lunes, 18 de abril de 2011

El ATENTADO

Corría el año 1978. Ya hacía más de 2 años del golpe militar y casi nos habíamos acostumbrado a salir con documentos y a cruzarnos con camiones del Ejército que siempre estaban a la búsqueda del enemigo subversivo. Ya habían pasado los festejos del Mundial de Fútbol y nos sentíamos más Argentinos, derechos y humanos...
Pero había algo en nuestra sangre de jóvenes que reclamaba rebeldía. Muchos de nosotros ya habíamos cumplido 17 años y nos animábamos a cuestionar el porqué de las cosas. Era como una necesidad de hacer saber nuestras ideas y sentirnos escuchados, algo que por aquellas épocas, podría ser considerado como pensamientos de izquierda.
En nuestra ciudad teníamos un Intendente que era Oficial del Ejército, con el grado de Mayor, y había invertido los dineros del municipio en instalar dos coquetas fuentes de aguas danzantes en la Plaza principal, obra realmente inexplicable, cuando a sólo 4 cuadras de la misma, había calles de tierra prácticamente sin alumbrado público.
Pero la inauguración de las fuentes iba a ser todo un acontecimiento. Además de todas las fuerzas vivas de la ciudad, estarían presentes el Obispo, el Teniente General García, Gobernador de la Pcia y muchos altos funcionarios de la Nación.
Habría un desfile y luego una gran kermesse en la plaza, junto a las relucientes fuentes.

En 1977 se constituía el Comando Tararira, así nos hicimos llamar los 5 jóvenes amigos que cursábamos en ese entonces el 4to año del Colegio San José y que teníamos como pasatiempo la pesca deportiva en los arroyos cercanos a nuestra ciudad.
En una de estas tantas jornadas de pesca en donde se gestaban charlas coloquiales que sostenían la libertad y la democracia como palabras destacadas, se debatió la problemática de las fuentes que serían el símbolo del gobierno de facto, ese gobierno que hasta nos había prohibido el simple derecho a escuchar la música que queríamos o que nos transformaba en sospechosos por solo tener el pelo largo.
La idea fue del Pancho ITURRE: debíamos sabotear de alguna manera el monumento a la Opresión que se estaba por inaugurar.
 Nuestros ideales deben prevalecer pero sin violencia- sostuvo el Flaco Lagomarcino
 Lo que hagamos debe ser interpretado como un disparador para que el pueblo reaccione y haga escuchar sus demandas- refutó el Mojarra Gandulfo
Poco a poco se fue gestando lo que para el Comando Tararira sería su primer y ultimo ATENTADO contra la impunidad de la dictadura militar.
El plan no debería dejar ningún detalle librado al azar, nos sería de gran ayuda el padre del Chueco Díaz, quien trabaja en el Municipio, en el área de Ceremonial.
Toda información que tuviéramos sobre el enemigo, nos serviría para ajustar al máximo el operativo.
Faltaban sólo 40 días para el día D, y nuestro plan iba tomando forma, no sin antes habernos juramentado la estricta confidencialidad de nuestra operación.
El Mojarra hizo la logística y por ser el hijo del único Ingeniero Químico de la ciudad, se encargó de conseguir los detonadores perfectos, eran los que necesitábamos para que el plan tuviera un alto impacto.

El Intendente había remitido una invitación, “de obligatoria asistencia”, a todos los establecimientos educacionales de la ciudad, los cuales deberían presentarse con su correspondiente estandarte y prestos a formar parte del desfile cívico militar que se llevaría a cabo por el gran acontecimiento.
El acto comenzaría el viernes 25 de octubre, a las 8 de la mañana.
Las fuentes contaban con un sistema de encendido automático, toda una innovación para la época, que se activaba a determinada hora y que en este caso habían sido programadas para encenderse exactamente a las 10:00 hs., momento en que el Gobernador cortaría la cinta, dando por inaugurada la obra.
Sabíamos que los militares eran muy estrictos con los horarios y que por lo tanto, nuestro plan así debía serlo.

Faltaban solo 24hs, el comando había seguido al pie de la letra el estudiado plan, ya teníamos los elementos necesarios para dar el golpe en el lugar más doloroso.
Solo dispondríamos de 10 minutos entre las 1:30 y 1:40 de la madrugada, para dar comienzo a nuestra primer parte del plan. Ese era el único momento del día en que no se disponía custodia en la plaza, y ese hueco era nuestra exclusiva oportunidad para proceder, no habría otra alternativa.
Pancho y Yo, nos ofrecimos para colocar los detonadores. De acuerdo al estudio que habíamos realizado, debíamos colocarlos justo en la parte superior, sobre los regadores, que impulsaban el torrente de agua hacia arriba. Si fallábamos, nuestro plan fracasaría porque el efecto que causaría, sería mucho menor.
Como la Iglesia estaba en la misma plaza, no nos costó demasiado improvisar un disfraz de cura para que ante cualquier imprevisto, nuestra presencia en el lugar pueda tener un justificativo
Los 10 minutos los utilizamos perfectamente, los detonadores fueron colocados en los puntos exactos y nos sobró tiempo para escapar sin que nadie se diera cuenta de nuestra presencia , y aun para dejar un pequeño recuerdo.

Ese 25 de Octubre amaneció despejado y con una leve brisa. El Intendente hacia gala de su mejor ropa militar y se lo veía con cierto nerviosismo, ya que sería la primera vez que vendría el Gobernador a la ciudad, que él administraba desde hacia 2 años y necesitaba causar un impacto favorable. Sabía que caerle en gracia al Gobernador implicaría un seguro ascenso en su incipiente carrera militar
Su impaciencia se transmitía a toda su comitiva en el palco de honor, el Gobernador no era de hacerse esperar pero, ya habían pasado más de 10 minutos del tiempo estipulado para el comienzo de la ceremonia.

Un ensordecedor ruido rompió el silencio de la mañana, mientras un gigantesco helicóptero verde sobrevolaba la plaza e instantáneamente, la banda militar comenzó a interpretar la Marcha de San Lorenzo.
Por fin, el Gobernador había llegado, para alegría del Intendente y para tranquilidad nuestra, dado que el reloj seguía devorando minutos y todo estaba programado para las 10 en punto.

En nuestro plan habíamos contemplado una posible demora en los tiempos de la ceremonia y para ello contábamos con el Conejo Benítez, quien debía encargarse de que el desfile escolar fuese más rápido o más lento, de acuerdo a las circunstancias. Él obedecía directamente al Pancho Iturre, quien llevaría un pañuelo al cuello color verde en el caso que se deba apurar, o color rojo si se debía hacer más lento.

El trabajo en equipo fue brillante, todo salió a la perfección. Eran las 9:55 y ya habían terminado de pasar los que cerraban el desfile, que para este caso no podían ser otros que los soldados del Regimiento de Infantería Número 7 de Mercedes.

Solo necesitábamos la ayuda de Dios, enviando un poquito de viento, para que nuestra obra maestra hiciera aún mas daño colateral.

La guardia de honor, junto al Gobernador, el Intendente y el Obispo, se instaló a un lado de una de las fuentes, mientras una enorme cinta celeste y blanca se bamboleaba de un lado hacia otro, indicando que ahora sí, había algo de viento. El Gobernador, con una tijera en sus manos, estaba presto a dar por inauguradas las fuentes, no sin antes percatarse que aún faltaban 15 segundos, para que el automático pusiera en funcionamiento el torrente de agua, e invitó al Intendente a compartir el honor de la puesta en funcionamiento.

El reloj de la Iglesia marcó justo las 10, e instantáneamente los motores de las fuentes comenzaron a generar la presión suficiente para impulsar el torrente acuoso y dar el efecto deseado a semejante obra artística. Unas luces azules se dejaron ver desde el fondo del recinto circular que contenía al líquido elemento y comenzó a elevarse un chorro increíble, de más de 3 metros de altura, mientras la Banda Militar ensayaba un Himno de victoria y el Intendente se abrazaba efusivamente con el Gobernador.

El plan preveía que debíamos juntarnos los 5 frente al palco de honor, a unos 20 metros aproximadamente, Allí estábamos, impacientes y expectantes. El Mojarra miraba fijamente su cronómetro y comenzó en voz alta una cuenta regresiva…10… 9… 8…Muchachos, prepárense…!!!
Cuando la cuenta llegó a cero, el chorro de agua comenzó a mostrar algunas burbujas blancas que poco tenían que ver con el agua insípida, incolora e inodora, símbolo de “la pureza, la esperanza y el orden” a la que había hecho alusión el discurso del Intendente.
En unos pocos segundos las burbujas se transformaron en una pared de espuma blanca que tapó por completo a la comitiva oficial, transformando la plaza en una especie de lavarropas gigante, que no dejaría de expulsar espuma por el término de una hora.
El Gobernador no aceptó las disculpas del caso, efectuadas por la autoridad máxima del Municipio y con una pompa de jabón en su sombrero, se retiró raudamente de la plaza central.
El Intendente, por su parte, con el rostro desencajado y una espuma prominente que no lo liberaba, intentaba infructuosamente limpiar la sotana púrpura del Obispo, quien trataba de interpretar lo ocurrido como un “pomposo” mensaje celestial
Mientras esto ocurría, una multitud, transformaba un acto solemne, en un día de Carnaval que jamás olvidarían.

A 20 metros exactamente, 5 jóvenes uníamos nuestras manos, imitando a los viejos mosqueteros. El plan se había llevado a cabo a la perfección.

Al día siguiente la ciudad volvía a la normalidad, aunque nada seria igual para nuestro ilustre Intendente. Había sufrido un acto terrorista en carne propia y necesitaba saber qué grupo subversivo estaba detrás de semejante ATENTADO.
A pocos metros, un empleado municipal realizaba las tareas de limpieza de las frustradas obras de arte. Cuando casi finalizaba algo llamó su atención: en un rincón del pie inferior de una de las fuentes, se dejaba leer una pequeña esquela que decía:
Libertad y Democracia, Comando Tararira.