la camioneta, abrió el candado de la caja y mientras los milicos se cagaban de risa, saco su escopeta del 12 y les apunto a la cara.

Los tipos se cagaron en las patas, le suplicaron que no les hiciera nada, así que Omar los hizo desnudar les saco la llave del patrullero y se fue con su camioneta dejando en bolas y sin movilidad a los policías corruptos, hizo unos metros y freno abruptamente, puso marcha atrás hasta llegar a unos 10 metros del patrullero, se bajó de la camioneta mientras los policías dejaban ver su cara de desesperación, tomo nuevamente la escopeta y casi sin apuntar descargo sus dos cartuchos en las gomas delanteras del patrullero. Puso primera y salió raudamente.

El gato de Doña Porota había desaparecido, alguien dijo que unos días atrás se lo vio cerca de la casa de Marmani, aparentemente parece que el gato intento comerse al canario de Omar, la jaulita estaba colgada debajo de un árbol en el fondo del parque, el tiro le partió la cabeza y lo que quedo del gato termino un metro bajo tierra.

Pero algo que si tenía Omar era su devoción por los amigos, comer un buen asado en compañía de las personas a las que estimaba era su placer supremo, allí se lo veía distendido, sonriente y muy dispuesto a contar sus historias, que por cierto solían ser más sorprendentes que los mitos urbanos que lo identificaban. Por supuesto que Omar siempre asistía a los asados con sus herramientas, el juego completo de cubiertos, una tablita de madera de cedro, una copa y una caja plástica como las que se usan para guardar una perforadora dentro de la cual había una pistola 9 mm cargada y lista para usar

Las historias de Omar fueron tomando más y más fama, algunas eran reales y otras ficticias, pero se fueron replicando por todos lados. Algunos le temían, otros lo respetaban y otros lo idolatraban

Hoy es viernes y parece que viene la suegra de Omar a visitar a la familia, sus amigos están organizando un operativo para secuestrar todo el armamento que tiene Marmani en su sótano, no es que simpaticen con la suegra, pero conociendo a Omar es difícil que él no considere a su suegra como algo absolutamente innecesario y cuando ello sucede ya sabemos lo que puede pasar, algunos lo llaman “método Marmani”.

miércoles, 7 de agosto de 2024

Y UN DIA ME DI CUENTA QUE YA NO ERA LO MISMO

 

El sol brillante del invierno, no contrastaba con el verde del campo de juego, quizás porque no estaba julio, o quizás porque Julio solo podía interpretar que ese milagroso paisaje era un claro signo de felicidad que en forma secreta y cómplice solía compartir conmigo. Sin julio nada es lo mismo, porque es la esencia del futbol de potrero y su entrañable conexión con la amistad. Un día su cadera dijo basta y casi sin despedirse no volvió a mostrar su habilidad en el campo de juego en donde, durante muchos años, cada sábado su sonrisa era una permanente compañía para quienes lo admiramos de corazón.

Y ese mismo día me di cuenta que cuando había que levantar la cabeza para dar un pase ya no estaba Jorge, y si no estaba Jorge quien podría ponerle sobre nombres a los circunstanciales jugadores, algunos emblemáticos como Landucci, Príncipe, arito, Rosarino, Gordo, Batistuta, Pernia, Neurus, Mago, Bubu, Intendente, Quique Wolf, Coppola, Honorio y tantos otros. Y si Jorge hacia un Gol era necesario festejarlo con un grito profundo y ese abrazo de gol que solo el futbolero puede entender. Poco a poco Jorge dejo de venir, quizás porque al mudarse ya no le quedaba cerca la cancha o porque sencillamente los años habían conspirado para bajar su eficacia a la hora de hacer goles o porque muchos de sus amigos más cercanos dejaron de asistir o porque su forma de jugar tenía mucho que ver con disfrutar de un par de horas de desconexión haciendo pases con amigos, o porque no, una conjunción de todas esas cosas

Y si hago una pausa puedo observar que ya no está Gustavo, tuvo la rara ocurrencia de morirse en la cancha, si bien creo que sería lo que cualquier futbolero anhelaría, su partida fue un gran dolor para todos. Había inmortalizado la funcionabilidad del repiqueteo estático, algunos le decíamos Gordo y otros Profe, en realidad si debería resumir su forma de ser sin dudas Gustavo era un Profe, no solo porque era profesor de educación física, sino también porque era un profesor de la vida, tenía un  gran apego con aquellas personas a las que consideraba amigos, era un niño en el cuerpo de un hombre adulto, que disfrutaba enormemente cuando le pegaba con calidad a la pelota y para confirmar su acción era capaz de correr 50 metros para llegar a mi lado y decirme: Que bien le pegue, ¿no?. Sin dudas Gustavo tenía un corazón muy grande y por esas cosas de la vida murió por ello.

Vuelvo a mirar para un costado de la cancha y ya no lo veo a Marcelo, si no está Marcelo es difícil reírse, mas allá de ser un gran medio campista, jugar a su lado era disfrutar de miles de ocurrencias que solo los tipos que tiene una chispa sagrada pueden tener. Junto con Claudio conformaban la Banda del Mal, quizás por sus criticas filosas capaces de crear seudos mensajes, nutridos por una inteligencia y un humor oportunamente acido. Marcelo siempre era el centro de las ocurrencias en los terceros tiempos, su vocación periodística lo transformaba en el interpelador de cada personaje de nuestro grupo.

Claudio comenzó a tener lesiones y más lesiones, no volvió a jugar, y eso que en el momento que jugaba deseabas que no jugase porque nunca querías que te marque, no solo por su sagacidad a la hora de defender, sino también porque utilizaba métodos no convencionales para detener a sus circunstanciales adversarios. Gozaba también del don de la inconformidad permanente sobre el armado de los equipos, más de una vez le brotaba de sus entrañas un ataque de ira como si fuera un cavernícola desplazado y terminaba arrojando la camiseta en el piso para salir de la cancha a paso sostenido. Al no estar Claudio el juego ya no era el mismo.

Un día Quique Wolf se operó de la cadera y no volvió a jugar, otro día Héctor se mudó del barrio y tampoco supimos nada de él. Más adelante el flaco Castro ya no pudo más con sus piernas y no volvió. El capi dejo de venir, una extraña dolencia le impedía volver a jugar y su ausencia fue una forma de despedir al glamour de nuestros encuentros sabatinos.

Mucho más allá en el tiempo, Juan Tagliaferro fue el primero en dejarnos, un emblemático gambeteador, uno de los fundadores del grupo y quien guardaba en excelente estado y brillo la chapa de organizador.

Miguelito el Goma, también se fue del barrio y ya no volvió a participar de nuestros encuentros sabatinos, quizás su cuerpo le jugó una mala pasada o los años lo pusieron en un lugar que él no quería, lo cierto es que de un día para otro perdió la llama de la voluntad para jugar a la pelota.

Es muy difícil conocer un hincha de All Boys, pero yo tuve la suerte de conocerlo a Jorge Obes, todo un mariscal de la defensa, con un talento poco frecuente para pegarle a la pelota, todo un caballero de la vida, y un luchador inclaudicable, hoy ya no viene a jugar, pero estoy seguro que algún día va a volver, lo lleva en sus venas, aunque la salud le jugó una mala pasada, ese partido lo viene ganando, más tarde o más temprano nos volveremos a encontrar.

Charly se entregó muy rápido, quizás sus asuntos personales se impusieron sobre la pasión de la pelota y de un día para el otro, “TODO SE COMPLICO”, resultado genuino de las dificultades económicas de nuestro país y las vicisitudes laborales. 

Bubu era uno de nuestros arqueros, una garantía bajo los tres palos, pero la vida le jugó una mala pasada, primero con el trabajo y después con su mujer quien contrajo una grave enfermedad y fue mellando sus ganas de divertirse. Un tercer tiempo sin bubo era una ofensa para la cerveza y las risas cómplices de quienes disfrutábamos con su presencia y con su muletilla costumbrista “Que no decaiga”. Mirar al arco y no verlo es sentir un enorme vacío.

Y qué decir del Tano Capria, uno de los emblemáticos integrantes de nuestro grupo, el tano además de ser un gran arquero tiene el talento innato de ser un creativo del arte fotográfico, no solo por ser uno de los mejores profesionales del país en estos menesteres sino también por utilizar toda su capacidad para regalarnos momentos de humor infinito en cada reunión anual del grupo. Mirar al otro arco y ya no verlo me causa una sensación muy rara. Debo confesar que siento cierta tristeza que mis amigos, los más cercanos ya no estén cada sábado compartiendo por un momento ese extraño sentimiento de sentirnos niños y de vivir esa pasión inexplicable de jugar al futbol

Y me duele en el alma que no esté JUAN, relatando el partido e insistiendo que era “al primer palo” o que lo ayudemos porque “ya no puede patear”, porque juan era el único de nosotros que alguna vez jugo al futbol de manera profesional y sus historias nos atraían, porque escucharlo era escuchar a un gran tipo. La vida se lo llevo muy joven, quizás él también tuvo la fortuna de despedirse cerca de una cancha de futbol.

Qué decir del loco lindo, inmortalizado como Intendente o Enri, el apodo de intendente seguramente le quedo por preocuparse para que nuestro grupo crezca y se afiance, que tenga sus celebraciones, todas ellas con su animación necesaria, era un showman por naturaleza, capaz de hacernos morir de la risa. Todavía me parece verlo correr como si fuera una flecha por la flanja derecha del campo. Enri siempre fue la rueda de auxilio de cualquiera de nosotros, capaz de transformarse en plomero, gasista, carpintero o benefactor de quien requiera su auxilio, un tipo totalmente desinteresado y presto a dar una mano a quien lo requiera. Nuestro tiempo es finito, pero siempre pensamos que somos inmortales, yo creía que Enri era un inmortal porque simplemente estaba llevo de vida, pero Dios tiene esas cosas que nadie entiende, cuando menos lo esperas te llama y tenes que ir, no queda otra.

Hoy es sábado y aquí estoy, a mi lado el Gallego y Ricardo un poco más allá esta Coppola, que ¡raro que no vino el Príncipe ni Osvaldito!, el partido está por comenzar. Somos apenas cinco los pocos que quedamos, juntos llevamos casi 30 años compartiendo esta pasión inexplicable. Pero ya no es lo mismo, no sé si será el sol que no brilla tanto, ni que el verde del pasto no es tan verde o porque simplemente no lo puedo disfrutar con Julio, o será que veo venir que en no mucho tiempo ya no pueda patear una pelota, es una sensación que nunca viví durante un sábado a la tarde, una mezcla de nostalgia y añoranza, definitivamente hoy me di cuenta que nunca va ser lo mismo.

viernes, 19 de julio de 2024

LA AMISTAD

LA AMISTAD

Durante nuestra vida transitamos caminos que suelen tener ciertas situaciones que sin duda forman parte de la construcción de nuestra propia historia personal. Para algunos esos caminos no ha sido nada fáciles, pero seguramente, las dificultades atravesadas fueron menores cuando al caminar tienes a tu lado a tus amigos

Y así comienza algo que nos ha quedado guardado a fuego en nuestros corazones, desde la misma infancia, desde el mismo momento en que podemos relacionarnos con alguien para el simple hecho de jugar y divertimos. Entonces revisas en tu historia y ves una secuencia de imágenes que están grabados en la memoria de la felicidad.

Aquellos picados en potreros de pastos duros y arcos de trocos de palmera, tardes de bolitas y gomeras, aventuras de capturas de mandarina de lugares prohibidos pero permitidos. Cazadores de mariposas multicolores con arpones fabricadas con ramas de paraíso

Alegrías compartidas de fogatas invernales o de bicicleteadas a lugares por conocer y esa necesidad profunda por ir un poco más lejos

Lluvias sin paraguas y calles inundadas, el barro divertido de un partido memorable donde terminar limpio estaba prohibido

Aquellos aromas que formaron nuestra infancia y que compartimos en el profundo sentido del olfato, que nos han identificado en el tiempo, como olvidar el olor de los tilos o el jazmín cuando comienza el verano, o el de una pelota número cinco recién engrasada, o los azares en primavera, o el de las pizzas calentitas que vendían en el recreo de las diez, o el de la tierra mojada cuando comienza a llover

Y fuimos creciendo, casi sin darnos cuenta, mientras jugábamos a las figuritas, recuerdo que buscábamos la difícil, esa que nos llevaba a llenar el álbum para ganar el premio máximo, la preciada pelota de futbol

En tiempos donde no existía el Google y el ingenio nos invitaba a pensar, pasábamos las tardes diseñando autitos de carrera, inventando sistemas de desplazamiento que utilizaban principios de la física, aplicando diversos tipos de cucharitas, masillas y ruedas que podían transformar a un simple autito de plástico en un extraordinario bólido capaz de alcanzar velocidades indescifrables

La importancia del barrio y sus calles recién asfaltadas, tardecitas de otoño con esquinas de charlas memorables y aquella luz de mercurio que al encenderse alertaba que era hora de volver a casa

Como olvidar el abrazo comunitario, cuando el gol destraba el partido para ganarle al clásico rival, que por cierto generalmente solían ser los chicos del otro grado o en algunos casos los del equipo del otro barrio

Y cuando el verano decía presente y el calor conspiraba contra cualquier actividad al aire libre, surgía la imperiosa necesidad de ir a la pileta del club, oasis perfecto para el disfrute estival, partidos interminables de metegol, que funcionaba con fichas no legales fabricadas con las tapitas de coca cola raspadas contra las baldosas ásperas que bordeaban el buffet

Nunca faltaba el galán que esgrimía su atlética fisonomía desde las alturas del trampolín, tomándose un tiempo de concentración lo suficientemente largo como para que las chicas que estaban en los bordes de la pileta prestaran atención en él

Y el verano transcurría hasta llegar el carnaval y los corsos, surgía entonces la confrontación bélica acuífera que transformaba por una semana a cada uno de los rincones del pueblo en un campo de batalla sin compasiones, aunque seguramente alguna que otra pasión de verano se hacía presente cuando llegaban los bailes y te encontrabas con aquella chica que tanto mirabas en la escuela.

No se cómo paso, pero de un día para otro crecimos, la inocencia y la despreocupación se despidió de nosotros y adquirimos algo muy extraño de entender: La responsabilidad, las obligaciones, el necesario orden de la vida que alguien alguna vez escribió y del que tarde o temprano pasamos a ser parte y así apareció una nueva palabra, ahora somos Adultos

Pero lo extraordinario de todo esto es que lo que vivimos quedo siempre latiendo en nuestros corazones, por eso es que cada tanto volvemos a ser niños, y saben cómo ocurre esto, ocurre cuando nos volvemos a reencontrar con los AMIGOS y aunque en algunos casos pueden pasar años sin vernos, al momento del reencuentro vuelven a nuestra memoria aquellos días que nos formaron y que compartimos en la maravillosa aventura de crecer

Y surge ese abrazo del alma que lo dice todo sin pronunciar una palabra, esa mirada a los ojos que muestra un afecto que se sigue guardado en el corazón a pesar del tiempo, dejando de lado las vanidades y las injusticias, las tristezas temporales y los egoísmos traicioneros haciendo prevalecer esa misteriosa y hermosa aventura compartida “LA AMISTAD”.

viernes, 9 de febrero de 2024

MAÑANA SERA OTRO DIA

 

Me llamo Rodolfo y estoy a punto de cumplir 75, podría definirme como un adulto mayor, pero me siento joven, aunque ciertamente entregado a la rutina

Son las 5 de la mañana y estoy despabilado, hace más de 15 días que me despierto a esta hora, veo a mi mujer dormir plácidamente abrazada a una de las almohadas, intento cerrar los ojos buscando concentración para volverme a dormir, pero no lo logro, mi cabeza parece una autopista abarrotada de vehículos, son como pensamientos que van de un lugar a otro, pero sin avanzar en realidad

Trato de traer a mi recuerdo algún grato momento vivido, pero me cuesta sostenerlo ya que otro recuerdo se superpone con este. Ya son casi las 5:30 hs, todavía es de noche, ahora vuelvo a pensar que el día por venir no ha de ser muy distinto al de ayer.

Faltan dos días para mi cumpleaños, quizás ese sea el motivo de lo que me está pasando, cumplir setenta y cinco no es poca cosa, interiormente siento que empiezo a jugar tiempo de descuento en una vida que no ha sido fácil, pero no me quejo, trate de vivirla lo mejor posible.

Miro para el lado de la mesita de luz y alcanzo a ver el reloj de la radio, ya casi son las 6 de la mañana, por la ventana de la habitación comienza a asomar cierta claridad, creo que el sol sale a eso de las 6:30 en estos días de verano

No quiero rendirme al despabilo, intento nuevamente concentrarme en algún recuerdo lejano de mi juventud, y me imagino andando en bicicleta por los caminos rurales de arrecifes, rodeado de girasoles gigantes, una brisa suave y un rumbo incierto pero apasionante.

Creo que una de las cosas que me causan felicidad es la posibilidad de seguir pedaleando, es como volver a tener 17 años y conservar ese espíritu aventurero que genera la incerteza de no saber hasta dónde llegare.

Y la verdad tener 75 y seguir disfrutando de la bicicleta es una bendición. Vuelvo a girar mi cabeza sobre la Almohada y la veo a Silvia durmiendo profundamente pero ahora siento un ligero ronquido que hace mucho no notaba, la claridad de la mañana por venir me deja apreciarla enteramente, nos llevamos 5 años de diferencia, claro que ella es más joven, perdí la cuenta, pero supongo que hace más de 50 años que nos casamos.

Su rostro es casi perfecto, quizás mis ojos la siguen viendo como cuando tenía 20 años, conserva ciertas curvas que impacientan mi sexualidad. Admito que el roce en la cama con Silvia se había transformado en una rutina que casi no disfrutaba, de hecho, hace más de un año que no hacemos el amor, ahora que lo pienso eso puede ser también motivo de mi insomnio, alguna noche he intentado hacer que recupere su fogosidad de aquellos primeros años de sexo sin descanso, pero toda mi virilidad se derrumba cuando se queda dormida mientras acaricio cada centímetro cuadrado de su piel.

No voy a mentir, pero he consultado muchas veces en internet buscando métodos que me permitan recuperar algo de lo que se pueda recuperar de la sexualidad en nuestras edades, pero he fracasado una y otra vez. También es cierto que con Silvia nunca hemos hablado del tema, quizás porque a ambos nos da vergüenza o porque cuando quiero insinuar algo ella cambia la conversación, decidí no seguir insistiendo. Lo más importante es que la amo, y a esta altura, el sexo no es algo determinante para mí, al menos eso creo

Por un resquicio de la persiana va asomando el primer rayo del sol, por lo que escuche ayer en la tele hoy va a ser un día agradable con una máxima de 25 grados, ideal para salir a andar en bici, es hora de levantarme para aprovechar mejor la mañana.

No quiero que Silvia se despierte, así que salgo muy despacito de la cama, tomo mi equipo de ciclista y salgo rumbo al campo, necesito gastar energías y limpiar mis pensamientos

Hace una hora que voy a una velocidad regular por un camino algo poceado, se nota que hace mucho que no llueve, el polvo hace que el esfuerzo para avanzar se duplique, pero no me importa el día amerita cualquier el sacrificio. La soja va tomando forma y su verde contrasta con el cielo celeste y el camino marrón

La transpiración se apodera de mi cuerpo, me siento algo cansado y es lógico para un tipo de más de setenta, más adelante hay un pequeño monte de eucaliptus y el camino los atraviesa, es como un oasis de sombra, voy a parar a tomar algo de agua. Intento hacer un cambio presionando una de las manivelas que accionan el dispositivo para reducir o aumentar el piñón de la rueda trasera, algo se trabo, vuelto a insistir, pero no logro hacerlo, pero si noto que la cadena se ha salido del plato de la pedalera, fue en ese preciso instante en que una raíz que asomaba del suelo fue a dar directamente contra la rueda delantera, el golpe desestabilizo la bicicleta y eso provocó que me cayera fuertemente sobre mi brazo derecho.

Hace unos minutos que estoy tirado con un fuerte dolor en mi brazo, creo que me lo fracture, intento levantarme, pero el dolor no cede.

El reloj de la vida no se puede detener, se perfectamente que el tiempo está en mi contra, debo admitirlo es muy difícil que vuelva a tener esa adrenalina de la aventura de lo que al otro próximo día ha de proponer, ese proyecto permanente que se sostenía con nuevas metas, con cuestionamientos y discusiones, con la necesidad de planificar algo por lo que esforzarme para conseguirlo. Son 75 años, cuando mi viejo tenía esa edad se sentaba todos los días en una silla mecedora, sobre la vereda de su casa y gastaba el tiempo en mirar nunca supe bien a que o a quienes.

No quiero eso para mí, necesito seguir teniendo la emoción de vivir, pero ahora estoy aquí con un brazo roto y con una segura sentencia que augura un adiós definitivo a mi pasión por andar en bicicleta.

Esa camioneta roja que viene para aquí seguro que es de Eleodoro Frenchessinni, levanto mi brazo izquierdo para que me vea y se detenga, dentro de todo he tenido suerte.

Ahora estoy en la guardia del hospital, el dolor hace más intenso, le dije a Eleodoro que le avisara a Silvia para que me venga a buscar.

El traumatólogo que me atiende tiene un acento extraño, debe ser venezolano o colombiano, muy gentilmente me dijo que tenía una fisura, que era un tipo con mucha suerte porque la mayoría de la gente de mi edad suelen tener osteoporosis y cuando ello sucede las fracturas son frecuentes y difíciles de curar. Lo mío implicaría el uso de yeso por al menos 2 meses y luego un tratamiento kinesiológico para recuperar la movilidad del brazo. EL alma volvió a mi cuerpo cuando me dijo que si todo iba bien en 8 meses podía volver a andar en bicicleta.

Silvia entro a la sala de guardia totalmente asustada, tenía lágrimas en los ojos y cuando me vio no podía pronuncia una sola palabra, me abrazaba y lloraba sin parar.

Cuando pudo recuperarse ensayo una especie de reto, diciéndome que yo no podía seguir haciendo las cosas que hacía cuando era joven, que la bicicleta era un peligro para mí, que me podría haber roto la cabeza o la cadera y una serie de cuestionamientos que casi no escuche o no quise escuchar

Mientras veía sus labios moverse y sus lágrimas caer imaginaba que los próximos meses serían muy difíciles para mí.

Hace un mes que estoy con este maldito yeso, tener un yeso en un brazo es una cosa incomoda, pero tenerlo en verano es algo que no se lo deseo a nadie. Hace un par de semanas que ya no discuto con Silvia sobre mi responsabilidad en el accidente con la bici, decidí cerrar la discusión porque es inútil que entienda que es lo que me está pasando, estoy entendiendo que convivir con alguien durante tantos años no implica que tengamos una buena comunicación, y aquí quiero detenerme en mis miedos y mis errores.

Miedos de no decir lo que realmente me pasa y enfrentar cualquier discusión, aunque duela, y errores de dejar que las cosas transcurran sin resolverlas, somos personas mayores y lo que no resolvimos en tantos años ¿porque lo podremos resolver ahora?

Mi hija es ciertamente cómplice de su madre y no deja de darme sermones de cuidados varios como si fuese un discapacitado, ¿cómo explicar lo que me pasa? y que me entiendan, como explicarle que lo único que tengo en la cabeza es la necesidad de recuperarme para volver a sentir la libertad de elegir que va a suceder el día próximo y no entregarme a la tibieza de esperar que el tiempo me imponga el fin.

Ayer me sacaron el yeso, que alivio que siento, aunque mi brazo parece haber perdido toda su musculatura, el medico ya me dio el alta y ahora solo queda recuperar lo perdido con varias sesiones de kinesiología, por suerte la prepaga me asigno a una kinesióloga que trabaja en un centro de recuperación no muy lejos de casa.

Aquí estoy sentado en una camilla del Box 5, esperando al Angela la Kinesióloga que me va a atender. Angela corrió suavemente la cortina de ingreso al box y me saludo muy cordialmente, su sonrisa es cautivante y sus ojos verdes hacen juego con el ambo ajustado que denotan perfectamente la curvatura de su cuerpo, estimo que ha de tener unos 50 años, no me animo a preguntar, pero su simpatía me propone un fluido dialogo que se basa en lo que me había pasado, rápidamente armo una rutina de ejercicios, que comenzaron con una serie de masajes sobre la zona afectada

Admito que es la primera vez en muchos años que una mujer que no sea Silvia acaricia mi cuerpo, y por cierto se siente muy bien. Ella aclara que serán 10 sesiones pero que en la mitad del tratamiento ya me iba a sentir mucho mejor. Me entrego una fotocopia en donde se explicaban los ejercicios que debería hacer en casa y preparo el cronograma de las 9 sesiones restantes. Básicamente debo venir martes y jueves durante un mes y medio

Es mi segunda sesión y aquí estoy nuevamente en el Box 5 esperando a Angela, quiero que me felicite porque hice todos los ejercicios que me dio. Ella corre la cortina y me saluda con un beso en la mejilla, me encanta su perfume y su piel suave. Me mira con esos ojos grandes que irradian felicidad buscando que yo le comunique alguna novedad, le comento que cumplí al pie de la letra el programa suministrado.

Angela observa detenidamente la zona afectada por la fisura, y me hace una devolución indicando que ya comienza a desarrollarse musculatura, es un muy bien felicitado para mi humilde apreciación. Ella vierte un gel, ciertamente frio sobre el brazo, y comienza con los masajes que van desde la muñeca casi hasta el hombro, se impone un silencio infinito mientras me vuelvo a sentir hombre. Tengo miedo de sufrir una erección y que ella se dé cuenta, eso sería un gran papelón que creo no soportar

En el fondo de casa arme un pequeño gimnasio con algunas pesas y mancuernas, la bicicleta fija y un par de barras de esfuerzo, disfruto hacer los ejercicios y notar que cada día me siento mejor. Por las tardes salimos a caminar junto a Silvia, la pasamos bien pero nunca hablamos de lo que deberíamos hablar, me cuesta muchísimo decirle que necesito hacerle el amor, que estoy descubriendo que aún conservo ese apetito sexual que me carcome el cerebro. ¿Me estaré volviendo un degenerado? O simplemente el pequeño contacto con Angela despertó mi lívido oxidado, no lo puedo asegurar, pero es como que me siento más joven.

Cada noche mientras abrazo a Silvia espero que ella me haga un sencillo gesto o una pequeña caricia, me conformo con muy poco. Sin embargo, todo se ha transformado en un cumulo de rutinas que solo incrementan mi insomnio permanente

La sonrisa de Angela diluye cualquier tristeza, me conto que tiene 2 hijos y que hace 10 años esta divorciada, que ama su profesión y que le gustaría tener nietos, aunque ninguno de sus hijos está pensando en hacerla abuela por el momento. Durante el tiempo de la sesión charlamos mucho, ella no tiene problema en contarme lo que le pasa, lo que le gusta, lo que no le gusta y lo que la divierte. Siento que mi sentido del humor le cae bien, nos reímos mucho y creo que soy un buen paciente para ella.

Hoy es mi última sesión de kinesiología, me siento realmente muy bien, recupere prácticamente toda la masa muscular del brazo herido y estoy listo para volver a subirme a una bicicleta. Siento cierta tristeza en saber que quizás no vuelva a ver a Angela, y pienso que a ella le debe estar pasando lo mismo, gracias a ella volvía a sentir algo que hacía mucho no sentía, nos saludamos con un fuerte abrazo, nos pasamos los teléfonos, ella me dijo hasta pronto y yo le replique: ¡tan poca fe me tenes que crees que voy a volver nuevamente!

Hace 2 semanas que volví a andar en bicicleta, lo estoy haciendo con mucho cuidado, hace 2 semanas que Silvia no me habla porque me dice que soy un irresponsable al arriesgarme nuevamente a tener un accidente. Ya no me importa discutir con ella ni con mi hija, soy feliz cuando el viento pega en mi cara mientras pedaleo y pedaleo

Ayer le escribí un mensaje a Angela, con la excusa de que sentía un cierto dolor en la zona del brazo fisurada comenzamos a chatear, ahora son las 11 de la noche y no puedo dejar de mensajearme con ella, una cosa llevo a otra y a otra, y terminamos escribiendo como dos adolescentes. Esto me divierte mucho, me siento pleno, no reímos mucho, ella tiene una forma de decir las cosas tan directa tan sincera que me lleva a ser totalmente franco con ella.

Es la primera vez en mi vida que puedo tener un dialogo con una mujer, sin sentir vergüenza o pudor y no temo decir lo que siento en este preciso momento y pienso que a ella le pasa lo mismo.

Paso un mes desde que comenzamos a chatear con Angela, estoy comenzando a sentir algo que se podría definir como felicidad. A 75 años teniendo una relación clandestina, me parece una vivencia extraída de mi imaginación, pero es absolutamente real y totalmente consensuada por ambos, quizás algo utópica porque difícilmente esto pueda terminar bien.

La lluvia de ayer fue un bálsamo para hacer que los caminos rurales no se tornen en un colchón de polvo difíciles de transitar, así es mas placentero pedalear, los maizales se ven gigantes y llenos de choclos, hay un lote lleno de girasoles que parecen mirarme mientras bajo la velocidad, este paisaje merece una foto. He aquí donde comienza lo que pensé que podría llegar a pasar, me doy cuenta que mi celular quedo en casa y que Silvia ya se ha dado cuenta que no lo llevo encima, porque suele llamarme 2 o 3 veces mientras hago mi circuito

Estoy por entrar a mi casa, y veo algo extraño en el parque, un par de valijas y una pila de ropa amontonada sobre una de ellas, al acércame me doy cuenta que es mi ropa, toda mi ropa, y como punto culminante mi celular

Silvia no paraba de llorar e insultarme, se sentía una cornuda, no podía entender como yo, después de 50 años de matrimonio, la podía engañar, entre sus insultos me tildaba de viejo verde, de adolescente tardío y no sé cuántas cosas mas

Cualquier explicación fui inútil, tanto Silvia como mi hija no quisieron escucharme, no entendieron eso de las fantasías virtuales ni de meta personajes digitales, ahora soy un traidor de la paz familiar, de la rutina costumbrista de una típica familia pueblerina donde la vida transcurre sin novedad cada minuto de cada hora de cada día, soy el malvado, el responsable de la vergüenza familiar  

Como pude olvidarme el celular en casa, como no se me ocurrió ponerle una contraseña que Silvia no supiera, como pude dejar que mi estupidez venciera la tranquilidad del soporte cotidiano, como explicarle a Angela lo que paso si nunca fuimos amantes ni mucho menos, al fin y al cabo, somos simples confidentes de vida de lo que nos pasa y no nos animábamos a contar.

Aquí estoy, solo en un departamento que me presto un amigo, la soledad me duele, son 75 años, es como reiniciar, pero con poco margen para andar.

Silvia no tuvo piedad, no me dio nunca la mínima chance de explicar lo que había pasado, apenas pude recuperar el resto de mi ropa y la bicicleta, mil veces le dije que la amaba con toda mi alma, pero su orgullo mal herido era infranqueable

Hace 3 meses que vivo solo, alquile una casa con un pequeño parque, por las mañanas cuando el clima lo permite salgo a andar en bici, lo hago por 2 o 3 horas, en ese tiempo solo pienso en disfrutar cada metro recorrido. A la tarde me viene a visitar Angela, en este último tiempo he descubierto que puedo ser un buen amante, ahora cada día es un nuevo desafío que me invita a descubrirlo con mucha pasión, a veces Angela me acompaña en mis bicicleteadas matinales. Solo los domingos me invade la melancolía familiar, hace mucho que no se nada de Silvia ni de mi hija, pero no pienso seguir insistiendo por algo se dan las cosas, al propósito ya no sufro insomnio.

 Por suerte hoy es lunes y la pantalla de mi celular se acaba de iluminar, es Angela, que bella es su foto de perfil, pero personalmente es mucho más sensual, en un rato me pasa a buscar, no se lo que haremos hoy, justamente eso es lo interesante, la vida volvió a tener la incertidumbre que necesitaba, ya no necesito aferrarme a un grato recuerdo y lo mejor de todo es que, mañana, mañana será otro día.