jueves, 21 de octubre de 2021

AMOR DE BICICLETA

 



 

 

SERGIO

El día que me regalaron la bicicleta de carrera me pareció tocar el cielo con las manos, no solo por tener una bicicleta nueva, con sistema de cambios y colores muy llamativos, sino también por haber cumplido 12 años, significaba un pasaporte a la adolescencia y una despedida inexorable de la niñez

Ese mismo día, en que mis padres me habían entregado el regalo que tanto esperaba, descubrí a la mujer más hermosa que jamás había visto, nunca supe su nombre, pero si sabía que se había mudado desde otro barrio y que su nueva casa estaba sobre la calle Solis, a solo 2 cuadras de la mía

Aquella tarde en que salí a probar la bicicleta la vi sentada en una parecita sin terminar que estaba a la entrada de su casa, en el frente había un pequeño parque con muchas flores y dos lindos naranjos que mostraban sus frutos de buen color pero además irradiaban el arroma de sus azares dando un completo compendio de sensaciones.

 La mire y ella me miro, pero como un tonto no pude saludarla, volví a pasar una y otra vez, la excusa era seguir probando la bici, nos mirábamos y no nos saludábamos, fueron 10 o 15 pasadas y las palabras no me salían, no podía pronunciar ni una sola silaba

Esa tarde fue la primera de las decenas de tardes en las que pasaba reiteradas veces por el frente de la casa de aquella chica que me había vuelto loco de amor. Su rostro era perfecto, un flequillo prolijo le daba el marco adecuado a una sonrisa que podía seducir cualquier corazón de adolescente reciente, tenía una forma muy especial de poner su cabello detrás de la oreja hasta ese detalle me gustaba,, llevaba puesto un vestido impecable que marcaba claramente algunas curvaturas de su delgado cuerpo e insinuaban algunas otras. Nuestras miradas se cruzaban como queriendo establecer una comunicación que se hacía indispensable

 Cada vez que volvía de la escuela me desviaba unas cuadras para pasar por el frente de su casa, mientras los metros transcurrían a un destino soñado imaginaba que palabras serian las adecuadas para poder entablar una conversación, ¿cuál sería la manera?, ¿cómo debería hacer para vencer  mi timidez? y así poder decir simplemente “hola” o cualquier otra palabra que me conduzca a conquistar el corazón de esa bella mujer que capturaba cada minuto de mi nueva vida adolescente

Cierta día después de haber realizado la decima vuelta en bici pasando por el frente de su casa me di cuenta que algo no estaba bien, las persianas de las ventanas estaban bajas y la puertita de entrada que accedía al parque del frente estaba cerrada con un grueso candado

Durante una semana seguí pasando insistentemente por ese circuito ciclístico que había diseñado con la única razón de pasar por la casa de quien ya había usurpado cada sueño de noches prolongadas con mil propuestas de amor que ahora nunca llegarían. Tiempo después supe que esa familia que vivía en Solis 515 se había mudado definitivamente a la capital federal.

SANDRA

A fines de noviembre de 1980 papá vendió la casa que teníamos en el barrio  San Bernardo de la localidad de General Rodríguez, el dinero de la venta venia bárbaro para terminar el departamento que estaba haciendo en Caballito y de esa manera poder mudarnos a Capital Federal. Para papá eso era muy necesario ya que estaba cansado de viajar todos los días durante mas de 4hs para ir a trabajar al banco Español, recuerdo que tomada el tren de las 6:30 hs y luego 2 colectivos y si no había problemas con el transito volvía a casa a eso de las 20hs. Por su dedicación y capacidad había logrado un importante ascenso que nos vino muy bien para poder avanzar en la obra del nuevo departamento, allí estaríamos más cómodos, quedaba a pocas cuadras del Banco y muy cerquita del colegio a donde yo debería ir a estudiar para comenzar la escuela secundaria.

La venta de la casa facilito las cosas y acelero el tiempo para nuestra llegada a la nueva residencia

Durante el tiempo que demandara la culminación de la obra en el departamento de caballito nos quedaríamos en la casa de mi abuela paterna, yo había cumplido 13 años y recuerdo especialmente el día en que llegamos a esa casa provisoria, mamá me había comprado un hermoso vestido, color cremita, me quedaba perfecto, ese mismo día lo estrene y ese mismo día conocí al chico más hermoso que jamás había visto.

En realidad conocer es una forma de decir ya que simplemente lo vi pasar una y otra vez en una bicicleta muy nueva, nuestros ojos se cruzaron de una manera mágica, su mirada me había derretido el corazón, tenía unos ojos verdes que podían decir mil cosas sin decir nada

Quise saludarlo y no me anime, sentía que él también lo quería hacer porque cada vez que pasaba giraba su cabeza como queriendo pronunciar alguna palabra

Esos días fueron inolvidables, después de hacer la tarea me sentaba en la parecita de la entrada a esperar que pasara ese chico de ojos verdes que había invadido mis sueños de felicidad

Un día pensé que debía cruzarme en su camino y preguntarle cómo se llamaba o simplemente decirle si sabía dónde había alguna heladería por aquí cerca o si iba al club o cualquier cosa que pudiera generar un tema de conversación para simplemente vencer mi timidez y quizás también la de él, nunca me anime.

Mientras seguía alimentando mis fantasías de romances iniciales y de amores infinitos, él se había transformado en mi príncipe soñado que vendría en un caballo blanco (o en una bicicleta, para mi daba lo mismo) a ofrecerme su corazón. Confié que el tiempo seria quien establecería las cosas y que más tarde o más temprano nos íbamos a encontrar y ese amor de bicicleta sería una realidad sin final

Pero el tiempo se hizo corto y en pocos días ya nos mudamos para caballito y allí deje a mi príncipe sin siquiera poder decirle que me gustaba con locura

SERGIO

Cuando uno va creciendo te das cuenta de cuantas cosas harías distinto, de cómo aquello que te parecían problemas gravísimos eran simples pavadas que ni siquiera se pueden medir en comparación a los problemas que vas teniendo en tu vida adulta.

Quizás por eso aquella añoranza de la niñez o la adolescencia donde las preocupaciones eran minimas y la inocencia una constante

Cuando cumplis 40 años por tu vida han pasado muchas cosas, en mi caso un matrimonio que no funciono, algunos amigos nuevos y otros que ya no  están, un hijo a quien amo con toda mi alma, un trabajo que me permite darme algunos gustos y la sensación que hay una felicidad pendiente por explorar.

Hace 20 años que vivo en una casa amplia en la zona de Vicente López, muy cerca de la general Paz, la consultora en la que trabajo queda en Belgrano así que estoy relativamente cerca, admito que me mata la rutina y odio lo monótono. Estoy pensando en irme a vivir a Mendoza o a Bariloche pero no creo que me anime a hacerlo hasta que mi hijo comience la universidad

Lo que si estoy seguro es que muy difícilmente vuelva a tener una relación estable con una mujer, quizás mi mala experiencia con mi ex o mi negación a abrir el corazón para el amor me hayan transformado en un divorciado duro de atrapar, o quizás también me niegue a admitir que ya no me imagino volviendo a hacer una familia. La verdad nunca estoy seguro de nada pero al mismo tiempo me cubre una coraza espesa que endurecen mis sentimientos

Un día recibí un mensaje en mi celular, era mi padre que me pedía si podía pasar por su casa para llevarme algunas cosas que eran mías, ya que quería hacer una limpieza en el viejo galponcito que usábamos como guarda tuti.

 Los tesoros de ese galponcito solían ser muchos, la propia historia de mi vida se podía recopilar entre un montón de objetos que fueron parte de mi construcción personal, aquel día me reencontré con un pedazo de mi historia. Lo que más sacudió mis sentimientos fue ver colgada de un gancho sujeto de la viga reticulada que soportaba el techo de chapas a aquella bicicleta de carreras compañera de tantas aventuras y amores truncos

Fue como retroceder en el tiempo y me transporte a aquellas tardes en que gastaba las gomas de esa bici con un mismo recorrido que me llevaba a un único destino, ver a la mujer más linda que había despertado en mí la primer pasión de pubertad.

Jamás me perdone no haberme animado a saludarla, siempre la recuerdo con su a vestido clarito, que loca sensación ella había cautivado mi corazón cuando apenas tenía 12 años, como pude ser tan tonto.

Saque la bici del gancho y me di cuenta que estaba impecable, lo observo a papá como queriendo buscar una respuesta, tenía las gomas infladas, parecía recién pintada y sobre todo bien aceitada.

Allí estaba yo, dispuesto a montarme a mi vehículo predilecto, al que me había despedido de la niñez y me regalo tantas aventuras adolescentes, necesitaba probar cómo funcionaba, si respondería a mis fuerzas, si podía ser capaz de meter un par de cambios para obtener su mejor velocidad. Allí estaba yo, en la misma calle que tantas veces me sintió transitar, por un momento cerré mis ojos y me deje llevar, la bici pareció tomar vida propia o al menos así me parecía, cuando abrí nuevamente los ojos note que estaba yendo directamente a la casa en donde tantas veces vi a aquella chica que me volvió loco de amor

SANDRA

Cumplir 41 años no es poca cosa, el tiempo invita a hacer un repaso de como construí mi vida, con realizaciones y frustraciones, con alegrías y con tristezas, en fin nada distinto de lo que hayan pasado miles de mujeres en este país, estar divorciada y con dos hijas no es muy sencillo, ser mama ocupa mucho tiempo del día, hasta dejas de vivir tus días para vivir el de ellas, pero no me arrepiento, amo a mis hijas y siento que todo lo que hago lo hago pensando en ellas, en el fondo sé que es un error, los hijos son amores eternos que viven con nosotros solo un tiempo y la soledad es algo que me aterra. Me siento joven pero sé que lo que parece lejano llega muy rápido, desde que me separe jamás volví a salir con ningún hombre y realmente no me preocupa.

La muerte de mi abuela me causo un gran dolor, era la mama de papá y tenía un don muy especial, entendía todo lo que me pasaba y siempre disponía de un consejo sabio que me gustaba escuchar, es cierto que no la veía con asiduidad pero simplemente al escuchar su dulce voz en el teléfono satisfacía mi alma.

Dos días después de su fallecimiento acompañe a papá en una visita fugaz a la vieja casa de la abuela, esa misma casa temporal en la que vivimos unos meses antes de mudarnos a la capital. Los naranjos de la entrada estaban colmados de frutos y repletos de azares con esa fragancia tan especial que mágicamente me transporta a mi adolescencia, al mirar hacia la calle me pareció ver pasar a un chico en bicicleta, por un instante me vi con aquel vestido cremita sentada en la parecita de ladrillos esperando pasar a ese príncipe bello que había cautivado mi corazón.

Que recuerdo loco, pasaron más de 28 años y aún me sigo acordando de esos ojos verdes que me miraban como si fueran dos faros de ternura que encendían mis sentimientos, cosas de la ridícula adolescencia, nunca lo pude conocer y ni si quiera supe su nombre.

Volví a mirar hacia la calle y juro que me pareció ver esa misma bicicleta que transportaba al príncipe de mis sueños, mi curiosidad hizo que me acercara al portoncito de la entrada, asome suavemente mi cabeza tratando de enfocar mi mirada.

Había olvidado esa extraña sensación de sentir un corazón latir a mil revoluciones sin hacer ningún esfuerzo físico, no podía ser tan tonta, pensé, ya soy una mujer grande, madre de 2 hijas no puedo comportarme como una niña, pero no lo podía controlar

El sol comenzaba a hacerse rojo en el horizonte, era un atardecer de primavera donde es difícil mirar hacia el oeste, note que alguien se dirigía hacia mí, su sombra flaca y alargada llegaba a mis pies, sentí una rara sensación, intriga, desconcierto, alegría y miedo también.

Siento patinar las cubiertas sobre el asfalto, como cuando alguien clava los frenos de la bicicleta, la rueda trasera se desliza para un costado y percibo un gran canasto en el porta equipaje. Alguien se dirige a mí con una extraña vos, siento cierto temor, éramos solo él y yo.

-          Disculpe señora ¿quiere comprar churros?

-          Mi papa desde adentro de la casa me grita: Sandrita compra una docena que aquí los hacen riquísimos

SERGIO

Aquí estoy en mi vieja bici como si fuese un pibe, andando por la calle Solis el sol me encandila con sus rayos de la tardecita con su perfecta declinación en el oeste.

 No lo puedo creer, es ella, está allí sentada en la misma parecita, con esa belleza suprema que mi corazón es capaz de detectar sin importar el tiempo y la distancia, alcanzo a ver su rostro con una sonrisa que plantea sorpresa o no sé qué diablos sugiere, solo que estoy seguro que es ella, por un momento cierro los ojos como queriendo suponer que simplemente estaba dentro de un sueño pero al abrirlos volvía a ver su rostro pero ahora más bello

Casi llego, los frenos no están muy bien pero logro detenerme unos metros más adelante, vuelvo mi mirada atrás, pongo un mano en mi frente a modo de visera para evitar que el sol me encandile, juro que me pareció que era ella, estaré enloqueciendo, intento recomponerme, hace bastante que no ando en bici y estoy algo agitado, nuevamente trato de hacer foco en esa silueta que veo sentada a pocas metros, pero es una niña, quizás de la misma edad de aquella mujer de mis sueños.

Definitivamente mi cerebro esta desquiciado, es hora de volver

SANDRA

Los domingos me deprimen, pero creo que no soy la única a la que le pasa lo mismo, los domingos a la tarde sobre todo te hacen enfrentar con el lunes que se viene para ofrecerte un baño de realidad, es recomenzar la semana, es volver a la rutina y a enfocarte en que quedan cinco días para llegar al viernes.

Pero hoy va a ser un domingo distinto las chicas se quedan con el padre así que me voy a dedicar a mí, no sé bien lo que voy a hacer, solo quiero caminar, aprovecho para llevar mi cámara de fotos y me dejare llevar por lo que el destino quiera que pase, solo me conformo con un momento para pensar en nada, es como flotar y que el viento te dirija a donde se le ocurra llevarte.

La feria de plaza Francia siempre tiene alguna curiosidad que permite una buena foto, me gusta mucho buscar los personajes, los rostros me sugieren historias anónimas.

 Mi Canon tiene un lente que permite hacer un zoom de cualquier persona a muchos metros y lo bueno es que ellas no se dan cuenta, son como modelos inocentes que en una centésima de segundo generan un retrato que luego tendrán mil explicaciones dependiendo de la luz, el contraste, el tiempo y la expresión

La tarde esta templada, el sol declina levemente pero sigue calentando en esta primavera que limita con el verano, hay mucha gente caminando por recoleta, los bares están repletos, la gente toma sol sobre algunos manchones verdes casi en frente de la biela.

Estoy sola entre miles de personas, pero tranquila, respiro profundo buscando una inspiración artística que me permita enfocar mi cámara con alguna toma memorable, me ubico de espaldas al sol y giro el lente en el sentido de las agujas del reloj, hago foto en una pareja de personas mayores que miran para el mismo lado mientras se toman de la mano. Gatillo varias veces y vuelvo a buscar otro objetivo, unos metros más lejos un hombre con flores en la manos, buena toma, vuelvo a gatillar. Trato de ajustar mi lente haciendo un zoom más cercano, recorro cada rostro que se atraviesa en mi línea de enfoque, observa una cara de un hombre que hojea un libro, está a unos cincuenta metros mío, se lo ve muy concentrado, puedo apreciar con que delicadeza da vuelta las hojas, estoy tratando de ajustar la velocidad y la apertura del diafragma, va a ser una gran foto. Pero el señor cierra el libro y mira para la cámara, sus ojos me encandilan, sus ojos penetran por la lente y me paralizan, son de un color verde intenso, no puedo dejar de mirarlos, intento gatillar pero la cámara no responde, vuelvo a intentarlo pero sin éxito. 

Es raro que pase esto con una Canon, pensé que era la memoria micro Sd que se había llenado, aunque el indicador de la pantalla no anuncia memoria completa, igual busque en el bolso un repuesto, al fin la encuentre y la cambie rápidamente, cuando vuelvo a enfocar ya no había nadie en el banco.

-          Perdón señorita, me llamo la atención su cámara, ¿es una réflex no?

El señor que intente retratar, me estaba hablando, me moría de vergüenza, como explicarle que era una simple fotógrafa aficionada que por hobby suele tomar fotos de rostros con los cuales luego construye historias sin titulo

Me puse muy nerviosa, sentí que había molestado la intimidad de ese señor, me costó responderle porque supuse que me había visto en el preciso momento en que intentaba fotografiarlo.

-          SI es una réflex, algo vieja, pero me permite sacar lindas fotos

Me daba vergüenza mirarlo a los ojos, trataba de concentrarme en los detalles de mi cámara inclinando mi mirada hacia ella

Comenzamos a hablar de mil cosas, era realmente agradable, tendría mi edad, varias veces me quede tildada cuando nuestros ojos se cruzaban, no sé qué diablos tenia pero me cautivaban.

Me olvide por completo de la fotografía, del tiempo y de que era domingo,

Alguna estrella comenzaba aparecer y la tarde se hizo noche, me sentía realmente feliz

Caminamos unos metros, quedamos en volvernos a ver, se detuvo frente a una bicicleta le quito el candado y me miro como aquel chico de mi adolescencia

-          Fue un gusto haberte conocido, mi nombre es SERGIO

 

SERGIO

Este domingo voy a ir a ver a Mario, hace muchos meses que me viene invitando a comer y por una cosa u otra lo vengo postergando. De paso pedaleo un poco, de Vicente López a su Departamento en Recoleta hay unos kilómetros y el día se presta para andar en bici

Con Mario nos conocemos de chicos, es un empresario prestigioso y hace buena pasta, después aprovecho y me voy a caminar por la zona de bares frente al cementerio, los domingos se pone lindo

A eso de las tres de la tarde, después de haber comido unos ricos ravioles, nos despedimos, Mario se iba a la cancha a ver a River, así que tome por Junín caminando junto a mi bice a paso lento, estaba súper relajado, la tarde era muy bonita, no sentía mi soledad aunque los domingos suelen ser duros.

Deje la bici en un bicicletero y le puse el candado con combinación. Caminar me hace bien, entre a una librería y me di un gusto, me compre el último libro de Sacheri

Hoy es mi día de suerte, encuentro un banco sin ocupar a unos metros del gomero gigante que esta frente a la biela, un lugar soñado para ver pasar a todos los personajes que vienen a la feria de plaza Francia y para comenzar a devorar la literatura de Sacheri.

Me siento libre, no me preocupa el lunes, el sol tibio me carga de energías, mientras leo miro de reojo a un señor que vende flores y más lejos a un payaso haciendo burbujas enormes. Voy por la pagina 16, vuelvo a levantar mi cabeza y veo a lo lejos una mujer sacando fotos con una cámara con un gran lente, llegue a la página 20, vuelvo a mirar para un lado y para el otro, es una pausa de la lectura y repaso de las miles de cosas que pasan a mi alrededor.

Mis ojos se detienen en la cámara de la mujer, me parece que apunta en mi dirección. La fotografía es algo que tengo pendiente, quizás porque soy muy observador y me detengo en los detalles.

Decido caminar hacia donde está la fotógrafa, cierro el libro marcando con un señalador en la página  21.

Cuando llego a su lado veo que busca insistentemente algo en su bolso, me atrevo a hacerle una pregunta.

-          Perdón señorita, ¿su cámara es una réflex?

Note que estaba algo nerviosa, al levantar la vista para darme una respuesta, quede hipnotizado, su rostro era perfecto, esbozó una sonrisa de cortesía que definitivamente me llego al corazón

-          Si es una réflex, algo viejita pero saca lindas fotos

Yo intentaba no mostrar mi ansiedad, en unos segundos quede atrapado por una sensación que no sentía desde hacía mucho tiempo.

Hablamos toda la tarde, nos contamos nuestras vidas, aunque no todos los detalles, nos alcanzó la noche y mi pecho se volvía adolescente. Quedamos en volvernos a ver, me sentía increíblemente feliz

Caminamos un buen rato, me acompaño hasta donde tenía la bici, nos despedimos con un beso en la mejilla, sentí que su piel era muy suave

Me miro con una ternura difícil de olvidar y me dijo:

-          Me llamo SANDRA, mientras suavemente con la mano derecha ponía su cabello detrás de su oreja