LA AMISTAD
Durante nuestra
vida transitamos caminos que suelen tener ciertas situaciones que sin duda
forman parte de la construcción de nuestra propia historia personal. Para
algunos esos caminos no ha sido nada fáciles, pero seguramente, las
dificultades atravesadas fueron menores cuando al caminar tienes a tu lado a
tus amigos
Y así comienza algo
que nos ha quedado guardado a fuego en nuestros corazones, desde la misma
infancia, desde el mismo momento en que podemos relacionarnos con alguien para
el simple hecho de jugar y divertimos. Entonces revisas en tu historia y ves
una secuencia de imágenes que están grabados en la memoria de la felicidad.
Aquellos picados
en potreros de pastos duros y arcos de trocos de palmera, tardes de bolitas y
gomeras, aventuras de capturas de mandarina de lugares prohibidos pero
permitidos. Cazadores de mariposas multicolores con arpones fabricadas con
ramas de paraíso
Alegrías compartidas
de fogatas invernales o de bicicleteadas a lugares por conocer y esa necesidad
profunda por ir un poco más lejos
Lluvias sin
paraguas y calles inundadas, el barro divertido de un partido memorable donde
terminar limpio estaba prohibido
Aquellos aromas
que formaron nuestra infancia y que compartimos en el profundo sentido del
olfato, que nos han identificado en el tiempo, como olvidar el olor de los
tilos o el jazmín cuando comienza el verano, o el de una pelota número cinco
recién engrasada, o los azares en primavera, o el de las pizzas calentitas que
vendían en el recreo de las diez, o el de la tierra mojada cuando comienza a
llover
Y fuimos creciendo,
casi sin darnos cuenta, mientras jugábamos a las figuritas, recuerdo que
buscábamos la difícil, esa que nos llevaba a llenar el álbum para ganar el
premio máximo, la preciada pelota de futbol
En tiempos donde
no existía el Google y el ingenio nos invitaba a pensar, pasábamos las tardes
diseñando autitos de carrera, inventando sistemas de desplazamiento que
utilizaban principios de la física, aplicando diversos tipos de cucharitas,
masillas y ruedas que podían transformar a un simple autito de plástico en un
extraordinario bólido capaz de alcanzar velocidades indescifrables
La importancia
del barrio y sus calles recién asfaltadas, tardecitas de otoño con esquinas de
charlas memorables y aquella luz de mercurio que al encenderse alertaba que era
hora de volver a casa
Como olvidar el
abrazo comunitario, cuando el gol destraba el partido para ganarle al clásico
rival, que por cierto generalmente solían ser los chicos del otro grado o en
algunos casos los del equipo del otro barrio
Y cuando el
verano decía presente y el calor conspiraba contra cualquier actividad al aire
libre, surgía la imperiosa necesidad de ir a la pileta del club, oasis perfecto
para el disfrute estival, partidos interminables de metegol, que funcionaba con
fichas no legales fabricadas con las tapitas de coca cola raspadas contra las
baldosas ásperas que bordeaban el buffet
Nunca faltaba el
galán que esgrimía su atlética fisonomía desde las alturas del trampolín,
tomándose un tiempo de concentración lo suficientemente largo como para que las
chicas que estaban en los bordes de la pileta prestaran atención en él
Y el verano transcurría
hasta llegar el carnaval y los corsos, surgía entonces la confrontación bélica acuífera
que transformaba por una semana a cada uno de los rincones del pueblo en un
campo de batalla sin compasiones, aunque seguramente alguna que otra pasión de
verano se hacía presente cuando llegaban los bailes y te encontrabas con
aquella chica que tanto mirabas en la escuela.
No se cómo paso,
pero de un día para otro crecimos, la inocencia y la despreocupación se despidió
de nosotros y adquirimos algo muy extraño de entender: La responsabilidad, las
obligaciones, el necesario orden de la vida que alguien alguna vez escribió y del
que tarde o temprano pasamos a ser parte y así apareció una nueva palabra,
ahora somos Adultos
Pero lo
extraordinario de todo esto es que lo que vivimos quedo siempre latiendo en
nuestros corazones, por eso es que cada tanto volvemos a ser niños, y saben cómo
ocurre esto, ocurre cuando nos volvemos a reencontrar con los AMIGOS y aunque
en algunos casos pueden pasar años sin vernos, al momento del reencuentro
vuelven a nuestra memoria aquellos días que nos formaron y que compartimos en
la maravillosa aventura de crecer
Y surge ese
abrazo del alma que lo dice todo sin pronunciar una palabra, esa mirada a los
ojos que muestra un afecto que se sigue guardado en el corazón a pesar del
tiempo, dejando de lado las vanidades y las injusticias, las tristezas
temporales y los egoísmos traicioneros haciendo prevalecer esa misteriosa y
hermosa aventura compartida “LA AMISTAD”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario