Narración en homenaje a Miguel Rouco, arquero legendario de Fútbol Amistad, cuya actuación de cada sábado merecía un par de versos.
Aclaro que nuestro amigo, habitualmente luce un Buzo Negro y Amarillo en donde se ponen de manifiesto todas sus dotes corporales
La tarde se moría y el partido casi terminaba, era un empate infranqueable
El sol entregaba sus últimos rayos pegaditos al horizonte, era la ultima jugada del partido, el arquero desesperado impartía ordenes a sus compañeros para que tomen las marcas, cuidadosamente se aseguraba que cada uno de los que defendían se pegaran a cada atacante, había que defender sea como sea.
Al levantar la vista observa que a lo lejos un tenue rayo anaranjado alcanzada a manchar una masa taxiforme(1) que se acercaba a paso sostenido con un único propósito, instalarse en el área donde se jugaría la ultima pelota del partido.
Ya era demasiado tarde para destinar una marca a tan inoportuna visita, la pelota partió desde la esquina sin un rumbo fijo, pero el destino la llevo como un imán al pie derecho del Taxiforme, quien con un movimiento suave impulso el balón y este muy perezosamente se instalo en el rincón inferior derecho del arco.
El sol agonizaba definitivamente mientras una montaña de muchachos se apilaban sobre el arquero contrario quien acababa de convertir un gol memorable para destrabar un empate que según el otro arquero era clavado
(1) Taxiforme dicese de un personaje de masa corporal importante, con algunos excesos de grasa, y vestido con colores que identifican a un taxi
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