martes, 1 de octubre de 2024

CAMINAR HACE BIEN

 

Dicen que caminar hace muy bien a la salud, algunos médicos sostienen que para lograr un buen estado físico hay que hacerlo al menos 40 minutos por día.

Muchas personas han manifestado que caminar periódicamente suele tornarse ciertamente aburrido, aunque munidos de un par de auriculares para escuchar buena música se hace mucho más agradable.

Caminar a un ritmo determinado, respirando profundamente, tratando de integrarte a un entorno que si bien lo transitas no lo percibís, lo miras sin mirar, parecería que lo que cada día recorres es un escenario montado con el simple motivo, el de darle un marco a una actividad muy personal, y porque no, solitaria.

Caminar 40 minutos, todos los días, repitiendo un circuito que no tiene alteraciones, en donde podes llegar a reconocer cada baldosa, cada obstáculo o cada dificultad que el trayecto presente.

Pero un día, un día cualquiera, se te ocurre mirar a tu alrededor y descubrís que mientras caminas a tu lado hay personas y así, en un instante, lo que parecía aburrido y monótono ahora se torna entretenido e interesante

Adelante mío veo una pareja de jóvenes, supongo que deben tener entre 20 y 25 años, van agarrados de la mano, ella le dice algo al oído y él se ríe, unos segundos después ella le da un beso en la mejilla, él la mira con cara de sorprendido y la abraza fuertemente.

Miro a la derecha y veo sentado en un banco a un señor mayor, muy canoso y con un rostro que denota los años transcurridos, tiene apoyada sus dos manos sobre un bastón, su mirada perdida o dirigida a un punto difícil de apreciar, supongo que es un jubilado, quizás sea viudo, imagino que ha sido un empleado de alguna empresa estatal, no hay nada que me permita asociarlo a ello, pero es una simple impresión. Por su expresión siento que está muy solo y sin ganas de intentar nada nuevo, hasta parece entregado a lo que el tiempo determine, seguramente no tiene hijos. Desearía saber lo que piensa, pero su expresión no permite interpretar ningún pensamiento.

Sigo caminando, creo que ya van 15 minutos, llego a una esquina en frente hay una plaza, allí veo a cuatro chicos jugando a la pelota, ¿Por qué será que siempre el más gordito va al arco? A unos metros de ellos unas madres con sus hijos chiquitos en el sector de juegos, entre ellas hay un dialogo constante, imagino que deben hablar de lo que hacen sus pequeños, o de lo difícil de la situación del país, o quizás, porque no, de porque los hombres colaboran tan poco en la crianza de los niños. A una de ellas se la ve muy arreglada, supongo que está separada y a la otra con una ropa de fajina como recién salida de hacer los quehaceres domésticos, no dejan de hablar sin quitar la vista de sus hijos, no creo que a ninguna de ellas le interese lo que le pasa a la otra, la charla es un remedio que descarga una catarsis de sentimientos que alguien necesita expresar pero que al otro no le interesa escuchar.

Avanzo unos 20 metros y veo a 3 operarios de la compañía eléctrica pasando unos cables por un ducto subterráneo, son jóvenes y de buen aspecto físico, mientras hacen su tarea discuten sobre los resultados de los partidos del fin de semana, el más alto debe ser hincha de boca porque tiene un gorra con los colores azul y amarillo, pero además recibe todas las cargadas de sus compañeros ante la derrota en último partido.

Dando vuelta en la esquina alcanzo a ver la Iglesia de la sagrada familia, hay un gran número de autos, estacionados en su frente, voy en esa dirección y allí casi al llegar lo veo al cura consolar a una familia, tristeza, dolor y angustia era lo que se dejaba percibir, el coche fúnebre en marcha, cubierto de flores y la vida misma mostrando que en tan solo unos metros se puede convertir en muerte

Continuo mi marcha ya van casi 30 minutos y veo salir del Jardín de infantes a no menos de 100 niños, los padres tratan de ponerse adelante para que sus hijos los puedan ver, detengo mi mirada en una pequeña niña que muestra en sus mejillas unas largas gotas de lágrimas vertidas por no encontrar a su madre, la señorita le sostiene una de sus manos hasta que las lágrimas se hacen sonrisas al ver llegar a la demorada mama.

Sigo avanzando, Intento elongar el gemelo izquierdo, siento que un calambre está por llegar, apoyo la punta del pie sobre la pared de un edificio de departamentos que está a mitad de cuadra, inicio la maniobra de estiramiento, al levantar la cabeza veo a un grupo de adolescentes totalmente compenetrados en sus pantallas de celulares, el accionar de los dedos pulgares supone un constante cambio de reels de infinitas propuestas de Influencers que ofrecen desde clases de Gym hasta trucos de magia.

Hago una pausa, intento respirar profundamente nuevamente, mientras deseo entender lo misterioso que es este camino donde todo transcurre al mismo tiempo, el amor, la desesperanza, la despreocupación, la muerte, la alegría, la insatisfacción, todo sucediente en esos pocos minutos que pasaron desde que comencé a caminar

Retorno a mi ritmo de caminata, solo me quedan 5 minutos, ¿Qué más queda por ver?

Por fin entiendo que soy una pequeña partícula en un infinito mundo de sucesos que ocurren y seguirán ocurriendo alrededor mío y al mismo tiempo, yo mientras tanto camino y camino, pero ahora puedo ver.

Al propósito ya cumplí los 40 minutos, a elongar un poco más, así no duelen los músculos, no parece tanto, pero en solo 40 minutos puede pasar la vida misma, es cuestión de prestarle atención para poder verla y darse cuenta que caminar hace bien a la salud

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