viernes, 23 de octubre de 2020

EL TIEMPO

 

El tiempo, no es simplemente una forma de medir acontecimientos o de establecer parámetros de referencia para contar o celebrar aniversarios, cumpleaños o diversas conmemoraciones.

El tiempo es aquel que se nos escapa en un instante, en un segundo o en un día cuando no lo sabemos aprovechar, quizás no lo valoramos cuando lo tenemos, quizás solo nos damos cuenta que existe cuando ya no lo tenemos y he aquí la vida y su relación con esta rica variable. Y como su relación se estima en función a como aprovechamos  cada uno de los segundos transcurridos

Y entre la vida y el tiempo se desprende una pregunta: ¿Qué es lo verdaderamente importante?

Muchas veces nos planteamos cuantos momentos plenamente felices tenemos en nuestras vidas, seguramente algunos de esos momentos no lo valoramos por la variable tiempo que nos propone mirar lo que ha de venir y nos impide ver lo que tenemos en este preciso momento.

Lo simple, lo trivial, lo loco, lo sublime, la música, un buen libro, la charla con un amigo, un abrazo, una mirada, un sueño, una escucha, un proyecto, una idea, un lugar, respirar simplemente respirar y saber que todo lo bueno está sucediendo ahora.

El tiempo es la variable que debemos saber aplicar para que la vida sea realmente un festejo que valga la pena disfrutar sin mirar el reloj, no podemos transformar esa variable en una constante que altere el equilibrio justo de la felicidad.

domingo, 19 de abril de 2020

EL METEORITO DE CUERO

Este cuento esta especialmente
dedicado a mi amigo de muchas
tardes de fútbol, al Dr Julio Albonico

Y fue galardonado con el cuarto premio organizado por el BANCO SUPERVILLE siendo el presidente del jurado EDUARDO SACHERI , 1ero de Diciembre de 2022





EL METEORITO DE CUERO

Ricardo Escalante no era un virtuoso en eso de jugar a la pelota. Al tipo le costaba dominar el balón y, a la hora de patear, no se podía saber con exactitud si era zurdo o derecho; con cualquiera de las dos que le pegara, lo hacía mal. Pero sí demostraba actitud: no dejaba de correr de un lado para el otro y nunca daba por perdida una pelota, aunque ello implicara que algún tobillo de un circunstancial adversario se viera afectado, como mínimo, con una fuerte inflamación.

 

Demás está decir que, cuando había que hacer la pisadita para armar los equipos, al pobre Ricardo le correspondía la ingrata convocatoria cuando casi no había jugadores para seleccionar. Aunque su principal virtud —y por supuesto no menor— era que él era el dueño de la pelota de cuero con la que acontecían todos los partidos de la canchita del Trébol cada tarde de cada día de la semana a la salida del colegio.

 

Creo que fue un miércoles de octubre. El calorcito de la primavera transitaba pleno, como una invitación permanente al disfrute de un buen partido de fútbol. Un día soleado donde la canchita comenzaba a recuperar el verde que casi había desaparecido durante el invierno. De a poco fueron llegando los jugadores prestos a disputar el clásico contra nuestros eternos rivales, el equipo del barrio Los Cardos. Casi estábamos todos, pero faltaba Ricardo, y si faltaba Ricardo no había pelota; y si no había pelota, menos habría partido.

 

Cachito Santos se ofreció para ir a buscarlo. Ricardo vivía al lado de su casa, a solo dos cuadras de la canchita. Cacho salió raudo en su mini roda con antena de auto y flecos, dispuesto a cumplir su misión: traer a Ricardo y su pelota. No habrán pasado más de diez minutos cuando observamos llegar a Cacho extremadamente agitado y con cara de preocupación.

 

—Ricardo está enfermo —nos dijo—. Lo llevaron a internar al Hospital Posadas. Me dijo la prima que le agarró una parálisis y salieron rápido para allá.

 

En ese momento nos dimos cuenta de que ya no importaba la pelota de Ricardo. A todos nos preocupaba que a nuestro amigo no le pasara nada.

 

A los quince días Ricardo volvió a su casa. Había sufrido una extraña enfermedad que afectaba su sistema nervioso, haciendo que sus músculos no tuvieran la fuerza necesaria para sostener su cuerpo. Ahora debía emprender una recuperación de mucho tiempo para volver a hacer su vida normal. Esa misma tarde lo fuimos a visitar y nos impactó verlo en una silla de ruedas junto a su tesoro más grande. Allí estaba, aferrado a su pelota de cuero como si fuera un talismán que le iba a devolver su salud maltrecha para volver a hacer lo que más le gustaba: jugar a la pelota.

 

Ricardo tomó su tesoro y lo ofreció a modo de agradecimiento por nuestra preocupación y acompañamiento, diciendo que si su pelota jugaba con nosotros él estaría presente de alguna forma en esos partidos.

 

Oscar Spinelli, nuestro mejor jugador, le dijo que de ninguna manera podíamos aceptar su ofrecimiento porque esa pelota solo debía volver a rodar en nuestra canchita cuando un tal Ricardo Escalante retornara junto a ella para mostrar su exquisito talento.

 

El escueto discurso de Oscar fue realmente emotivo, aunque se le fue la mano cuando habló de “mostrar su exquisito talento”. Pero entiendo que era una forma de generar en él una necesidad de superación para forzar su pronta recuperación.

 

Ricardo había demostrado ser una persona perseverante: sus objetivos se lograban en base a mucho esfuerzo propio y a una gran decisión de querer llegar a cumplir sus sueños.

 

Cada día pasábamos por su casa para ver cómo estaba, principalmente para darle aliento; pero él nos sorprendía mostrándonos que estaba dispuesto a todo con tal de volver a jugar a la pelota.

 

Su padre le había armado una especie de gimnasio con distintas máquinas rudimentarias que le permitían fortalecer sus músculos. Pero lo más formidable era lo que él denominaba “pateo pared”: un extraño arnés que se sujetaba de las vigas del techo del galpón donde guardaban las herramientas. Ese aparejo armado con sogas y roldanas permitía que Ricardo quedara parado para poder ensayar remates con su pelota contra un frontón de ladrillos. La pelota estaba atada con una muy fina piola y, mediante un sistema de resortes, cada vez que era pateada volvía a su punto de origen.

 

A Ricardo le fascinaba ese curioso aparato que había diseñado su padre porque sentía que cada día le pegaba más fuerte y con más precisión al balón.

 

Por otro lado, desde aquel fatídico día en que Ricardo se había enfermado, nunca más pudimos volver a ganarle a los asquerosos y arrogantes pendejos de Los Cardos. Cada partido se hacía más caliente y, a pesar de que teníamos mejores jugadores, esos turros siempre nos ganaban. Cachito sostenía que era porque no jugábamos con la pelota correcta y Oscar decía que éramos todos unos morfones y no le hacíamos un mísero pase.

 

En uno de esos partidos lo trajimos a Ricardo para que nos viera desde su silla de ruedas. Aquel día volvimos a perder, y las gastadas no paraban de castigar nuestro orgullo de defensores del honor del barrio San Francisco.

 

El Pepe Farías, capitán de Los Cardos, terminó de clavar el puñal de la arrogancia cuando nos dijo:

 

—No vamos a jugar más contra ustedes. ¿Para qué? Si ya sabemos cuál va a ser el resultado —largando una carcajada digna de ser borrada con una buena piña.

 

Ricardo, que hasta ese momento no había dicho nada, se plantó con dureza y les dijo:

 

—Ya que ustedes son unos genios y ganan siempre, les hago una apuesta: en quince días jugamos un partido. Si ganan ustedes, se llevan mi pelota; y si ganamos nosotros, nos dan los arcos de su cancha.

 

El Pepe lo miró con lástima y respondió:

 

—No me gusta apropiarme de la pelota de un inválido, aunque tus amigos son más inválidos que vos.

 

Ricardo ni se inmutó y refutó:

 

—O sea, ¿tenés miedo de perder esos hermosos arcos de madera que tienen en su cancha? ¿O realmente son cagones que, cuando hay algo en juego, arrugan?

 

El Pepe, ahora más que nunca con cara de pocos amigos, respondió:

 

—En quince días volvemos y nos llevamos tu pelota. Lo lamento por vos.

 

Ricardo nos había dado una lección. Todos sabíamos que debíamos defender esa pelota a como diera lugar, no solo por nuestro amigo sino también por nuestro orgullo y nuestro barrio.

 

Teníamos quince días para entrenar, para preparar el partido y, sobre todo, para mentalizarnos de que podíamos ganarlo.

 

Cada tarde íbamos a visitar a Ricardo. Como siempre, estaba en su singular gimnasio donde progresaba en su recuperación, todo sostenido en los nuevos aparatos que ayudaban a sus músculos a fortalecerse sin pausa.

 

El día del partido llegó. Habíamos hecho una gran preparación. Sabíamos que, si respetábamos todo lo que trabajamos en esos quince días, teníamos que ganar, salvando de esa manera el tesoro de nuestro amigo, ganando unos nuevos arcos para nuestra cancha y recuperando principalmente el honor perdido en tantos partidos.

 

Cachito pasó a buscar a Ricardo y, mientras lo traía en su silla de ruedas, observó que en su regazo llevaba la pelota perfectamente engrasada. La iba acariciando como quien acaricia a su mascota. Al llegar a la cancha, lo miró fijo a los ojos, le ofreció su tesoro y le dijo:

 

—Hoy tienen autorización para descocerla. Vas a ver que nunca vamos a olvidar este día.

 

El partido se presentaba como todos los que se habían jugado anteriormente: muy disputado. Ellos no te dejaban espacios para jugar y lo tenían al pescador de Pepe Farías que, donde tenía un hueco, te vacunaba.

 

Antes de terminar el primer tiempo, Marito Sánchez le puso un pase en cortada al flaco Spinelli y este, a puro talento, le hizo un caño a un defensor y remató con un potente zurdazo que entró en el rincón inferior derecho del arco de Pancha López para ponernos a ganar 1 a 0.

 

En el entretiempo todo era alegría. Disfrutábamos más viendo la cara de culo del Pepe Farías que de nuestra propia ventaja.

 

Al comenzar el segundo tiempo, el cuatro de ellos le entró fuerte al flaco Spinelli y, desde ese momento, no pudo volver a pisar bien. Al toque, en un rechazo, le quedó la pelota a Farías y este, de un viandazo, le perforó la red al lungo Martelli. Uno a uno y nosotros con un jugador menos, porque el flaco ya no podía caminar.

 

Faltando quince minutos, Cachito lo quiso parar a Farías y le hizo un claro penal que ni daba para discutirlo. Lo pateó el propio arrogante Farías y fue gol. Perdíamos 2 a 1 y la bronca nos generaba impotencia. Antes de recomenzar el partido, veo que Ricardo se incorpora de su silla de ruedas y comienza a hacer señas.

 

—¡Cambio, cambio! ¡Entro por Spinelli! —dijo a los gritos.

 

Mientras todos mirábamos asombrados, como si estuviéramos asistiendo a un momento bíblico, Ricardo no solo caminaba sino que volvía a jugar al fútbol. El flaco lo miró como si viera un fantasma y, casi arrastrándose, salió de la cancha.

 

Yo salí corriendo al encuentro de Ricardo.

 

—No puedo creer que estés caminando. ¡Dejate de joder con jugar! A ver si te lastimás y desperdiciás todo este tiempo de recuperación.

 

—Andá a jugar de defensor y marcá bien a Farías. En donde te quede una pelota, me la tirás. Solo te pido eso.

 

Me habló como si fuera el capitán del equipo, con una enorme convicción y una firme determinación.

 

En la primera pelota que le llegó me asombró ver de qué manera la paró. Era un pase forzado, a cierta altura. Levantó su pierna como si fuera un contorsionista de circo y la durmió en su empeine. La pisó, como amasándola, mientras el dos de ellos trataba infructuosamente de sacársela. Y, cuando el tipo se cayó después del tercer amague, le metió un furibundo derechazo que infló la red sin que el arquero se percatara de que la pelota le pasó entre las manos.

 

Corrimos todos a abrazarlo. Creo que hicimos una montaña humana tratando de no tocarle ningún músculo de todos los que había recuperado. Ricardo lo gritaba como un gol de un mundial. Ahora estábamos 2 a 2 y nos quedaban cinco minutos para ganar ese partido.

 

Cuando ya terminaba el tiempo reglamentario, el rulo Escurra lo tomó de la camiseta a Eugenio, el siete nuestro. Tiro libre: se pateaba y se terminaba el partido. El propio Eugenio acomodó la pelota. Era nuestro mejor especialista en estos menesteres.

 

Cuando contó los pasos para la distancia de la barrera, vi a Ricardo decirle algo. El silbato indicó el inicio del fin del partido. Eugenio salió corriendo hacia donde estaba el balón; cuando llegó a destino, lo esquivó como quien ve una mina antipersonal y, atrás de él, llegó Ricardo, como quien no quiere la cosa, y le pegó con un ligero chanfle, con mucho efecto. La pelota tomó vuelo, girando sobre su propio eje, entendiendo el mensaje que su propio amo acababa de darle. Mientras se alejaba de su botín, disfrutaba de los varios pares de ojos que la observaban, algunos sufriendo por no saber hacia dónde iba y otros rogando que no fuera hacia donde podía ir.

 

Solo Ricardo sabía que esa pelota tenía un único destino. Había sido quien lo acompañó en todos esos días de angustia, pero de perseverancia también. Esa pelota ya era parte de él: era su amiga, su confidente, su talismán que haría que cualquier cosa fuera posible.

 

Cuando la gravedad la invitó a descender, no sé si fue el efecto de ese chanfle, el viento o la propia voluntad de Dios —o quizás todo junto— lo que hizo que se transformara en un extraño meteorito de cuero que se metió en el ángulo superior izquierdo, levantando la red como si fuera un globo aerostático.

 

Ese día ganamos 3 a 2. Ricardo volvió a caminar, una pelota se hizo meteorito, conseguimos unos hermosos arcos nuevos y el Pepe Farías se fue para su barrio rascándose la cabeza y preguntándose cómo habían perdido contra un equipo de discapacitados y con dos goles hechos por un paralítico.

 

Ah, me olvidaba: Ricardo siguió jugando a la pelota. Fue figura en Estudiantes de Río Cuarto. Se lo recuerda como un jugador de exquisita pegada y aún hoy conserva, en una caja de cristal, su vieja pelota de cuero número 5, en cuya base figura una plaqueta con una leyenda que dice lo siguiente:

 

“Este es un meteorito de cuero que me hizo jugador de fútbol, le devolvió el orgullo a mi querido equipo del barrio San Francisco e inmortalizó la cara de ojete del Pepe Farías.”


martes, 28 de enero de 2020

¿El destino es un mapa que conduce al futuro o una mera sucesión de casualidades?


El año 1982 había comenzado con una interesante expectativa en mi prominente carrera universitaria, comenzaría el cuarto año de la carrera de ingeniería y seguramente sería un año más difícil que el anterior, pero con materias más específicas y relacionadas con la ingeniería Civil, supongo que era un desafío contra las dudas que a veces tenemos los estudiantes con respecto a nuestras vocaciones.
Pero lo realmente interesante de este año era el proyecto que nos habíamos propuesto con mi amigo Guillermo, los dos compartíamos el amor por la naturaleza y la aventura, así que 1982 debería ser el preludio de ese viaje que imaginamos desde que comenzamos la facultad, nos iríamos a recorrer la Patagonia por un mes.
Guillermo estaba juntando dinero para comprar un Citroen 3cv y yo me ocuparía de adquirir la canoa y los demás elementos para acampar en donde nos alcance la noche y la ruta 40 disponga.
Después de dar un par de finales en febrero, comenzamos las clases un 29 de marzo, cursando la materia de Electrotecnia, el profesor era el Ingeniero Hector Legaspi, un tipo joven que se lo veía seguro en sus conocimientos y sobre todo muy didáctico, de entrada desplego en el pizarrón un plano gigante, creo que era una nave industrial y nos comenzó a mostrar cómo se disponían los circuitos, nos habló de proyectos, diseños,  cálculos e iluminación, en casi dos horas capto nuestra atención, no sé si porque era la primer materia que te hacía sentir ingeniero o porque en algún momento dejo transcender que era un aventurero que acababa de llegar de un viaje de mochilero al Perú.
El ing Legaspi desde ese día seria nuestro consultor para el viaje patagónico que pensábamos realizar, no teníamos experiencia en semejante empresa y que mejor que tener un consultor que de paso era nuestro profesor.
Pero 1982 nos sorprendió un 2 de abril, a eso de las 6 de la mañana el despertador sonó como todos los días, pero esta vez mucho más intenso, sabía que me quedan exactamente una hora para ir a tomar el tren que me lleve a la facultad.
Al abrir mis ojos los veo a mi padre que me miraba, estaba debajo del marco de la puerta de mi habitación, y lo hacía con una expresión de felicidad que poco tenía que ver con mi necesidad de salir de la cama.
-        “Fabian despertate rápido, acabamos de recuperar las islas Malvinas, los rajamos a los ingleses, vamos carajo…vamos Argentina “
Tarde en entender que estaba pasando, verlo a mi viejo eufórico como cuando salimos campeones del Mundo no era normal y menos si el gobierno que había recuperado la soberanía de las islas era el de una dictadura Militar que el aborrecía y del que había sido perseguido.
Cuando logre encadenar una serie de razonamientos, típicos de un estudiante de ingeniería, entendí que lo que estaba pasando era algo histórico, algo que tenía que ver con ese sentimiento de patriotismo que nos inculcaron desde la escuela y que poseía una simple premisa que se transmite de generación y generación, “ LAS MALVINAS SON ARGENTINAS”, y ahora parecía que era una realidad, ya no importaba si los que las recuperaron son genocidas o soldados patriotas al fiel estilo sanmartiniano haciendo la gran gesta del siglo XX
Esa mañana no hubo clases en la facultad, se decretó un feriado espontaneo, así que aprovechamos a para ir a charlar con algunos de mis compañeros a uno de los bares que estaban frente a la sede principal de la universidad.
Yo aún no había cumplido los 21 años, o sea estaba en edad de hacer el servicio militar, si no fuera por la prorroga que obtuve para hacer mis estudios universitarios, seguramente sería un soldado de reserva
presto para viajar a la zona del conflicto y en las mismas condiciones estaban algunos de mis compañeros. Así que el debate comenzó con un simple dilema, si presentarnos como voluntarios para que lo que la patria demande o transitar el conflicto como simples espectadores mientras miles de chicos de nuestra generación se expondrían como carne de cañón ante un posible conflicto armado
Uno de los más callados del grupo y el único que había hecho la colimba era Roberto, pero también era uno de los mejores alumnos y quien más claridad mental desplegaba a la hora de hacer apreciaciones políticas en nuestro grupo, si bien Roberto tenía una raíz en el Socialismo Democrático era principalmente un tipo absolutamente pragmático, es por eso que cuando comenzó a hablar se hizo un silencio intenso en esa mesa que para ese entonces contaba con seis participantes.
-        “Muchachos abran los ojos estos milicos dos días atrás cagaron a palazos a una manifestación sindical que fue a protestar a la plaza de mayo, la económica cada día se complica más, están acorralados por las comisiones internacionales de los derechos humanos por el tema de los desaparecidos, cada día pierden más poder, ¿porque les parece que justo ahora van a tomar las Malvinas?
Al toque salto Dante Bran que como buen hijo de milico quiso poner su discurso nacionalista
-“Que decís Roberto, esto no tiene nada que ver con la política, aquí estamos en presencia de un hecho histórico, un hecho que les vamos a poder contar a nuestros nietos, ¿sabes lo que significa recuperar las Malvinas? Es volver a recuperar nuestro orgullo nacional, es inflar el pecho ante el pirata invasor, es el comienzo de una nueva Argentina en la cual debemos estar todos juntos, hemos encontrado en punto de unión ¿no te das cuenta?”
- “Pero haceme el favor dante, supongo que sos un tipo inteligente, mira si los milicos van a hacer esto para unir a los argentinos que boludez estas diciendo, estos tipos son una dictadura, se cagan en los derechos de todos los ciudadanos, a los que no piensan como ellos y lo exponen los hacen desaparecer, de que me hablas, ahora ¿vos te crees que los ingleses se van a quedar tranquilitos mientras un país de morondanga gobernado por un milico borracho les tomas las islas, le ponen la bandera argentina y secuestran a sus súbditos?
De que hablas Dante, por favor pensa un poquito, justo ahora, esta dictadura se cae sola, es cuestión de tiempo y justamente con esto los tipos están ganando tiempo, es como que volvimos al mundial y le hicimos un gol sobre la hora a los ingleses y ahora vamos todos a obelisco. No seas boludo esto no es futbol, esto es vida o muerte y en este país ya tuvimos muchas muertes por estos hijos de puta”
Fue la primera vez que escuche a Roberto hablar tanto y lo digo con mucho fundamento ya que todos los días compartíamos más de una hora de tren desde Morón a General Rodriguez y el tipo era muy pero muy medido en sus palabras. Esa mañana del 2 de abril se planteaban dos disyuntivas en nuestro pensamiento juvenil y ambos podían ser válidos.

Desgraciadamente Roberto tendría ranzón, la guerra llego, y como no podía ser de otra manera perdimos con una de las potencias del OTAN, el dolor fue muy grande en el mes de junio, no solo por los cientos de jóvenes que habían muerto defendiendo nuestra nación sino también por el dolor que derruía nuestro orgullo nacional
El fin del conflicto significo el comienzo de en un estímulo muy potente para volver a la democracia y recuperar la libertad que habíamos perdido en marzo de 1976 o quizás mucho antes.
Para fines de junio mientras preparábamos el parcial para Hidráulica, Guillermo vino a casa sin avisarme, creo que serían las 4 de la tarde, entro sin que me diera cuenta, se fue desplazando en silencio y sigilosamente hasta llegar a mi habitación. Allí estaba yo rodeado de apuntes, libros, hojas sueltas y una calculadora científica que no paraba de dar resultados erróneos de un cálculo que no me daba el resultado que estaba buscando, quizás por eso fue que no percibí su presencia.
“ Boludo nunca te va a dar si no la pasas a modo logarítmico”.

Guillermo tenía una forma muy particular de decir boludo, supongo que por su origen campechano, pero escuchar esa palabra de su boca era suficiente para identificarlo
-        Me queres matar del susto, ¿por dónde entraste Salame?
- te quería sorprender y veo que lo logre, (mientras se reía intensamente)
-        Hace como una hora que estoy con estos putos cálculos y no me da ni a palos y tenes que venir vos para confirmar que soy un idiota que a esta altura del partido no se poner la calculadora en modo logaritmo
-        Deja eso y veni conmigo, quiero mostrarte algo
Salimos juntos de casa y al mirar para la calle veo un Citroen 3 cv amarillo impecable, reluciente y Guillermo bamboleando las llaves, haciéndose el canchero,
-         dale subí vamos a dar una vuelta
Nuestro proyecto al cual llamamos PATAGONIA 83, comenzaba a tomar forma, Guillermo ya tenía el auto, ahora me tocaba a mi comprar la canoa y los demás elementos para lo que sería el viaje de nuestras vidas
Un lunes de setiembre después de almorzar en el bar del Encuentro, nos juntamos con el Ing Legaspi, nos había citado a Gullermo y a mí para darnos algunas correcciones del proyecto de luminotecnia que estábamos preparando con miras al final de diciembre.
Legaspi era muy formal, si bien era agradable no permitía establecer una confianza de cercanía con el alumno tal es así que siempre nos dirigíamos a él como Ingeniero a pesar de que era muy joven, estimo que no tendría más de 32 años.
Lo vimos llevar con su caminar cansino, como siempre se lo veía perfectamente arreglado, traje gris con corbata al tono, traía un maletín de cuero color negro un guarda plano tipo tubo y un libro color verde bajo uno de sus brazos
-        Buenos días muchachos, vengan conmigo vamos al taller de mesas de arquitectura que ahora no hay nadie, allí estaremos más cómodos con lo que tenemos que ver.
-        Ingeniero, hicimos las modificaciones al proyecto de acuerdo a su sugerencia, pero tenemos algunas dudas así que nos viene bien esta reunión para que nos las pueda aclarar
-        No se apure Lombardi, antes tenemos que revisar otras cosas
-        Mientras el Ingeniero se adelantaba para entrar al taller de mesas de arquitectura, nos miramos con Guillermo sin entender que estaba pasando
Nos acomodamos en una de las amplias mesas, el ingeniero abrió el guarda plano y saco de allí un gran mapa que luego extendió sobre el tablero
-        Señores aquí les voy a entregar uno de mis grandes tesoros, este es un mapa que yo mismo hice cuando recorrí la ruta 40 en 1977, seguramente ahora debe tener algunas mejoras pero podrán ver los principales puntos de interés, tienen referencias de camping, caminos de ripio, caminos para hacer con 4 x4 , lugares que pueden acceder navegando, otros lugares para llegar caminando. Tienen distancias, proveedurías, estaciones de servicio, campamentos de ACA, etc.
-        El plano comienza en Pino Hachado Neuquén y finaliza en el Calafate Santa Cruz. Es decir atraviesa las provincias de Neuquén, Rio Negro, Chubut y Santa Cruz, en el mismo plano tiene explicado como volver por la costa atlántica patagónica, con detalles de alojamiento, distancias para carga de combustibles y lugares para visitar.
-        Todo el recorrido fue proyectado para realizarlo en un mes y una semana siempre y cuando no surjan inconvenientes
Sentimos que estábamos ante la presencia del mapa de un tesoro que dios quiso que llevara a nosotros y que indiscutiblemente nos llevaría a la riqueza eterna, El plano estaba tan bien hecho que hasta respetaba escala de colores en base al nivel del terreno y referencias a prueba de tontos, era algo valiosísimo

-        Muchachos este plano se los voy a prestar con la única condición que cuando me lo devuelvan me agreguen las correcciones necesarias para que pueda ser utilizado por siempre, además les voy a regalar este Libro, nos muestra el libro verde que llevaba bajo el brazo, su título era LIBRO VERDE DE LA PATAGONIA, este libro tiene una serie de datos que les pueden ser de utilidad.
Ese día fue como el comienzo de nuestro viaje, comenzamos a repasar en nuestra imaginación que lugares visitaríamos, donde acamparíamos, porque lagos navegaríamos y principalmente que gracias a que el Ingeniero Legaspi tenía una gran conexión con nosotros nos permitiría alguna facilidad para aprobar su materia.

Llego octubre con una gran novedad, pude comprar la canoa, con dos remos, los chalecos salvavidas, la carpa y las bolsas de dormir, esta vez yo lo sorprendí a Guillermo, lo hice venir a casa y desplegué en el parque todo el arsenal de campamento y navegación como si fue un local de ventas de cosas de Camping
Nos abrazamos y nos propusimos ese mismo fin de semana hacer una prueba piloto e ir a pescar a algún arroyo cercano a la laguna de lobos
Salimos un sábado a las 8 de la mañana, nos costó un poco acomodar la canoa en el techo de Citroën, era tan larga que tuvimos que improvisar unos tiros con soga que atamos a los paragolpes delantero y trasero, se lo veía firme para los vientos de la provincia de Buenos Aires, pero para los vientos Patagónicos se nos iba a complicar, igual teníamos tiempo para resolver el problema y de paso utilizar los conocimientos adquiridos en estabilidad 1 y 2.

El día estaba despejado, pero algo ventoso, armamos la carpa junto al arroyo los Patos en un claro al lado del juncal, la carpa era tipo iglú resistente y cómoda para los dos ya que disponía de una capacidad para 4 personas, guardamos todo dentro de ella y salimos a probar la embarcación, era nuestra primera experiencia, estimamos que no sería ningún misterio navegar en una canoa canadiense de 3mts de eslora
Es muy sencillo cuando no hay viento, pero cuando si lo hay se debe ser muy preciso en la forma de interactuar entre los remeros. Hay que ser extremadamente sincronizados para que el efecto del empuje tenga potencia necesaria para mover adecuadamente la embarcación.
Nos llevó un tiempo, pero logramos realizar grandes avances, para la tardecita teníamos unos cuantos kilómetros de remo en nuestro haber y también un gran cansancio en nuestros cuerpos.
Decidimos preparar unos sanguches, comer temprano y dormir lo suficiente para que para cuando salga el sol estar en condiciones de retornar a la navegación.
La noche nos ganó rápidamente, estábamos solos en algún lugar cercano a Lobos, con mucha oscuridad y un silencio perturbador, quizás sería un anticipo de lo que pasaríamos en uno de esos parajes que tenía muy bien señalizados el Ingeniero Legaspi
Esa noche charlamos muchas horas con Guillermo, hablamos de cosas que jamás habíamos hablado pero que nos hicieron muy bien para conocernos más, sobre todo para afianzar esos lazos de amistad que venimos forjando desde que comenzamos la facultad. Teníamos personalidades distintas, pero sentíamos que nos unía algo especial aunque ambos no teníamos en claro que era.
Guillermo era un revolucionario por naturaleza, hijo de la elite Mercedina, el padre era un Juez muy reconocido, estudiante de una escuela de curas a donde iban los hijos de los poderosos del pueblo, jugador de rugby, sobreviviente de un accidente en moto que casi le cuesta la vida cuando era muy joven, orgulloso portador de sus heridas como si habrían sido hechas en un campo de batalla en la segunda guerra mundial.
A pesar de estar en una muy buena situación económica era un tipo humilde, sencillo y valiente, tenía un solo punto débil el amor. Unos años después de sufrir aquel maldito accidente se peleó con quien era el amor de su vida, la Negra para Guillermo, para nosotros Alicia, aunque había tenido algunas nuevas parejas nunca podía sacar de su corazón a quien fuese su primera novia.
-        Guillermo ¿es verdad que estas volviendo a ver con la NEGRA?
-        ¿Quién te dijo?, seguro que el buchón de Roberto
Hago un silencio largo como para que él si no se interprete como una botonada
-        Comenzamos a vernos, pero no es nada serio
-        Vos la seguís queriendo, ¿no?
-        Que estas de psicólogo esta noche, a la negra nunca la deje de querer, pasaron cosas, cosas de adolescentes, cosas que ahora me parecen muy boludas, debo confesarte algo; siempre supuse que estar enamorado era como ser débil, como que una mujer se apropiaba de tu ser y te llevaba a donde ella quería, transformándote en un simple becerro que tiene como destino el matadero
-        Te entiendo, como un tipo rudo como vos se iba a transformar en un puto becerro (nos reímos los dos), pero parece que cupido hace un tiempo te clavo la fecha y no hay forma que te la saques. (volvimos a reír)
-        ¿Te ves en el futuro? ¿Te imaginas cuando seamos ingenieros? ¿Como será nuestro destino? Tendremos una familia, una casa, hijos, perros y no sé cuántas cosas más.
-        -todo lo que nos depare el futuro es una intriga, pero te puedo asegurar que no lo imagino sino es con la Negra
El sentimiento de estar enamorado debe ser extremadamente complejo, quizás más que una fórmula de física Cuántica, algo que personalmente aún no había experimentado en profundidad, por lo tanto, era difícil opinar sobre lo que no se sabe, así que solo me limite a realizar una simple apreciación
-        Guille, ¿te puedo hacer una pregunta? pero quiero que seas honesto conmigo
-        Si más vale
-        ¿La coca cola que tomaste antes de acostarnos, era solo coca cola o le pusiste madia petaquita del whisky especial que siempre llevas de rescate?
Nos reímos un buen rato, nos atrapo el sueño y luego el amanecer
Al despertar observo que Guillermo no estaba en la carpa, salgo rápidamente de ella y me sacude, de lleno en el pecho, una ráfaga de viento que casi me tira al piso, veo que no está la canoa, comienzo a girar mi cabeza en busca de algún punto del arroyo en donde se la pueda visualizar, no observa nada, agudizo mi oído escucho el clásico boludo veni que me lleva el viento, se escuchaba muy lejano, comienzo a correr por el margen derecho del arroyo en dirección sur, a unos cien metros lo veo. Estaba en el medio del arroyo meta girar y girar, sin poder dominar la canadiense.
-        Que miras boludo, tírame una soga que ya no puedo mas
El rescate duro unos minutos, pero la lección fue bien aprendida, nunca te subas solo a una canoa canadiense y más cuando hay viento

Diciembre llego con muchas expectativas, sabíamos que el año próximo habría elecciones, seguíamos escuchando mucho rock nacional, Charly imponía un himno del rock como fue el tema” No llores por mí Argentina” .
Un tal Alfonsín se instalaba como unos de los posibles presidenciables, era un gran orador y defendía perfectamente los principios de la república y la democracia. Por otro lado, se vislumbraba un peronista tradicional, Ítalo Luder quien fuera el creador del decreto del exterminio de la subversión, que luego daría la excusa a los militares para hacer todos los desastres que hicieron
Guillermo estaba muy feliz porque había vuelto con la negra y aunque eso me preocupaba porque atentaba contra el proyecto Patagonia 83, consideraba que no se iba a transformar en un becerro por lo cual nuestro propósito seguiría en marcha
La cursada de ese año fue bastante pesada, 8 materias todas anuales, algunas de ellas verdaderamente complejas, así que lo importante era tenerlas a todas regulares y tratar de meter 4 finales en diciembre y otros 4 entre febrero y julio del 83.
Sabíamos que electrotecnia era una de las seguras, así que había que ser muy astutos para elegir las otras tres que daríamos durante diciembre y así dejar despejado toda la preocupación universitaria para solo pensar en Patagonia 83
La última materia la aprobamos el 18 de diciembre y nos fuimos todos a festejar a un boliche en lujan, bailamos, tomamos y nos divertimos como nunca, que más podíamos pedir, aprobamos todas las materias en las que nos presentamos, teníamos todos listo para el viaje, hasta el Ingeniero Legasti nos dio su teléfono para que lo llamemos desde cada lugar a donde lleguemos. Se estaba acabando la dictadura, era todo perfecto, lo que vendría de ahora en más debería ser mejor.
El domingo 19 a eso de las dos de la tarde suena el teléfono en casa, atiende mi hermana, es para vos me dice, es una chica
Algo raro estaba pasando que me llame una chica a casa no es normal, repase por unos segundos si le había dado mi teléfono a alguna de las chicas con quien baile en la noche anterior, pero no recordaba haberlo hecho.
-        ¿Hola, quien habla?
-        Soy yo Fabian, la Negra, Alicia, la novia de Guille
-        ¿Hola Alicia como estas? (mi respuesta fue con un tono que necesitaba urgente saber de que se trataba su llamado)
-        Mira no te asustes, pero Guille hoy a la madrugada tuvo un accidente, pero quédate tranquilo, tiene algunos golpes, pero está bien.
Por unos instantes pasaron mil cosas por mi cabeza, ese macabro destino, ese mapa que nos lleva a un lugar que nunca podemos saber el cuál nuevamente le jugaba una mala pasada a uno de mis mejores amigos. No podía creer que Guille este herido, que en este momento este en un hospital y que muchos de sus sueños quizás se trunquen por lo que le paso. También me sentía culpable, habíamos pasado una noche genial pero el muy boludo había tomado bastante y volverse a mercedes por la ruta 5 con su 3cv no era muy seguro así que le propuse que viniera a dormir a casa, pero como buen cabeza dura que era no quiso saber nada, ahora necesitaba urgente ir a verlo
-        Alicia, decime donde esta?
-        Quedate tranquilo, ya le dieron el alta del hospital, está en su casa, me pidió que te avisara
-        Ya salgo para allá
-        Dale, te veo en la casa de Guille
Le pedí el Fiat a mi viejo, lo llame a Roberto para pedirle que me acompañe y salimos rápido para Mercedes.
Al llegar a la casa de Guillermo, nos encontramos con unas cuantas personas, muchas de ellas no las conocíamos, al ingresar lo primero que escuche fue su voz y eso me tranquilizo, estaba sentado debajo de un tilo en el parque de su casa, tenía a su alrededor una cantidad de espectadores dispuestos a escuchar los detalles del accidente algo que a Guille le encantaba hacer desde aquel accidente adolescente con su Moto Gillera 200.
Al vernos llegar vino corriendo hacia a nosotros y nos abrazo fuertemente, se le escurrieron unas lágrimas y solo nos dijo, “se nos murió el proyecto” , perdóname amigo, el Citroën no sirve mas
En ese momento lo menos que pasaba por mi cabeza era Patagonia 83, solo necesitaba ver bien a mi amigo y realmente me hizo feliz de verlo entero.

-        Quédate tranquilo, lo importante es que estas bien, pedazo de pelotudo, te tendrías que haber venido conmigo, ya habrá otros proyectos por lo menos aprobamos electrotecnia gracias a él (nos abrazamos y reímos por un rato)
Ya casi no quedaba nadie en la casa de Guillermo, solo estaban sus padres, Roberto y yo
-        Como se nos cago el verano, Fabian, era el viaje de nuestras vidas, la puta madre que mala leche que tengo
-        Ya sé cómo te vamos a apodar, desde ahora te vas a llamar ESPERMAN
Roberto, mantenía su economía de palabras, mientras ambos charlábamos y maldecíamos al puto camionero que se lo llevo puesto al 3 cv, en un semáforo y nos destruyo el proyecto más ambicioso de nuestras vidas
-        Muchachos tengo una propuesta para hacerles, resulta que tengo un Departamento en San Bernardo, lo podemos utilizar la segunda quincena de enero están invitados, también van a venir mi hermana y mi prima, pero hay lugar para todos
Durante algún tiempo aprendimos a decirnos muchas cosas con la mirada, así que, al mirar a los ojos a Guillermo, supe que lo que estaba ofreciendo Roberto era un consuelo muy grande y que la pasaríamos genial, sobre todo porque iban a estar la hermana y la prima de Roberto que de por si estaban muy buenas.
Por unos segundos pensé en ese mapa travieso del destino ¿adónde nos llevaría ahora?, la única forma de saberlo era dejarse llevar

El 15 de enero del 83, salimos rumbo a San Bernardo, Roberto nos pasó a buscar en su auto y luego de 5 horas llegamos, el Departamento era chico, pero acogedor, estaba casi en frente al mar sobre la calle Andrade, a la vuelta del Hotel Luz y Fuerza, las chicas ya hacia una semana que estaban y nos esperaron con un rico almuerzo de bien venida
Con Guille nos habíamos juramentado que la hermana de Roberto era como nuestra hermana, así que no tendríamos ojos para ella, pero pusimos en reserva el juramento respecto a la prima, los primos son otra cosa y dentro de nuestro reglamento de seducción no se las identifica como familiares directo por lo tanto tendríamos vía libre siempre y cuando este lo suficientemente fuerte como Roberto nos comento
Durante estos años he aprendido a conocer profundamente a Guillermo, el tipo se transforma cuando encuentra una mujer que le gusta, siente la necesidad de hacerse notar, de ser gracioso, de parecer recio y caballero a la vez, pero lo raro es que no se comunica con la labia, a veces pienso en que se convierte en mimo y que con esas series de gestos mímicos es capaz de equiparar su deficiente comunicación
¿A qué voy con esto? A que la prima de Roberto estaba super fuerte y que Guillermo se dio cuenta enseguida
La tarde nos encontró en la playa, jugando a las cartas, metiéndonos al mar, jugando al tejo o disfrutando de un picadito en la arena con los chicos de la sombrilla de enfrente, Guillermo no paraba de hacer piruetas atléticas y por lo cierto se notaba que a la prima de Roberto también le había caído en gracia, se reía a carcajada por cada boludez que se mandaba, la estábamos pasando muy bien y ya casi ni nos acordábamos del difunto 3cv ni del frustrado plan Patagonia 83
Si estas en la costa en verano no queda otra que ir a bailar, el problema es que por aquellos tiempos no había muchos boliches en San Bernardo. Como los recursos eran escasos no podíamos fallar al seleccionar el lugar a donde pasar la noche, salimos los tres ya que las chicas se quedaron en el departamento estaban re cansadas y querían despertarse temprano para ir a ver el amanecer en la playa.
Caminamos unas cuadras por Chioza, la calle principal del balneario, hicimos algún trabajo de inteligencia para saber a dónde nos convenia ir y terminamos en la esquina de Chioza y Falkner, nos comentaron que hacía unos días se inauguró un boliche nuevo llamado “El Quijote” donde pasaban buena música y tenía mucha onda.
Quedamos que uno de los tres debía entrar primero para ver si estaba ok, una especie de adelantado que tenía que dar el visto bueno para que el resto ingrese, una estúpida manera de ahorrar unos mangos por si las moscas.
Esta vez el adelantado fui yo, antes de ingresar trate de repasar la serie de condiciones que tendrían que cumplirse para que el boliche tenga el OK y genere el ingreso definitivo del resto de nosotros. Nunca fui un gran catalogador de boliches y menos de boliches de la costa, para mi era necesario que tenga una buena barra, un eficiente juego de luces, audio rítmicas o secuenciales, luz negra, alguna bola espejada, con sonido fuerte pero que permita hablar y sobre todas las cosas que tenga muchas chicas lindas.
Una de las cosas más feas que te pueden pasar en la vida es entrar solo a un boliche bailable, entras y no sabes para donde ir, te sentis observado y queres hacerte invisible, aunque sea por un tiempo hasta que ingrese el próximo boludo.
Cada escalón que me llevaba al primer piso y por lo tanto a la puerta de ingreso, se transformaba en una pendiente de algún sendero patagónico que misteriosamente se daba cita en un lugar muy distante, el tiempo transcurría en millones de segundos, tal cual una película filmada absolutamente en cámara lenta, la música ni siquiera ingresaba en mis oídos, solo pensaba en el destino y esa sucesiones de casualidades que me habían transportado a un lugar diferente al que debía estar. El plano del Ingeniero Legaspi extendido en el tablero con miles de referencias que, si o si debíamos visitar, el viento de aquella mañana de Lobos, Guillermo en la canadiense y los sueños rotos y re transformado en este nuevo destino que nadie podrá modificar o sí.
Al ingresar al lugar comencé con la evaluación como si fuera tildando cada una de las condiciones que deberían cumplirse para que mi OK signifique el ingreso de mis amigos. Cumplía 90% de esas condiciones, salvo una, creo que la más excluyente, no había chicas lindas, es decir en verdad, había chicas lindas, pero eran muy chicas no más de 15 años, es como que ingrese a un jardín de infantes, cuando el requisito de tildado para ese rubro debía promediar los 20 años al menos.

Me quede parado en una punta de la barra, un tiempo, como para no salir despavorido disimulando un poco y además para consumir el trago que pague con la entrada.

En uno de los rincones del boliche habría unas 6 quinceañeras, que se reían y bailaban entre ellas, pero algo llamo mi atención, una de las niñas que estaba junto a ellas no parecía ser quinceañera, no sé si por los efectos de la luz negra o su bronceado me impacto su belleza. Me acerque a unos pocos metros mientras llevaba en una de mis manos un porrón de cerveza, gire mi cabeza lentamente como quien no quiere la cosa y en ese giro de 180 grados por una milésima de segundo nuestras miradas se cruzaron y sentí como que mi corazón ejercía unas tremendas palpitaciones, supongo que no debería ser por el efecto de la cerveza ya que con dos sorbos no creo que pueda provocar semejante síntoma.
Me voy hacia la entrada, me asomo mirando hacia abajo veo a Roberto y a Guillermo y le muestro mi dedo pulgar hacia arriba, esa era la señal que estaban esperando

-        Guillermo se me vino al humo de una; vos sos muy pelotudo o te mato la cerveza, nos metiste en una fiesta de quince y nos gastamos 300 pesos al pedo, ¿Qué habíamos acordado con el tildado de condiciones? Le pifiaste en la más importante

Por primera vez le estaba por pedir un favor a mi amigo
-        Háganme el aguante hay una chica que me gusta, y me quiero sacar las ganas de sacarla a bailar, solo un rato después nos vamos
Las condiciones del boliche sin bien no cumplían con el mayor requisito, tampoco lo cumplía con el sexo opuesto, es decir los únicos varones mayores de 20 años éramos Guillermo, Roberto y Yo, por lo tanto la deducción basada en mi formación en ciencias decía que tenía muchas posibilidades que esa chicas cuando la saque a bailar, baile con migo no por lo lindo, pintón o fachero que pueda ser, sino porque sería uno de los pocos dentro del boliche que cumplían con la condición de ser mayor de edad.

Por aquellos tiempos sacar a bailar una chica requería de cierta metodología de tal manera que en ese convite inicial seguramente impactaría en como seria la relación durante el resto del tiempo. En ese aspecto poseía una enorme experiencia, miles de noches bailables en Bariloche, Ramos, Lujan, San Isidro es decir todo un veterano en estos menesteres
Sabía que había que esperar el tema justo, ese que te lleve a bailar y no te importe con quien, en algún momento llegaría el momento por eso era fundamental estar cerca, deslizar alguna que otra mirada casual dejar ver el mejor perfil y preparar el mensaje justo que me permita llevar a bailar a esa mujer que cada segundo me parecía más bonita.
La introducción del último tren a Londres, de la Electric Light Orchestra, es muy particular, el Discjokey la va mezclando despacio con sus primeros acordes indicando que ya es inminente que por todos los parlantes escuchemos sus mágicos acordes, en ese justo momento cuando  Jeff Lynne canta “Last Train to London” aprovecho la oportunidad me acerco a ella y sus ojos se iluminan en los míos, quede congelado por no sé cuántos milisegundos , al volver en mí solo pude decir :  ¿Bailamos?
La noche fue maravillosa, era la primera vez que sentía algo así por una mujer, recordaba la conversación con Guillermo y su amor difícil de entender con Alicia.
 ¿Me podre enamorar en solo unos minutos?
Su nombre era Claudia y ese día había acompañado a su hermana para que fuera a bailar junto a sus amiguitas, era la única mujer adulta responsable del boliche.
Su piel bronceada, contrastaba con su atuendo blanco, un pantalón que demarcaba sus curvas y una remera ajustada que terminaban de configurar una figura angelical
Charlamos toda la noche, era extremadamente simpática, muy inteligente y seductora por naturaleza, teníamos muchas cosas en común. Nos divertimos mucho pero el boliche tenía que cerrar y mis amigos me esperaban abajo impacientes. Quedamos en vernos al otro día para ir a tomar algo, nos saludamos con beso en la mejilla con la esperanza que mañana llegaría pronto.
El regreso al departamento fue tortuoso, Guillermo y Roberto no paraban de gastarme, la idea era pasar un verano conociendo muchas chicas y vos ya te embalaste con una, vas a ver que mañana te deja plantado boludo, ellas están en la misma que nosotros.
No podía explicarle que Claudia era distinta, nunca había conocido alguien así, estudiaba Licenciatura en Sistemas en la UTN, trabajaba en la empresa de su papa, le gustaba tocar la guitarra y cantar, tenía una fuerte formación católica y vivía en Villa Luro, un pequeño problema si avanzábamos en la relación, vivíamos a 52 km de distancia. Su encanto era especial me gustaba hacerla reír, su sonrisa me derretía, esa era la evaluación previa que realice durante nuestras 4 horas de bailes en el Quijote, nos quedaba mucho por conocer y mañana sería un bien día para poder hacerlo
Cuando llegamos al departamento las chicas nos esperaron despiertas
-        Preparamos el mate y compramos facturas, vamos a la playa que ya va a salir el sol
Terminamos todos tomando mates en la playa, mientras Guillermo y Roberto no paraban de gastarme también se sumaron las chicas, cuando promediaba la mañana Roberto le jugo a Guillermo una docena de churros a que Claudia no asistía a la cita, Guille bajo la cabeza y le dio la mano en conformidad no sin antes admitir que estaba seguro que iba perder.

La única que salió en mi defensa fue la hermana de Roberto, quien me alentaba a conservar las esperanzas
El resto del día la pasamos durmiendo bajo la sombrilla menos Rober que se fue al departamento.
Esa tarde fue espectacular, el mar sereno, ni una gota de viento, poca gente en la playa y unas cuantas gaviotas jugando con acrobacias en el horizonte. Fuimos a caminar para el lado del muelle de Mar de Ajo, yo fui el de la idea porque sabía que Claudia estaba parando a unas 10 cuadras del muelle. Quien te dice en una de esas me la cruzo y podemos saludarnos y hablar un ratito, seria eso o que la quería ver en traje de baño, quizás las dos cosas.
Mi cuerpo no era escultural, pero me mantenía bien, hacía mucho deporte, era flaco y fibroso no tenía mucho para mostrar, pero tampoco para pasar un papelón
La caminata al muelle nos llevó más de una hora, sin éxito en mi misión primaria, pero nos reímos mucho con las chicas y de paso nos trajimos unos cuantos cornalitos para hacer una previa en la cena. La noche nos encontró casi llegando al departamento, recién hay me di cuenta que ya eran las 21hs y que a las 22hs me tenía que encontrar con Claudia, así que pedí permiso para ser el primero en bañarme, desistí de la cena y Sali casi a las 22hs en punto rumbo al encuentro.
Roberto y Guillermo, seguían emitiendo mensajes sarcásticos, con un concluyente:
-        te esperamos a las 23hs. y después cenamos. Mas de una hora no la podes esperar, sugirió Roberto
El punto de encuentro era Chioza y Esquiu, llegue a las 22:05 corriendo, pero dentro de los limites permitido, para esa hora la peatonal era un mundo de gente, ¿la podría reconocer?, tenía su imagen grabada en mi cabeza pero uno a veces tiende a generar imágenes en base a sus interés y en ello mucho influye la luz negra de los boliches.
Mis ojos eran como gigantes radares que supervisaban cada chica que pasaba por esa esquina, a los 20 minutos me comencé a intranquilizar y comenzaron mis dudas.
Quizás vino a las 22hs en punto y como no me vio se fue, por ahí justo le paso algo y se está demorando.
Que boludo que fui, nunca le pedí el teléfono
Y si la mina no me quiere ver y se fue de joda a otro lugar y yo como un boludo aquí haciendo reír a mis amigos y perdiendo mi orgullo de conquistador de mujeres que alguna vez supe tener.
Y si ese maldito destino, justo ahora se pone en mi camino para darme una lección en base a mis viejos procederes. Es una revancha divina de muchas chicas que tantas veces yo he dejado plantadas.
Pero eso fue hace mucho tiempo, ahora soy un tipo maduro, no estoy en esa estupidez, pero las penas suelen cumplirse a destiempo, quizás este sea mi tiempo y Claudia haya sido solo un sueño de una persona a la que yo debo amar por el resto de mi vida y solo existe en mi imaginación.
Pobre Guillermo va a tener que comprarle la docena de churros a Roberto por mi culpa.
Faltan son 10 minutos para las 23hs, vamos a hacer optimistas, todo el mundo cena tarde en la costa, seguro que esta demorada, en 10 minutos llega.
El citizen negro con agujas coloradas, marcan justo las 23hs, es tiempo de darme por vencido, recién comienzan las vacaciones y como Guillermo choco el 3cv yo choque la ilusión de conocer el amor de mi vida
Compre dos conos de papas fritas, en lo de Fobos y me fui a cenar con los muchachos, cuando abrí la puerta Guillermo y Roberto se tiraban al suelo de la risa y las chicas me miraban con cierta compasión.
Les voy a decir la verdad, cuando la vi venir no era lo que yo pensaba así que me hice el gil, encare para el lado de la avenida San bernardo y me escondí entre la gente, deje pasar un tiempo y me vine para aquí.
-        Vos te pensas que yo me voy a comer ese verso, dale deci la verdad, te dejo plantado como un girasol. Ese tipo de minas son así en el verano, mira si se van a fijar en unas ratas como nosotros, buscan tipos de guita que vivan en barrio Norte o en Olivos. Dale, veni, sentate que ya salen los cornalitos y después nos vamos con las chicas a bailar a un Boliche nuevo cerca de la Lucila.
Las palabras de Guillermo fueron duras pero reales, estábamos de vacaciones, nos venimos a divertir y yo en la primera noche estaba dispuesto a amargarme para el resto y si yo me amargaba, amargaba a mis amigos.
Cada uno de los días que pasamos ese enero en San Bernardo fueron increíbles, nos llevábamos muy bien con las chicas, todas las tardes jugábamos al futbol y por la noche nos íbamos a algún bar a cantar canciones de protesta y escuchar buena música
El día anterior a que terminaran nuestras vacaciones, tenía que durar mucho más de 24 hs, pero el clima nos jugó una mala pasada y se desato una de esas tormentas de verano donde se vuela todo, llueve torrencialmente y luego se vuelve a calmar.

En la playa es suficiente que vuele la primera sombrilla para que la gente salga desesperada, como huyendo de un sunami con destino a sus lugares de alojamiento y así de esa manera dar por concluido el día de arena y mar.
Para nosotros no había tormenta que nos asuste, así que esperamos que pase el primer chubasco y salimos a despedirnos de la arena con la tradicional caminata rumbo al muelle. Algo que hicimos durante los casi quince días que compartimos en San Bernardo, mis amigos nunca lo supieron, pero cada vez que pasábamos por la zona donde
yo entendía que paraba Claudia extendía mis virtudes de detección para ver si la veía, nunca tuve suerte, quizás me mintió y me dio un lugar de referencia incorrecto al propósito, pero a esta altura de las vacaciones ya me había dado por vencido.
Quedaba muy poca gente en la playa, solo algún que otro remolón que no pudo desarmar las sombrillas, unos chicos jugando a la pelota casi contra el médano y un par de familias tratando de llevar sus bártulos a buen reparo.
Habremos hecho no más de 600 metros y mientras caminábamos del lado del médano, veo venir una silla plástica meta rodar en favor del viento, atrás de ella una chica intentando detenerla.
He aquí el destino o la casualidad, ya no podía determinar que era una cosa o la otra, la silla vino directo a mí, la logro detener y a los pocos segundos la chica muy agitada se acerca para pedírmela y darme las gracias.
El viento había hecho algunas travesuras en su cabello, no estaba lo suficientemente arreglada como para hacer en encuentro formal entre un hombre y una mujer que por esas casualidades de la vida los une una simple silla de plástico de esas apilables. Me basto ver su sonrisa para darme cuenta que era ella, volver a sentir esas palpitaciones suele ser complicado para una persona como yo que  creía que conocía todo respecto a las mujeres
-        Vos sos Claudia ¿no? Qué casualidad encontrarnos aquí (mientras pensaba que la casualidad era un poco ayudada por mi insistencia de caminar siempre para el lado del muelle)
-        Hola, Fabian ¿cómo estás? – antes que yo dijera nada, me pidió disculpas por el desencuentro de aquella noche de cita- no sé qué verso me metió, pero me conformo, igualmente cualquier cosa que dijera me conformaría así que no estaba dispuesto a analizar esa respuesta.
-        Mañana ya nos volvemos a Buenos Aires, si tenes ganas hoy a la noche nos podríamos ver y realizar esa postergada cita, ¿Podrás? – eso si por el amor de Dios no me dejes plantado que ese día hasta me salieron hojitas. (su sonrisa ilumino mi alma y note que su mirada transmitía un SI PUEDO
-        Te prometo Fabian que hoy no te fallo, ¿dónde queres que nos encontremos?
Su repuesta me daba la iniciativa y por lo tanto tenía que ser muy preciso, efectué un análisis profundo de condiciones y posibilidades, quizás era mi última oportunidad y no la iba a desaprovechar. Tengo que tener en cuenta la hora de la cena, el lugar debe ser tranquilo y en lo posible que pasen música lenta, la noche iba a estar fresca así que podríamos tomar un café irlandés o algo parecido. Mi mente parecía un ordenador calculando una factorial de 50, pero para algo estudiaba ingeniería y necesitaba utilizar todos mis recursos
-        ¿Te parece que nos encontremos a las 23hs en el bar de EL TIMON?
-        ¿Puede ser a las 22:30 hs? porque antes de las 3 de la mañana tengo que volver
-        Entonces nos encontramos en el timón a las 22:30 hs solo te pido que no me vuelvas a plantar no quiero volver a buenos aires hecho un germinador (se volvió a reír, me dio un beso en la mejilla y se fue con la silla para el lado del vestuario del Balneario OASIS)
Ir al pub del Timón y conseguir una mesa a las 22hs es tener mucha suerte y ese día no estaba dispuesto a confiar en mi suerte, por eso a eso de las 21hs me instale en una mesa junto a ROBERTO y GUILLERMO, esta vez me hicieron el aguante tal vez por compasión o porque me ofrecí a pagar los tragos
La vi llegar con un vestido claro, muy ajustado a su cuerpo, zapatos con una pequeña plataforma color marrón, una blusita azul marino y una belleza que no paraba de sorprenderme.
Le presente a mis amigos, muy cortésmente la saludaron y se marcharon como habíamos convenido
Otra vez esas malditas palpitaciones, nos dimos un beso en la mejilla, caballerosamente le corrí la silla para que pueda sentarse y la invite a hacer el pedido para que el mozo se alejara de una vez de nuestra mesa.
Fueron 4hs donde prácticamente no paramos de hablar, nos reímos, nos mirábamos fijamente, en algún momento rocé sus manos con uno de mis dedos y descubrí que su piel era suave, nos contamos la vida, hablamos de nuestros sueños y de nuestras esperanzas. Sentí como que a Claudia la conocía desde siempre.
Las horas se derretían, pedíamos otro café y mientras el ultimo terrón de azúcar se hundía en el fondo del pocillo, saque de mi campera un chocolate Shot, una barra de chocolate con maní muy rico y popular por esas épocas, venia envuelto en papel metalizado.
Cuando le ofrezco el chocolate, la sorprendí, lo abrimos lentamente entre los dos y separamos en dos mitades a la barrita.
No hay nada más rico que comer una barrita de chocolate shot con un buen café junto a la chica de tus sueños, parecía todo muy irreal.
El plano del Ing Legaspi, el proyecto PAGONIA 83, yo debería estar tomando un café junta al volcán LANIN, pero estoy en San Bernardo, ¿qué misterio es la vida?
Llamo al Mozo y le pido una lapicera, extiendo el papel metálico, lo aliso bien con el cuerpo de la birome y escribo con letra de imprenta: “hoy puedo concluir que el destino es un mapa que conduce al futuro, el mapa me llevo al más maravilloso y dulce tesoro que un hombre pueda anhelar”
Claudia leyó detenidamente ese pequeño texto mientras una lagrima rebelde se escurría sobre su mejilla derecha. Nos tomamos de las manos y nos besamos sin besarnos.
En Febrero comenzamos a transitar juntos ese camino mágico que nos había propuesto el destino, los años nos llevaron por muchos parajes y lugares, nuestro mapa fue creciendo generando más y más referencias, hoy lo tenemos desplegado en un rincón de nuestro hogar, con la foto de nuestros 4 hijos, nuestra nieta y muy cerquita el viejo napa del ingeniero Legaspi con un montón de colores nuevos, con un título modificado que en verde oscuro se deja leer como “PATAGONIA PARA SIEMPRE”