jueves, 30 de noviembre de 2023

DECIME QUE SE SIENTE

 DECIME QUÉ SE SIENTE

 —Julio, decime qué se siente —el murmullo de Alejandro apenas podía ser percibido por los oídos de su compañero de banco.

 —Julio, por favor, decime lo que se siente —insistía Alejandro mientras su compañero trataba de disimular ante la posible mirada del profesor de Matemáticas.

 —Ale, no entiendo lo que decís, pero no me dejás concentrar en estos diabólicos problemas de trigonometría. No hablés más, a ver si el profesor Catalano nos saca las hojas, nos pone un cero y yo me llevo la materia.

 Aquella mañana de noviembre se definía, en cierta manera, el futuro académico de Julio. Debía sacarse un nueve en el último examen de Matemática para poder promediar el siete salvador en todo el año y así evitar llevarse lo que para él era la materia más difícil.

 Su compañero de banco, Alejandro Sarrasquetta, era el bocho de aquel quinto año del Perito Mercantil de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini de Ituzaingó. Su promedio anual nunca bajaba de 9,66, pero ese último año había logrado un récord histórico para el colegio: su promedio daba exactamente diez.

 Todas sus aptitudes intelectuales contrastaban con sus capacidades deportivas. Si bien Alejandro nunca se daba por vencido y ponía pasión y empeño en cada actividad, la naturaleza le había negado la habilidad para el deporte. Su calificación futbolística podría definirse como la de un simple “pata dura”.

 Ser el mejor alumno de una escuela secundaria no remediaba su enorme frustración de no ser un jugador de fútbol que pudiera defender los colores de aquel quinto año, que venía haciendo una gran campaña en los torneos intercolegiales de 1976.

 Julio Laudonio era un alumno que, si bien no solía llevarse materias a diciembre ni a marzo, jamás superaba el ocho de promedio. Pero poseía una extraordinaria peculiaridad: era el goleador del equipo. Además de tener un enorme talento para jugar al fútbol, había sido fichado en las categorías juveniles del Deportivo Morón. Su gran debilidad, definitivamente, eran las Matemáticas.

 Julio y Alejandro habían sido compañeros desde la primaria. Más allá de compartir pupitres, eran amigos inseparables. Alejandro siempre estaba dispuesto a ayudar a su amigo en cálculos complejos, y Julio ocupaba horas libres en enseñarle a pegarle bien a la pelota.

 Ambos fracasaron. Alejandro nunca logró que Julio entendiera los cálculos, y Julio jamás consiguió que Alejandro le pegara a la pelota y esta fuera a donde debía.

 Los torneos intercolegiales se disputaban con equipos de siete jugadores. En aquel quinto año del Carlos Pellegrini solo había ocho varones; siete eran titulares y el suplente, inevitablemente, era Alejandro.

 Ser suplente en un grupo de adolescentes con habilidades futbolísticas implicaba saber que solo podría jugar ante una lesión o un imprevisto. Alejandro lo sabía, pero eso no impedía que estuviera siempre presente y preparado.

 Disfrutaba la ceremonia de ponerse la camiseta, el pantalón corto, las medias y los botines. En su imaginación se veía ingresando a la mismísima Bombonera, donde miles de hinchas coreaban su nombre: “¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles de Sarrasquetta que ya van a venir!”.

 El entusiasmo de Alejandro chocaba con su torpeza para dominar el balón. Él interpretaba que se trataba de una conspiración de un duende camuflado dentro de la pelota de cuero.

 Aquel torneo del ’76 sería el último intercolegial. Además tenía un aliciente particular: por cada partido ganado se obtenía un premio en pesos para el viaje de egresados, y si se obtenía el campeonato, los premios se duplicaban.

 Cada partido se jugaba como una final del mundo. En aquellos que se ganaban por mucha diferencia, Julio se hacía el cansado y pedía el cambio para darle la oportunidad al suplente. Y allí entraba Alejandro, impecable, a paso firme y cabeza alta como diciendo “aquí estoy yo”. Pero todo duraba hasta que le llegaba la primera pelota: se abatataba y sus piernas se enredaban entre sí. Nadie podía explicar lo que le ocurría: parecía que sus miembros se transformaban en barras de goma tan flexibles que impedían impactar la pelota correctamente.

 Sus compañeros asumían que, al jugar Alejandro, el equipo pasaba a tener seis jugadores, pero seguían siendo solidarios con aquel suplente infaltable que, pese a su incapacidad declarada, nunca bajaba los brazos.

 El último partido se jugaba contra el ENET, el rival más difícil. Ganando, simplemente ganando, el Carlos Pellegrini sería campeón. Cualquier otro resultado coronaría al otro equipo.

 La final fue pareja, pintaba para cero a cero. A pocos minutos del final, Carlos Segovia, uno de los delanteros del Pellegrini, debió ser reemplazado por una fuerte patada. El árbitro miró hacia el banco y dio la orden al suplente. Los ojos de Alejandro se iluminaron. Hizo un repiqueteo ansioso, sintió la ovación imaginaria y entró a la cancha con todas las ganas acumuladas en cinco años de secundario. Julio, desde lejos, le gritó:

 —Ponete bien de punta, pegadito al arquero.

 El partido se moría. El cero a cero hacía campeón al ENET, pero Julio no se rendía. Pidió la pelota al arquero y salió gambeteando desde su área. Era la jugada de su vida. Solo faltaba el arquero. Le amagó y lo eludió. Estaba solo frente al arco: empujar y festejar.

 De repente escuchó una voz potente:

 —¡Julito, Julito!

 Miró a su derecha. Alejandro estaba solo, pidiendo un pase. Un pase a la felicidad. Su primer gol. Todo se volvió cámara lenta. A un lado, el arco y el campeonato; al otro, su amigo de toda la vida y la posibilidad única de ser héroe por un día. Era elegir entre la amistad o la vanidad.

 El pase corto para Alejandro fue perfecto. Sin decirlo, llevaba impresa la frase: “Tomá y hacelo”.

 Alejandro se puso rojo como un volcán. Recordó cada consejo: pie de apoyo junto a la pelota, pierna derecha suave, pie perpendicular… pero le entró mordido. La pelota giró sobre su eje, avanzó como un trompo descontrolado, pegó en el palo y salió, acariciando la red… del lado de afuera.

 El profesor Catalano recorría los pupitres sigilosamente, en busca de una presa. La única oportunidad para engañarlo era cuando algún alumno se levantara a hacer una pregunta criteriosa.

 Alejandro ya había terminado su examen, pero no quería entregar la hoja: deseaba esperar a su amigo. En una distracción de Catalano, insistió, con un susurro áspero:

 —Julito, Julito… por favor, decime qué se siente.

 —Ale, cortala. No entiendo. ¿Qué se siente? ¿Qué cosa?

 —¿Qué se siente…al hacer un gol?.

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jueves, 24 de agosto de 2023

UN HECHO EXTAORDINARIO

 

Ese 20 de julio cuando estaba anocheciendo Don Enrique saco su sillón de mimbre y lo puso en la vereda, busco un lugar despejado de árboles y se sentó a contemplar la luna. Esa noche la luna se veía mas brillante que nunca y aunque el frio presagiaba una helada por llegar Don Enrique se había preparado para aguantar sin miedo a ser vencido por el clima, lo que esa noche sucedería merecía cualquier sacrificio, esa noche ocurriría algo extraordinario y el necesitaba ser testigo de ello

A los pocos minutos llego caminando Cacho Laudente y al ver sentado en la vereda a Don Enrique se acerco para saludarlo y saciar su curiosidad

-¿QUE HACE AQUÍ SENTADO CON EL FRIO QUE HACE, DON ENRIQUE?

Don enrique sin quitar su vista de la Luna, le respondió

-HOY VA A OCURRIR UN HECHO EXTRAORDINARIO Y NO ME LO QUIERO PERDER

Cacho intento seguir la dirección de la mirada de su amigo, y si bien la luna se veía mas brillante que lo de costumbre no observaba nada que le llamara la atención

La voz de Emilio García, era inconfundible, quizás por su tono aflautado, por lo tanto escucharlo era márcalo como presente.

-QUE HACEN USTEDES DOS AQUÍ AFUERA CON EL FRIO QUE HACE?

Cacho lo miro y con un guiño de ojo, le dijo:

-DON ENRIQUE DICE QUE VA A OCURRIR ALGO EXTRAORDINARIO Y NO HAY QUE PERDECELO

Con una seña le marco la Luna y con otra intento decirle que siguiera el juego sin hacer preguntas

En un corto tiempo llegaron JUAN PARISI, ELIO PERALTA y SERGIO TAPIA que volvían del Club, sin quererlo habían conformado una reunión improvisada alrededor del sillón de Don Enrique y sin darse cuenta todos miraban hacia la luna

El frio se hacía sentir aún más, había transcurrido casi una hora y a la reunión improvisada se habían agregado, Walter Dusetti, María Maldonado, Estela Arrua y un par de vecinos de Don Enrique que al ver tanta gente en la vereda se habían acercado para saber de qué se trata.

Cuando llego de la facultad, ALFREDO, el hijo de Don Enrique, asombrado de ver a su padre en la vereda y rodeado de tanta gente, no pudo mas que volver a hacer la pregunta que todos se habían hecho

-QUE HACEN AQUÍ CON EL FRIO QUE HACE?

Cacho fue quien respondió lo que el propio Don enrique venia diciendo a los que se acercaran, y sin quitar la vista de la luna le dijo:

-TU PAPA DICE QUE HOY VA A OCURRIR UN HECHO EXTRAORDINARIO

Alfredo sonrió y apoyo sus manos sobre los hombros de su padre, dirigió su vista al brillante satélite de la tierra y puso en valor todos sus conocimientos

-CLARO QUE VA OCURRIR UN HECHO EXTRAORDINADIO PORQUE HOY MIS QUERIDOS AMIGOS EL HOMBRE VA A LLEGAR A LA LUNA, SEGURAMENTE EN ESTE MOMENTO NEIL AMSTRONG Y BUZZ ALDRIN DEBEN ESTAR CAMINANDO POR SUELO LUNAR, PERO DUDO QUE DE AQUÍ LO PUEDAN VER

Don enrique repentinamente aparto su mirada de esa luna que ahora parecía más intrigante que nunca, se levantó abruptamente de su sillón, levanto sus brazos como queriendo abrazar a todos y con tono sereno dirigió un discurso que hasta parecía preparado

-          QUE DECIS ALFREDO, VOS NO TENES IDEA LO QUE ESTA PASANDO, HOY CON ESTE FRIO Y ESA LUNA BRILLANTE ESTAMOS TODOS JUNTOS Y ESTAR JUNTOS ES EL PRINCIPIO DE LA VIDA, HOY ESTIMADOS CELEBREMOS EL DIA DE SENTIRNOS UNIDOS DE DISFRUTAR DE CADA PRESENCIA, DE SABER QUE CADA UNO DE USTEDES ES IMPRESINDIBLE PARA EL OTRO, POR ESO EL HECHO EXTRAORDINARIO QUE ESTAN VIENDO ES LA MAS MARAVILLOSO DE LA HUMANIDAD Y NO SE TRATA QUE DOS TIPOS ESTEN CAMINANDO POR LA LUNA SE TRATA DE UN MONTON DE TIPOS QUE AHORA ESTAMOS AQUÍ, FESTEJEMOS ESTE HECHO EXTRAORDINARIO

¿Pero de qué hecho extraordinario hablas papá? , pregunto Alfredo

-DE LA AMISTAD, DE LA AMISTAD estimados lunaticos

martes, 7 de marzo de 2023

Cincuenta y cinco días por una lamparita

 

Cincuenta y cinco días por una lamparita

Las tardes de verano suelen ser ciertamente crueles cuando el termómetro ronda los 36 grados, no hay sombra ni briza que pueda tranquilizar la desesperación de enterarse que se cortó la luz

El último giro del ventilador de techo parece ser como el pitido profundo del aparato que indica que ha ocurrido un paro cardiaco

La noche ya asoma pero por suerte el flujo eléctrico vuelve a la red, ahora si el ventilador recomienza su giro salvador mientras un vientito se esparce fresco y aliviador.

-         Mario, Mario veni rápido ( la voz de Laura cuando está a punto de anunciar algo que no me va a gustar es muy fácil de identificar)

-         Mario, fíjate ya es de noche y no prende la luz de la calle

He aquí el comienzo de la odisea lamparita del alumbrado público

Día 1: Suponiendo que por el corte de luz algo ocasiono su no encendido automático, de todos modos hice un llamado telefónico al municipio para informar el desperfecto

Día 2: Las lámpara sigue sin encender, pero ahora ya son 3 las luminarias que no funcionan en toda la cuadra, insisto con el reclamo y muy cordialmente me informan que mi solicitud ha sido registrada y que a la brevedad se procederá a dar solución

Día 5: Ya son seis las luminarias que no funcionan, la zona se torna insegura, tercer reclamo

Día 8: Hoy voy a hablar con Juan Hernández, él trabaja en la municipalidad y seguro que con sus influencias se soluciona rápidamente. Don Hernández me pide el número de reclamo. Donde habré puesto el número de reclamo que por cierto lleva no sé cuántas insistencias a esta altura

Día 15: Parece ser que Don Hernández no tiene la suficiente fuerza para que la municipalidad cambie las lamparitas, la buena noticia es que siguen siendo 6 las luminarias que no funcionan y que durante estos últimos quince días solo se registraron 3 hechos delictivos, pero nada grave

Día 20: Esto no da para más, hoy a la madrugada le robaron el Citroen 3cv a Cacho Romero, aprovechando la oscuridad se lo llevaron a la rastra. Para nuestro barrio que se roben el 3cv de una institución como Cacho es como robarse la bandera nacional y prenderla fuego. Hoy voy a hablar con el intendente y hasta que no me atienda no pienso irme, necesito una respuesta, veinte días sin luz en la calle es una vergüenza

Hace 3 hs estoy esperando, la secretaria del intendente, muy amablemente, me informa que el Licenciado está terminando una importante reunión y enseguida me va atender, al mismo tiempo me interpela preguntándome cual era el motivo de mi visita.

Muy escuetamente le conté por lo que estábamos pasando en el barrio por el tema de la falta de lamparitas y que la desaparición del 3Cv de cacho Romero era la gota que rebalsó el vaso

A los pocos minutos se apersona ante mí el secretario de Obras Publica, Cayetano Burra. Debo admitir que al leer su tarjeta personal entendí en cierta manera porque habían pasado 20 días sin solución a mi reclamo

El Sr, Burra me dijo que lo enviaba el Intendente para que le dé urgente solución a mi solicitud, me pidió 48 hs para llevar a cabo los menesteres necesarios a los efectos de proceder al recambio de las lámparas

Día 30: Mi esposa suele ser algo sarcástica, además tiene la puntería de pegarme en el lugar que más me duele, mi orgullo.

-         Mario, ya pasaron 10 días y parece que el secretario Burra se hizo el burro y se está riendo de vos

Siempre fui un tipo tranquilo, pero esto me estaba sobrepasando, de casa al sector de la municipalidad donde está la secretaria de Obras Publicas no hay más de 10 minutos en auto.

Estaba decidido a cagarlo a trompadas al Secretario Burra y después al intendente y a todos los ineptos que durante un mes no fueron capaces de cambiar unas cuantas lamparitas de una simple calle de un barrio a pocas cuadras del centro de la ciudad

Al llegar a la secretaria me entero que Burra había renunciado o mejor dicho lo habían obligado a renunciar por algunas “desinteligencias” con el intendente

Ahora el nuevo secretario era Lucas Lampar, pensé que ahora era mi oportunidad, al menos este por su apellido podría ser una esperanza de renovación de las 6 lámparas que originaron el reclamo numero 65778

Este buen hombre muy gentilmente me pidió tiempo y se comprometió a realizar todo lo que este a su alcance para favorecer la felicidad de los vecinos y de esa manera preceder en muy poco tiempo a la reposición de las luminarias defectuosas, pero como el venía a realizar un cambio profundo me propuso que sea nuestro barrio el primero en recibir las nueva luminarias de led de última generación y de gran factor de iluminación

Día 40: Por fin llego el día, siento un ruido de motor rugiente, al asomarme por la ventana veo un gran hidroelevador que extendía su brazo con una especie de cubículo en donde un operario se acercaba a la columna de alumbrado público para proceder al cambio de la vieja lámpara de sodio por un aparato de última tecnología led.

A un costado del hidro veo al secretario Lampar dando indicaciones

Me acerco para saludarlo, me estrecha la mano y en voz muy alta como para que escuchen los demás vecinos me dijo

-         Vio Mario, yo le di mi palabra que íbamos a cambiar las luminarias, aquí estamos, quizás nos llevó un poco más de tiempo, pero usted sabe cómo es “la burocracia”. Así y todo por expreso pedido del Intendente Ignacio Locurro estamos procediendo a iniciar esta gran obra en este querido barrio

Día 50: Debo admitir que cambiaron las luminarias, pero nunca encendieron, por lo que puede averiguar la foto cedulas habrían vendo falladas, me dijeron que a la brevedad lo iban a solucionar ya que dicha obra estaba en estado de conservación y garantía

 

Día 55: Las luces siguen sin encender, hoy volví a llamar a la municipalidad y me dijeron que inicie un nuevo reclamo. Pedí hablar con el Secretario Lampar, pero me dijeron que había renunciado, aparentemente con algunas “desavenencias” con el Intendente.

Ah por cierto, mi nuevo número de reclamo es el 78256, lo bueno es que las noches sin lámparas me permiten ver con más claridad las estrellas, aunque de vez en cuando se escucha a lo lejos alguna que otra puteada de chacho Romero cuando recuerda a su viejo y querido Citroen 3cv

 

 

 

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